¿Qué ocurrió con los cultivos organopónicos y los gallineros verticales ?

MARÍA ANGÉLICA PULIDO V.

1Las ideas o maneras de brindar un discurso a sus seguidores son tan particulares que, hace poco menos de un mes volvieron a salir a la luz pública los temas relacionados con los cultivos organopónicos y los gallineros verticales, gracias a una de las tan cacareadas anécdotas del Presidente.

En esta oportunidad se trató de un supuesto “gallo” que se le perdió de uno de los patios del Palacio de Miraflores, donde aparentemente, según él, “tengo cría de algunos animalitos y hasta unas maticas de maíz sembradas, las cuales han dado sus buenos frutos y, con los que hasta unas buenas cachapas hemos hecho…” Esto lo aseveró el mandatario nacional en una de sus maratónicas alocuciones, a lo mejor con la velada intención de hacernos creer que es una especie de Santos Luzardo redivivo que viene a recuperar las tierras de Altamira, sin pensar que está en el Palacio de Miraflores, sede del gobierno nacional.

Lo cierto es que investigando un poco en las hemerotecas periodísticas, hurgando otro tanto entre algunas declaraciones ofrecidas por quienes están a favor y en contra de este plan, al que como todos los que han anunciado se le denomina socialista, nos topamos con datos interesantes para ir armando este trabajo, como por ejemplo, la inversión mil millonaria -aparentemente 26 millones de dólares, según datos aportados en el 2005 por el propio MINCI- realizada entre Cuba y Venezuela para brindar apoyo técnico e información sobre el particular tema con el cual se perseguía -para aquel momento- el autoabastecimiento alimentario, especialmente de la población menos favorecida o lo que es igual en la actualidad, a la tan ansiada soberanía alimentaria nacional. De aquello solo quedó el recuerdo. Si nuestros lectores no lo creen así, entonces los invitamos a recordar, vivir y sentir este episodio de ineficiencia pública.

Recordando el pasado y viviendo el presente…

Para aquellos que aún esperan comerse una rica ensalada con verduras o vegetales cosechados en el jardín de su residencia o tal vez en el balcón de su apartamento, o mejor aún, en los jardines de Miraflores o en el Balcón del Pueblo; o vender lo producido de sus cosechas a sus vecinos, les contamos que en la actualidad, de aquel boom comunicacional anunciado en pleno éxtasis revolucionario que tuvo sus inicios en el 2003 y que se colocó en práctica en el 2005, con la identificación de los cultivos organopónicos y gallineros verticales, solo queda el recuerdo pues el plan prácticamente fracasó al nacer.

Así lo señalan Luis Alberto López Rafaschieri y José Alberto López Rafaschieri, ambos licenciados en Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad Central de Venezuela, quienes también han tenido la oportunidad de trabajar en empresas importantes como Shell y algunos ministerios. Ellos argumentan que este programa sólo sirvió para despilfarrar millones de bolívares fuertes pues “nunca prosperaron”. Y de los millones invertidos nunca se supo donde fueron a parar, a no ser que hoy engrosen cuentas bancarias en el extranjero.

A juicio de ambos profesionales, los cultivos representaron otra de las ideas que el gobierno cubano inventó para estafar a los venezolanos “y ahora sólo queda la evidencia de un fracaso más del Presidente Chávez”. Y pensar que ahora los premiaron nuevamente entregándoles el Puerto de Puerto Cabello.

Citaron el caso específico de uno de los centros pilotos situado en Bellas Artes – Caracas, Organopónicos Bolívar I, el cual ahora no es más que un terreno baldío que sirve de guarida para vagos y malhechores. Tomando en cuenta este y otros ejemplos, hicieron un llamado al Instituto Nacional de Tierras, para que en lugar de ocuparse de “atormentar a los productores agrícolas venezolanos”, se proponga buscarle utilidad a los terrenos abandonados que controla el gobierno. En esas inmensas tierras, bien podrían producir los alimentos que necesita el país y asegurar la tan cacareada soberanía alimentaría, y valga repetir el término cacareada pese a que las gallinas sólo cacarean la obra realizada lo que en este caso no ocurre.

Datos importantes

Pedro Piñate, consultor agrario, menciona en uno de sus trabajos que además tiene estrecha relación con el tema que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Venezuela dispone de 35 millones de hectáreas de tierras de uso agrícola, de las cuales 7,3 millones hectáreas se usan en agricultura vegetal, y unos 18,4 millones para uso pecuario y el resto, 9,3 millones son aptas para producción mixta vegetal-pecuaria.

Sin embargo haciendo remembranza, el experto señala que desde la llegada de Hugo Chávez a la presidencia, se ha promovido y financiado desde el gobierno, la denominada agricultura urbana y periurbana con los programas de huertos organopónicos.

Así es como -recuerda Piñate- que en 2003, sólo en la Región Central se prometió sembrar 1.000 hectáreas con huertos organopónicos, hidropónicos, huertos intensivos y minihuertos familiares. “Debe haber huertos en cada barrio, en cada ciudad. Donde haya una hectárea” ordenó el ciudadano Presidente, mientras inauguraba a finales de marzo 2003, en el Parque Central de Caracas, con la colaboración cubana y de la FAO, el primer huerto organopónico modelo para Venezuela”, refiere el consultor.

“Ciertamente, un año antes, el 31 de mayo de 2002, el gobierno había suscrito con la FAO el Programa UTF /VEN/008/VEN, cuya ejecución quedó bajo responsabilidad del Ministerio de Agricultura y Tierras (MAT), y apoyo técnico de la organización internacional.” El costo total alcanzó a US$ 34,14 millones, aportando Venezuela US$ 32,44 millones, exactamente el 95%, mientras la FAO y Cuba aportaban el remanente, resaltó.

