El Gobierno hizo su Agosto pero… ¡Cuidado!

POr-GloboPaiscopiaJESÚS HERAS –

Hubo una época en que la gente compraba mucho en agosto porque era el mes en que las tiendas hacían sus realizaciones. De allí nació la frase que encabeza este  editorial. Pero el agosto no lo hacia el gobierno, tampoco quienes compraban. Lo hacía el comercio, porque al convertir la mercancía que había quedado fría en dinero contante y sonante, aumentaba su capacidad para realizar las compras de aquello que venderían bien caro al llegar las navidades.  Los tiempos cambian, pero agosto sigue siendo agosto, ya no tanto para los comerciantes, tampoco  para los consumidores, pero sí para otros, agosto sigue siendo un mes privilegiado. Veamos.

En Europa, todo cierra en agosto, y salvo uno que otro que se queda para cuidar el turno o atender a turistas extranjeros, el resto de la población se va a las playas o a conocer otros lugares o a acude a sitios de recreación o se dedica a esa exquisita invención italiana: il dolce far niente.

En nuestro país las vacaciones son más largas. Pero agosto sigue siendo agosto, tiempo en que las casas quedan solas, y los ladrones aprovechan para penetrar las residencias, matando al que se atraviesa y llevándose lo que no es suyo. Y en esta Venezuela revolucionaria,  es tiempo también para convocar sesiones extraordinarias e imponer desde la Asamblea Nacional una agenda legislativa que invade derechos consagrados en la Constitución, y apresar a los pocos que elevan su protesta, mientras el grueso de la población disfruta sus vacaciones.

En memoria de Don Eladio

Mientras escribo, leo un editorial lapidario titulado, la Tempestad Arrecia. Lo publica el El Carabobeño, con motivo a los 76 años de su fundación.  Este diario que nació durante la dictadura del General Gómez y vivió bajo distintos regímenes dictatoriales señala algo muy grave: “Nunca como ahora el ejercicio del periodismo había enfrentado tantas dificultades. Chávez creyó que eliminar la pauta publicitaria oficial liquidaría a los medios. Se equivocó. Ideó la Ley de Responsabilidad  Social que afecta a las emisoras de radio y televisión, en la búsqueda de establecer una censura sin precedentes. No todos se doblegaron.” Y continúa:

“La Ley de Educación, rechazada por la mayoría de los venezolanos incorporó elementos contenidos en otra propuesta de la fiscal Luisa Ortega Díaz, la Ley contra Delitos Mediáticos, igualmente nefasta, que dejó al descubierto el escaso talante democrático de quienes tienen la responsabilidad de defender la legalidad y los intereses públicos. Esta misma funcionaria amenaza ahora con criminalizar la protesta y penalizar con cárcel a quienes el gobierno considere que incurren en acciones desestabilizadoras.  En el ínterin, el gobierno cerró 34 emisoras de radio y TV y se incrementaron los ataques a los diarios nacionales y regionales. Se aprobaron leyes  como la de procesos electorales, la Ley de Tierras Urbanas y la Reforma del Código Procesal Penal que legaliza el espionaje telefónico. Es, en síntesis, una arremetida que busca cercenar las libertades democráticas (consagradas en la Constitución Nacional)  y que deja al descubierto el afán autoritario del gobierno.” Y todo eso, consumado en la oscuridad de las noches agostinas.

Dos preguntas que afloran

¿Por qué la arremetida? y ¿Por qué en Agosto? La segunda interrogante tiene una respuesta evidente. Un gobierno debilitado, busca cambiar las reglas de juego, cuando ausente la juventud y dispersa la población, puede actuar a sus anchas.

Atacar cuando el “enemigo” esté menos preparado es un viejo ardid del guerrero.  Viene a la mente en seguida la toma de la Habana por Fidel Castro un 31 de diciembre, cuando la población festejaba alegremente la llegada del nuevo año. También el ataque de inmensas columnas de tanques mientras el pueblo judío celebraba el Yom Kippur, ataque que de no ser por la habilidad de dos generales que improvisaron una nueva forma de defenderse y hacer guerra, habría logrado someter a  Israel, cuando en ayunas, su población rezaba en el Día del Perdón.

Pero si bien la sorpresa ha jugado, a lo largo de la historia, un rol  fundamental en las tácticas guerreras, recordemos  por emblemático, el Caballo de Troya, y en Venezuela, el “Vuelvan Caras” del Catire Páez, hoy se trata, no de una simple batalla, sino de una guerra  expansionista que, capitaneada desde la Habana y ejecutada con audacia y petrodólares por nuestro Presidente, ha dejado a un lado las armas de fuego, para adoptar como herramienta predilecta (ver artículo de Elizabeth Burgos en esta misma edición) las leyes y la manipulación electoral.

Pero, ¿por qué la arremetida?

La escogencia de agosto tiene en este caso también otra significación. Es el mes que precede  retorno a clase, y esta vez se ubica en el umbral de una crisis social que ha comenzado a manifestarse con crudeza en ese malestar social que aflora en las manifestaciones espontáneas que aún en el mes de agosto, no se han logrado detener.

La situación del país es realmente complicada. La crisis tiende a agudizarse aceleradamente.  Un país cuya economía creció aceleradamente por varios años al amparo de la bonanza petrolera, se enfrenta a un frenazo espectacular, no porque sean pocos los dólares que se reciben, que son ocho veces mayores que en el último año del gobierno anterior, sino porque la ineficiencia burocrática y el descarado pillaje que se anida en el Régimen, aunado a una política exterior anclada en transferencias fortuitas, ha agostado la holgura que antes permitió mantener un dólar subsidiado y precios al consumidor artificialmente bajos.

¿Cuántas veces escuchamos al Presidente pavonearse señalando  que el salario mínimo del venezolano es el más elevado de América Latina? Claro, es cierto. Pero es una verdad fundada en una ficción. Si los bolívares que gana el venezolano se tradujeran en dólares a la tasa oficial de Bs. 2,15, su ingreso seria inmenso. Pero si en cambio, se calcula a la tasa que prevalece en el mercado real,  se reduce a menos de una tercera parte, convirtiéndose en uno de los más bajos de la Región. Tanto es así, que aun con el ajuste anunciado, se estima que se requerirá de dos salarios mínimos en un mismo hogar para comprar la canasta básica.

Lo cierto es que con de la desaceleración de la economía y el cierre de numerosas empresas, ha crecido exponencialmente el desempleo y se tiene por cierto que la inflación superará el 35%, lo que de  por si anunciaría un sacudón de no ser que habrá que sumarle la crujiente penuria de esa elevada porción de la población que no goza de salario mínimo o de seguridad social porque se nutre de la economía informal y que ahora deberá enfrentarse a un descalabro económico brutal.

De manera que mientras el gobierno hace su agosto, porque no quiere que el catarro lo sorprenda sin pañuelo, preparándose para  someter a un pueblo al borde de la rebelión, el ciudadano común, ve  sus perspectivas de libertad agostarse. Y agostarse también sus medios de subsistencia y su infinita paciencia. Cuidado.

 
Jesús HerasNo photo

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