Colombia es un “Objectivo Estratégico” para Chávez

POr-OchoaAntichLas relaciones colombo-venezolanas no van a mejorar. La activación de las bases militares en Colombia no es una amenaza real para Venezuela. Ni Bogotá ni Caracas tienen marcha atrás en sus posiciones. “Los militares no aman la violencia”, sostiene el militar y diplomático.

MANUEL FELIPE SIERRA

No se separa de la computadora. A las diez de la mañana decena de mails reposan sobre el escritorio. La mayoría reflejan una preocupación común: hasta dónde podría llegar la escalada de tensiones en las relaciones entre Venezuela y Colombia. Consulta libros  y escudriña documentos. El asunto desborda el ámbito militar y exige respuestas políticas y diplomáticas nada convencionales. El general Fernando Ochoa Antich no esconde su preocupación,  pese a la seriedad y el equilibrio que le son reconocidas como virtudes. Pocos venezolanos mejor indicados que él para profundizar sobre el tema. Fue el ministro de la Defensa que enfrentó la asonada del 4 de febrero de 1992 encabezada por el teniente coronel Hugo Chávez Frías y luego asumió la cancillería en los meses finales del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez y durante el mandato provisional de Ramón J. Velásquez. Ahora en la sobriedad tachirense de su biblioteca, organiza papeles, y se dispone a conversar para los lectores de “ABC de la semana”.

“La sangre no llegó al río” en la reunión de UNASUR en Bariloche, por la mediación diplomática de Brasil, y en alguna medida de Chile y Uruguay. ¿Hasta dónde la declaración final ayuda a bajar las tensiones entre Venezuela y Colombia?

– Normalmente, la sangre no llega al río en las reuniones internacionales. Existen demasiados equilibrios diplomáticos y políticos para que esto suceda. Las relaciones entre Colombia y Venezuela no van mejorar por el acuerdo logrado durante la reunión de UNASUR en Bariloche. Son dos regímenes políticos con ideologías diferentes y objetivos geopolíticos distintos: Colombia, un gobierno conservador y democrático; Venezuela, un régimen revolucionario y marxista. Esta realidad impide la normalización de las relaciones entre los dos países. Además, lo dificulta la política expansionista de Hugo Chávez. Nadie duda, en este momento, en el interés que tiene su gobierno de lograr que triunfe en las próximas elecciones colombianas un candidato cercano ideológicamente a su proyecto político. Muchas de sus declaraciones buscan impactar a los sectores populares colombianos para lograr que en el futuro su voz tenga receptividad suficiente para que pueda influir en los resultados electorales. A ese candidato tampoco le faltarán recursos financieros y respaldo político.

Según la opinión de algunos analistas la reunión de Bariloche habría tenido un resultado “tablas” para Uribe y Chávez. El presidente colombiano no fue condenado como esperaba Chávez pero se vio obligado a dar explicaciones; mientras que Chávez, si bien no logró la condena contó con un escenario para acentuar su discurso antiestadounidense ¿Comparte usted este juicio?

– No, sinceramente creo que Hugo Chávez demostró una preocupante incapacidad diplomática No sólo fue lamentable su intervención, en la cual utilizó una información pública como si fuera secreta, sino la falta de agilidad mental que demostró para responder al presidente Alan García. Hugo Chávez había mantenido permanentemente que la utilización de las bases colombianas por los Estados Unidos tenía por objetivo controlar el petróleo venezolano. El presidente del Perú, con una sonrisa burlona, le dijo “que las bases norteamericanas en Colombia no podían tener por objetivo el petróleo venezolano porque Hugo Chávez se lo vendía, en su totalidad, a los Estados Unidos sin ningún problema”. Esa hiriente e irónica intervención, sin que hubiese respuesta, dejaba totalmente sin argumento la posición venezolana. La explicación que dio el presidente Uribe no debe verse como una claudicación de la soberanía de Colombia.

El presidente Lula expresó malestar por el uso de UNASUR como un escenario para la denuncia política, relegando los asuntos de fondo como el armamentismo, el tráfico de drogas y la injerencia extranjera. ¿Esta reunión estableció un mal precedente para la vigencia del organismo?

