La Lección de la Tarjeta Negra

LUIS CISNEROS CRÓQUER

Col-LuisCisnerosCroquer CMYKCuando el habilidoso y talentoso Alirio Ugarte Pelayo creyó abierta la oportunidad de derrotar a sus enemigos de siempre, los adecos, a muchos de los cuales, encarcelados en Guasina y Sacupana no podía olvidar, porque como gobernador de Monagas compró las carretillas para que cargaran piedras de un lado a otro, al son de la panda de la Guardia Nacional, y en virtud de la pelea interna de AD entre romulistas y arsistas, propuso en el seno del organismo electoral nacional que al “partido del pueblo” le despojaran de su tradicional tarjeta blanca y se le asignara la tarjeta de color negro, y a los arsistas de Ramos Giménez, se les aprobará una tarjeta con el caballito y las siglas de AD – Oposición.

A la dirigencia de Acción Democrática no le quedó otro camino que aceptar la decisión del órgano electoral con una crucial desventaja, dado que el voto por colores y por tarjetas era lo que estaba mentalmente inscrito en los electores, y en el caso de Acción Democrática, con una gran militancia campesina, la situación se presentaba de suma gravedad. Alirio había dado, sin duda, un gran golpe y creía que era de gracia, sólo que no contaba con la reciedumbre de los viejos adecos y de una juventud que se mantuvo firme al lado de la vieja guardia y especialmente de Rómulo Betancourt. El candidato de Acción Democrática, con el apoyo del entonces poderoso buró sindical del partido, fue el Dr. Raúl Leoni, quien durante el corto gobierno de Gallegos hasta noviembre de 1948 desempeñó el Ministerio del Trabajo.

La tromba entró en la dirección de AD, pero como un partido de disciplina, de sacrificios y abnegación, cada  quien se dispuso a cumplir su papel.  No era posible levantar pancartas negras  en ningún pueblo, pero sí era posible  afianzar el voto por la tarjeta  negra en la esperanza de recuperar la  blanca, porque esa era la condición  del órgano electoral para las dos facciones.  No quedó otro camino y sin  perder ni un instante de abajo hacia  arriba comenzó aquella ardua campaña.  Uno, sin la tarjeta original, y dos  con un candidato de sobradas condiciones  morales y democráticas, pero  sin carisma y hasta con dificultades  para el habla.

Viene el comentario histórico ahora  cuando se están planteando alternativas  para combatir con un adversario  electoral mucho más astuto que  Ugarte Pelayo y que además tiene en  sus manos el control de los Poderes  Públicos y la llave de la caja fuerte y  no cree en escrúpulos para utilizar  las ventajas del poder. Juegan con  sus Morochas ante la dispersión electoral  de la oposición, lo que les ha  dado ventajas y victorias altisonantes.  Estamos ante la elección de una  nueva Asamblea Nacional y hace falta  que se bajen, estratégicamente, las  santamarías de los partidos y se escondan  las ambiciones presidenciales,  porque sencillamente sin un cambio  de relación en la Asamblea Nacional  no hay ninguna posibilidad de triunfo  en el 2012. Así como aquella AD no  pudo utilizar y… ganó, su tarjeta original,  es ahora el momento de que escondamos  las tarjetas de todos los  partidos de la oposición y juguemos,  con morochas, con una sola tarjeta  que no tiene porque ser de color negro,  pero sí debe representar un esfuerzo  unitario sin precedente.

No creemos en otra salida que no  sea la democrática. Pero esa salida  clama por sacrificios, por renuncias  y por sinceridad. Que nadie crea que  puede ganar la presidencia de la República  si antes no domina la Asamblea  Nacional y que nadie crea tampoco  que puede ganar la Asamblea  con partidos, candidaturas e intenciones  anti unitarias. Si ellos ganan la  Asamblea Nacional pueden tener la  seguridad de que Dios lo permite, se  cumplirán los planes de quien quiere  mantenerse por siempre en el poder.  Serán nuestros nietos y los hijos  de ellos quienes pagarán las consecuencias  de esta desmedida ambición  de unos pocos venezolanos que  de demócratas e inteligentes no tienen  nada.

Ruego porque puedan mirar el rostro  de la pobreza, de la injusticia, el  rostro de las familias cuyos padres o  hermanos siguen entre rejas; porque  reflexionen ante el resultado de  otras experiencias como las que se  nos quieren recetar y se nos están  aplicando y renuncien a la ambición  que les ahoga. Fue la férrea unidad de  su liderazgo la que pudo alzarse con  la victoria blandiendo ante las urnas  la tarjeta negra.

 
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