Cuatro años más tarde, señala en el escrito público que además está colocado en la página web del Centro de Estudios Ganaderos, situado en Aragua; que ya para el 2007, de los fulanos huertos organopónicos no queda mucho… y así lo certifica el desaparecido huerto modelo del Parque Central. “Aquel donde según el Presidente la gente iba a poder comprar un kilo de tomates, más barato que los que se producen en las márgenes del río Guárico”. Comenta Piñate que el costosísimo programa, alcanzó apenas a 16 cultivos organopónicos, 7 huertos intensivos, 2.710 m2 de micro huertos hidropónicos familiares. Algo más de la cuarta parte de una sola hectárea.

Falta de ayuda económica y organización

Para el año 2006 algunas entrevistas hechas por colegas del diario El Universal a quienes llevaban las riendas de este tipo de programas de producción “socialista”, se notaba la apatía y falta de la colaboración prometida en el inicio por parte del Estado. Esta es un sello personal de este gobierno, llevar a la ruina la producción del agro.

Tal es el caso de la Urbanización Agropecuaria Guaicaipuro, donde sus trabajadores con profunda desilusión dicen sentirse decepcionados y fracasados por lo poco productivo de los resultados obtenidos en torno a los complejos agrícolas, hidropónicos y organopónicos, los cuales no fueron los esperados. El fervor y el empuje de la etapa inicial del proyecto se diluyeron en el tiempo, en el abandono, en la desidia.

Otro caso fue también el proyecto social de carácter agrario, concebido para generar empleo en el urbanismo construido para los damnificados de Vargas durante el año 2000, el cual no fue más que un monumento al olvido. Miles de millones dilapidados y nadie entrega cuentas. Ni la Contraloría investiga.

Entre tanto, en el mencionado reportaje, los vecinos de la Urbanización Guaicaipuro coinciden en afirmar que los proyectos de los cultivos hidropónicos y organopónicos, fracasaron por falta de recursos económicos e inadecuada organización gubernamental.

Sobre su caso puntual dijeron que cada una de estas ideas fue concebida para generar empleo a más de 150 personas en el urbanismo, pero la realidad fue que apenas pudieron ocupar a 14 personas. A esto se debe que como en Cuba, a los funcionarios gubernamentales venezolanos les produce más beneficios las importaciones, a través de empresarios amigos, afectos al proceso, que la producción en el campo.

Sin duda que todos estos son ejemplos del estancamiento en que, con el pasar del tiempo, la falta de atención, incentivo, apoyo económico, seguimiento, entre otros, se ha generado la poca o casi nula eficiencia de algunos programas sociales.

Soberanía alimenticia vs importaciones

Tomando en cuenta todos los datos que anteceden, bien valdría la pena preguntarse si efectivamente podremos lograr en Venezuela la tan nombrada y publicitada soberanía alimentaria, cuando se sabe que planes como el de los minihuertos familiares y gallineros verticales fracasaron, por lo cual el propio Estado debió plantearse alternativas más cónsonas con la realidad -aunque plagadas de errores y de corrupción- como es el caso de Mercal y PDVAL; en los que dicho sea de paso, solo se consiguen algunos productos de la cesta básica, todos importados, pues los cientos de inconvenientes con la tramitación de dólares para las importaciones de productos y los atrasos para traer la materia prima para producir algunos alimentos se vea paralizada y por ende los insumos desaparecidos de los anaqueles.

Cabe mencionar entre estos “inconvenientes” el abandono en los muelles de Puerto Cabello de más de diez mil contenedores con alimentos pasados o descompuestos que nunca fueron recogidos por las empresas oficiales consignatarias.

Efectivamente desde el año pasado a esta parte se ha notado un interés en fomentar la agricultura nacional, entregando créditos, dotando de equipos a cierto grupo de campesinos y agricultores. Pero basados en una realidad como la de los cultivos organopónicos, quién garantiza que ese apoyo continuará en el tiempo y más aún… cómo pueden comulgar este tipo de acciones con otras como el caso de las expropiaciones a tierras productivas desde hace décadas, para convertirlas en tierras enmontadas y abandonadas.

Sólo el tiempo lo dirá y mientras el momento llega y el peso de los recuerdos hace su trabajo, solo rogamos porque el dinero invertido no sea despilfarrado y pasado al olvido, así como tampoco desilusionados quienes viendo una oportunidad de crecimiento e inversión -llámese socialista o capitalista- un buen día amanezca y no cuenten con el apoyo prometido, como ya es una costumbre gubernamental.

Entre tanto sólo nos queda imaginar el sabor de un buen plato de rica ensalada con vegetales sembrados en su patio, o bien degustar al mejor estilo criollo un buen guiso en el cual el ingrediente principal fuese una gallina alimentada y criada por usted en el gallinero vertical que tiene ubicado en el techo de su residencia. De lo contrario quedará tomar alguna de esas que suelen escaparse de las casas vecinas para así comprobar la diferencia de sabor de una beneficiada traída de Brasil y una buena gallina criolla… ¿Sería eso lo que le ocurrió al “gallo” que al Presidente se le perdió del patio del Palacio de Gobierno que a lo mejor terminó en una olla con arroz, vegetales y hierbas aromáticas?

De lo que sí estamos seguros es que, en eso nosotros estamos en lo cierto, el arroz, vegetales y las hierbas no son parte de de la cosecha de los huertos organopónicos.

 
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