– No, la situación política no era sencilla. El tema de la presencia de tropas extranjeras en la América del Sur era muy polémico. Existían posiciones públicas ya tomadas, que hacían muy difícil conducir la reunión. Pienso, al contrario, que el liderazgo del presidente Lula se fortaleció y UNASUR demostró que es una organización que va a tener destino. Creo, que en el tiempo, reemplazará al Grupo de Río y, en cierta forma se convertirá en un contrapeso de la OEA. Eso si, Venezuela y los países andinos deben pensar en lo que significa la hegemonía brasilera en la América del Sur y buscar los necesarios equilibrios geopolíticos a través del fortalecimiento del Grupo Andino y de las relaciones con México y los Estados Unidos.

Chávez cumple una gira por países aliados en su estrategia antiestadounidense (más allá de Bush y Obama) como Rusia, Bielorrusia, Siria, Libia e Irán. ¿Ello no revela que más que en los países del hemisferio el centro de la diplomacia chavista radica en la alianza con estas naciones, algunas de ellas consideradas como “forajidas”?

– No, el proyecto chavista es global. Considera tanto a la América Latina como al resto del mundo. Su objetivo, es comprometer la estabilidad del imperio norteamericano. Al decirlo, parece que uno estuviera delirando, pero no es así. Hugo Chávez es instrumento de esa izquierda sedicente, que comprometió su destino con el fracaso soviético y la transformación económica china. Es un proyecto que ha logrado éxitos indiscutibles. Fidel Castro, no logró exportar su revolución a ningún otro país latinoamericano. Hugo Chávez pudo influir en el triunfo de Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega y Mauricio Funes.

UN RETO PARA OBAMA

Las repercusiones provocadas por las bases militares en Colombia y las diferencias de los proyectos políticos en el  continente, con énfasis en el modelo chavista, no obligarán al gobierno de Obama a una mayor atención hacia Latinoamérica

– Sin lugar a dudas que sí. Los Estados Unidos deben entender que la América Latina puede transformarse en una verdadera amenaza a su seguridad o en un gran aliado para construir un mundo más justo y equitativo. Nuestras relaciones han sido tormentosas. Esas dificultades han creado en nuestros pueblos un rechazo hacia los Estados Unidos sumamente delicado, pero debemos también reconocer que ha habido momentos en nuestra historia en que las relaciones han sido fluidas y convenientes. Los gobiernos demócratas de Franklin Delano Roosevelt y John F. Kennedy son excelentes ejemplos. Los dos grandes problemas que pueden comprometer el destino de los Estados Unidos son el narcotráfico y el terrorismo. La América Latina, si no logra impulsar sus niveles de desarrollo y educación, puede ser el principal semillero para lograr que las mafias y los grupos terroristas puedan obtener colaboradores para sus acciones ilegales.

¿Desde una perspectiva militar hasta dónde la activación de estas bases implica una amenaza real para los vecinos de Colombia y en particular para Venezuela?

– La tesis mantenida por Hugo Chávez, que lo ha conducido a afirmar que la presencia de las Fuerzas Armadas norteamericanas en Colombia significa una amenaza para la seguridad de Venezuela, es totalmente irreal. Los Estados Unidos no necesitan de las bases colombianas para realizar un ataque devastador sobre nuestro país. La base existente en Aruba y la posibilidad de movilizar al Caribe la IV Flota le daría una superioridad aérea indiscutible. Yo tengo una perspectiva distinta. La presencia de las Fuerzas Armadas norteamericanas en Colombia ha roto el natural equilibrio militar entre Colombia y Venezuela. Ese equilibrio se mantenía fundamentalmente por la neutralidad de los Estados Unidos. Así se demostró durante la crisis de la corbeta Caldas.

¿La escalada de las tensiones entre Venezuela Colombia podría desembocar en un escenario bélico? Pareciera que tanto a Chávez como a Uribe les interesa, por razones políticas internas, atizar la confrontación, lo cual supone un círculo vicioso que podría tener un desenlace traumático. ¿Comparte usted este juicio?

– Sin lugar a dudas, las tensiones políticas y diplomáticas entre dos países fronterizos son siempre muy peligrosas. Así nos lo enseña la historia. En los tiempos de Cipriano Castro, esas tensiones condujeron a la invasión del doctor Carlos Rangel Garbiras al estado Táchira al frente de unidades del ejército colombiano y a la respuesta venezolana, cuyo ejército atacó a Colombia, el año siguiente, por la Goajira. Por suerte, ninguna de las dos invasiones tuvo éxito. La crisis militar de la corbeta Caldas es otro buen ejemplo. La posición aventurera del presidente Virgilio Barcos y de su canciller Julio Londoño casi nos lleva a la guerra. Eso puede repetirse. Uno de los peligros que siempre surgen son los intereses políticos internos que buscan agravar las tensiones internacionales para consolidar el respaldo popular.

