¿Qué ganamos con esos presos?

Caminando con Carlos Lozano
Col-CarlosLozano CMYKEl ambiente de desorden público, de manifestaciones callejeras de parte y parte sigue creciendo; las interrupciones de tránsito en las vías principales en las cuales chocan los derechos de expresarse de unos con los de libre tránsito de otros; los ataques feroces de la Guardia Nacional y de las policías estadales, el despliegue de gas y perdigones; los torpes ataques de pequeños grupos civiles que en nombre del Presidente agreden a periodistas y ciudadanos, más allá de posiciones políticas va pareciendo que es demasiado desorden, exceso de incertidumbre y de molestias a todos.

El desorden público distrae a la administración de gobierno nacional, estadal y municipal, agota a los cuerpos de seguridad y los aparta de la labor impostergable de proteger a los ciudadanos, fastidiando a los mismos, tanto opositores y afectos al gobierno como a los que se proclaman independientes; altera sus planes y labores diarias.

Opi-richardblancoPero aún más allá, ahora el chavismo -porque más que el gobierno es la Asamblea Nacional, la Fiscalía General y organismos de administración de justicia- desarrolla una política de leyes y normas que llevan a la criminalización, y en consecuencia, persecución, prisión y penalización de quienes participen en manifestaciones públicas en determinadas condiciones.

En este momento, según la prensa, habría orden de captura contra el dirigente opositor Oscar Pérez, y están arrestados el Prefecto de Caracas y once funcionarios de la Alcaldía Metropolitana capitalina. Y, por supuesto, ya líderes opositores anuncian que están en lista para ir a prisión e incluso retan al gobierno a arrestarlos.

La pregunta importante es, ¿vale la pena? ¿Va a mejorar la imagen del gobierno llevar a dirigentes opositores a la cárcel? ¿Realmente cree el chavismo dirigente que las protestas de calle cesarán rápidamente por la vía del temor?

MDOscarPerez Nos angustia comprobar que, al menos hasta ahora, no ha sido así. La presencia opositora en la calle se redujo cuando se produjeron obras concretas del gobierno que hicieron pensar a la población en una mejoría de sus condiciones de vida, especialmente los sectores tradicionalmente menos favorecidos. ¿El mejor ejemplo? Las misiones.
Cuando las misiones marchan bien, la popularidad del Presidente y del gobierno marcha bien. Eso es lógico, no es una cuestión simplemente política, es una reacción comprensible de la gente porque siente que el gobierno está trabajando en lo que les interesa, su mejoría de vida en salud, en ayudas y en oportunidades de estudiar, que es una forma de aspirar a una vida mejor, que todos comprenden y comparten.

Más que preocuparse por la actividad de dirigentes de manifestaciones, la estructura gubernamental -nacional, estadal y municipal- debería ocuparse aún con más ahínco, pero también con más eficiencia, de compromisos de obras de todo tipo que son vitales para la mayoría de la población. No puede ser, por ejemplo, que a diez años de administración chavista, no se hayan alcanzado cuotas de construcción y entrega de viviendas populares que siquiera arañen el enorme déficit habitacional, para sólo citar otro ejemplo común.

Es absurdo que el gobierno que se presenta a sí mismo como esencialmente dedicado a solucionar los problemas del pueblo, mantenga una actitud enredada y poco eficaz con la compleja realidad estructural sindical del país. Los problemas de un sector que agrupa a millones de hombres y mujeres -y sus familias- no se va a resolver con propuestas políticas sin un programa coherente de pago de muy retardados pasivos laborales y con la discusión seria de un montón de contratos colectivos que, como el petrolero y el eléctrico, se han retrasado peligrosamente.

Poner preso a Oscar Pérez o al Prefecto de Caracas, es irrelevante para las grandes mayorías. La revitalización de las misiones, arreglar al agitado y amenazante ambiente sindical, rescatar la fe y el interés privado en la inversión agropecuaria y manufacturera para aliviar el peso afincado en los recursos públicos, son acciones que se hacen, cada día más, imperativas.

Llevar a la cárcel al gobernador Pérez Vivas no mejorará un ápice la popularidad ni la fuerza del chavismo en el Táchira, como atacar a Rosales no mejoró al chavismo zuliano. Resolver problemas de carreteras en mal estado, y el comercio y la economía en crisis por el conflicto con Colombia y con el mismo chavismo, sí serán factores de enorme importancia para el fortalecimiento de la propuesta de Hugo Chávez.

Y para todos los venezolanos que caminan con espíritu noble.

 
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