La crueldad mediática contra Caster Semenya

caster-semenyaLa vimos bajar del avión en el aeropuerto de Johannesburgo, donde la esperaban multitudes eufóricas para celebrar sus logros en el Mundial de Atletismo. No sonríe, no celebra. Se ve triste, confundida.

Y no es para menos. Caster Semenya es una muchacha de 18 años a la que le ha ocurrido lo peor que le puede pasar a una adolescente: ver cuestionada su identidad sexual públicamente y, en este caso, a nivel mundial y a gritos:

“¿Es hombre o mujer?”, “Dudan que atleta sudafricana sea mujer”, “La ambigua sexualidad de Semenya” “¿Caster Semenya es él o ella?”

No sé a ustedes, pero a mí el manejo mediático de la polémica en torno a la identidad sexual de la atleta sudafricana me ha parecido de una crueldad apabullante, francamente difícil de comprender.

Polémica en Berlín no debió ser pública

Obviamente corresponde a las autoridades de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo asegurarse de que las competencias son justas y los resultados veraces.

También es cierto que la atleta sudafricana tiene un aspecto bastante masculino y que las mejoras recientes en su desempeño deportivo son llamativas. El asunto se presta a investigación. Pero… ¿pública?

Las autoridades deportivas subrayan que no se está acusando a la atleta de tratar de engañar deliberadamente a nadie. Sencillamente se preguntan -dicen- si la joven es una mujer o si quizás es, en realidad, hermafrodita. Los medios hemos recogido la especulación con entusiasmo.

Pero si Caster Semenya es hermafrodita ¿se justifica discutir públicamente y en detalle antecedentes médicos de los que quizás ni ella misma esté consciente?¿Se justifica humillarlas a ella y a su familia a nivel global? ¿En aras del deporte?

Otro caso de racismo

En su Sudáfrica natal el manejo mediático se ha interpretado como un ejemplo más de racismo. Se arguye que Caster Semenya es “la Saartie Baartman del siglo XXI”, una referencia a la joven africana que fue trasladada a Europa en el siglo XIX y obligada a exhibirse desnuda para que el público pudiera observar las características sexuales propias de su etnia africana.

Puede ser. Y también es posible que surja nueva información que justifique la cobertura que ha tenido el caso hasta ahora. No lo sé. Pero por el momento debo decir que el manejo del caso, tanto por parte de las autoridades deportivas como por parte de los medios, deja un muy desagradable sabor en la boca.

El mundo parece haberse olvidado de que en el centro de todo esto está una adolescente que -al margen de toda especulación sobre su sexualidad- es un ser humano de edad vulnerable.

¿Ustedes qué opinan?

 
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