Los conflictos entre naciones suelen tener explicaciones históricas, económicas, étnicas, religiosas o violaciones a la soberanía nacional. ¿Es posible una confrontación como en este caso, cuando se trata de una decisión personal de un gobernante? ¿Por qué objetivos combatirían los venezolanos en una hipotética guerra con Colombia?

– Uno de los grandes fracasos de la política exterior de Hugo Chávez ha sido su tesis antiimperialista en contra de los Estados Unidos. Nadie en Venezuela la toma en serio. La razón es muy sencilla. Los venezolanos no somos enemigos de los Estados Unidos. No tenemos razones para serlo. Nuestra evolución histórica es totalmente diferente a la de Centro América y a la de algunos países del Caribe. Los norteamericanos sólo han intervenido en Venezuela para ayudarnos a resolver nuestros problemas. Las relaciones entre Colombia y Venezuela han sido muy diferentes. Siempre ha existido en el pueblo venezolano, con razón, el convencimiento de que hemos perdido en las negociaciones territoriales. Los asesores de Hugo Chávez han considerado que si se vincula en su lucha antiimperialista a Colombia la pasión de los venezolanos por ese problema puede aumentar. Creo que están equivocados.

La dirigencia política ha mantenido una posición de casi indiferencia ante un clima prebélico que tiene efectos en el orden económico para la población y que afecta la tranquilidad ciudadana, como si fuera un asunto de interés exclusivo del régimen. ¿No le parece que se requiere de una movilización más vigorosa de la sociedad democrática?

– No, eso es lo que busca Hugo Chávez: imponer las condiciones al juego político. El problema internacional atrae normalmente sólo la atención de las elites sociales y políticas. Difícilmente interesa a las mayorías populares. Justamente, las permanentes protestas de estos sectores, ante la ineficiencia del régimen para resolver ingentes problemas sociales, es lo que ha conducido a Hugo Chávez a orientar el debate hacia temas que atraen la exclusiva atención de la clase media. Hay que evitar esa provocación y mantener la anterior estrategia: resaltar permanentemente la crisis de los servicios públicos, la falta de seguridad, la inflación etc. Ese es el camino para atraerse a los sectores populares.

SIN MARCHA ATRÁS

En el tema de las bases militares no hay marcha atrás para Colombia, y parece que tampoco para Venezuela en la alianza con las naciones “forajidas”. ¿Cómo abordar las causas de fondo de un conflicto que seguirá latente más allá de las diligencias diplomáticas?

– Hay problemas en política que no se logran resolver de forma inmediata. Hay que darle tiempo al tiempo. La utilización de bases militares en Colombia es una decisión soberana del Estado colombiano. Yo no la comparto, pero entiendo con claridad las razones que han obligado al presidente Uribe y a su gobierno a aceptar la solicitud de los Estados Unidos. Era imposible decir que no. Hacerlo, hubiese traído como consecuencia la finalización del apoyo militar norteamericano en contra de la subversión y se hubiera comprometido de manera definitiva la política de Seguridad Democrática. Imaginarse un cambio en esa política, requeriría el establecimiento de un nuevo régimen en Colombia y la superación del problema de la narcoguerrilla. Algo que no se visualiza de manera inmediata. La alianza con las naciones que han empezado a llamarse “forajidas”, por su actitud irrespetuosa al derecho Internacional y a las decisiones de la Naciones Unidas, es una realidad en la política exterior del régimen chavista. Mientras Hugo Chávez esté en el poder no habrá rectificación.

¿El estamento militar apoyaría incondicionalmente una estrategia guerrerista que tiende a profundizarse en el tiempo?

– Pienso que no. Los militares, en general, no aman la violencia. Conocen sus efectos y por eso la evitan. También es cierto que en las Fuerzas Armadas, por razones de su formación, tienen firmes valores nacionalistas. Es posible que ellos sigan una política guerrerista, si además se plantean al mismo tiempo otros problemas: reclamos territoriales, amenazas a la soberanía, resentimientos históricos etc. La pregunta que tenemos que hacernos es si, en este momento, existen esas dificultades en nuestro país. La respuesta es no. Los retos venezolanos son en otro orden: lograr un crecimiento sustentable de nuestra economía, que nos prepare para la sociedad post petrolera; producir un importante avance social y cultural en nuestro pueblo; superar el problema de la falta de vivienda, hospitales, escuelas, carreteras, ferrocarriles, etc. En fin, un verdadero programa de crecimiento económico.

 
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