La dura tarea de ser nosotros mismos

barco-150JESÚS HERAS –

Mantener vibrante y vivo un medio de comunicación es tarea difícil, mucho más en tiempos de agitación política, de polarización extrema, cuando el que opina es etiquetado de acuerdo a la percepción de los bandos en pugna.

A través de mares turbulentos ha navegado la barca de ABC de la semana. Ha sido una aventura cargada de entrega, de sobresaltos, de ingenio, de seriedad y de esa vocación de informar que nos ha permitido arribar hoy, en plena etapa de ascenso, a la Edición 150, un hito importante para cualquier periódico, mucho más si nace sin el apoyo de cuantiosas pautas publicitarias.

Llegar a 150 ediciones no es algo fácil, al contrario, ha sido una empresa titánica, llena de riesgos como aquel que en malhadada hora nos produjo una tristeza y un dolor demasiado grande con el vil asesinato de Orel Sambrano Toro, nuestro querido y recordado Director Editorial, abatido en una calle de Valencia por pistoleros a sueldo.

Ryszard Kapuscinski, quien fuera galardonado como el Mejor Periodista del Siglo XX, dijo en una ocasión a la Revista Mexicana de Comunicación, que antes el periodismo era practicado por personas de amplia cultura y conocimientos de historia; pero agregaba que lamentablemente ahora había pasado a ser una profesión de masas, en la que no todos eran competentes. Pienso que, en efecto, es así, pero siempre hay excepciones.

A este punto quise llegar ex profeso para indicar que Kapuscinski no fue  periodista de profesión sino de corazón. Su verdadera profesión fue la historia. Graduado en la Universidad de Varsovia, dedicó su vida a contar historias, siendo como fue testigo privilegiado de los acontecimientos ocurridos en la última mitad del siglo XX. Pero a lo que quiero llegar es a que Orel tampoco fue periodista de profesión, su carrera fue el Derecho, pero terminó sus días escribiendo con pasión, con dedicación y amor por el periodismo. Por aquí dejó su huella…

ABC de la semana ha cumplido varias etapas. Conservo recuerdos frescos de aquella primera reunión en la que me plantearon la idea de crear un semanario en Valencia. El proyecto me pareció viable. Creo que Alfredo Fermín dijo una vez que “el periodismo crea adicción, más cuando amas lo que haces”. Él, Fermín, ya supera los 25 años al servicio de El Carabobeño, toda una institución del periodismo regional. Nosotros ya cumplimos tres años aquí, por lo que los directivos del Semanario quisieron que fuera yo quien escribiera este editorial. Es parte de esa adicción a que se refiere nuestro amigo.

A las nuevas generaciones tenemos que decirle que no se trata de estar presentes en actos sociales, en fiestas o galas oficiales. Vivimos una etapa difícil en la que el periodismo es protagonista de primer orden para conseguir la paz que tanto ansiamos los venezolanos.

En ABC de la semana tratamos de llevar ese mensaje, de involucrar a todos los que están lanzados a la arena política, sin temer la reacción contraria de aquellos que ven enemigos donde no existen. De involucrar también y sobre todo a aquellos que, sin ser protagonistas políticos, les preocupa el país y requieren de información que los oriente.

Aquí, en ABC, estamos conscientes de nuestra responsabilidad y seguiremos avanzando, ahora con nuevas secciones como Alta Política, El Debate de la Semana, la Cátedra ABC y trabajos permanentes de investigación. En el trajín de producir 150 ediciones hemos visto sucumbir a muchos medios independientes y otros de marcada tendencia partidista. Y aunque muchos han anunciado nuestra desaparición, quizás porque la desean, aquí seguimos como una destacada alternativa dentro del periodismo impreso venezolano.

Algunos amigos señalan que este Semanario salió en el momento menos indicado. Aducen que llegamos precisamente cuando desde el gobierno se ataca en mayor ferocidad a los medios. Esos argumentos pudieran tener algo de verdad, pero ABC no salió para confrontar al Gobierno o a la Oposición. Salimos para decir la verdad aunque provoque escozor. De allí nuestro slogan: “Nuestra pasión es la verdad”. Y no podemos esperar que transcurran otros 50 años para darnos cuenta de la importancia de la libertad de expresión.

Leyendo al periodista Fernando Ravsberg, corresponsal de la BBC en Cuba, entendemos con mayor precisión el compromiso que tenemos como periodistas. Señala Ravsberg que a 50 años de la Revolución Cubana comienzan a cambiar algunas cosas en una prensa que vivió amordazada desde principios de los 60 y obligada a decir sólo lo que el régimen quisiera, tal como hoy algunos lo intentan en Venezuela. El periódico Juventud Rebelde, diario de los jóvenes comunistas, acaba de definir con toda claridad el rumbo que va a seguir.

Han anunciado que atacarán a la burocracia que les prohíbe escribir sobre los problemas de Cuba, y que lejos  de salvar la imagen del país, sólo protege sus propios cargos. Los censores son los mismos que afirman que cuestionar  la revolución “es darle armas a los enemigos de la patria”. Juventud Rebelde considera que “el peor favor que se le puede hacer a la Revolución es el silencio, la simulación, la doble moral, la conformidad ante los males que se incuban y desarrollan ante nuestros ojos”.

Y es que 50 años después, Gramma, el diario oficial del Partido Comunista de Cuba, también ha comenzado a criticar muchas de las chapucerías que se hacen en la isla. Y ataca a quienes se escudan en las carencias, en la crisis económica y también a quienes viven evocando el bloqueo, para esconder la corrupción. Hasta en los noticieros de TV hablan de la corrupción en la empresa de autobuses del Estado, algo totalmente impensable décadas atrás.

Es el caso de que la televisión cubana que durante años mostró imágenes sugerentes de una gran producción agropecuaria. El cubano – que como nosotros nunca pierde el buen humor- decía que para comprar plátano, malanga (ocumo) o boniato (batata) había que encender la TV, porque era el único lugar donde se conseguía.

Señala en su trabajo el periodista de la BBC que los cubanos nunca “se tragaron el cuento”. Bastaba con asistir a los centros de distribución de alimentos para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Igual hoy en Venezuela, en Bolivia, en Nicaragua o en cualquier otro país del mundo, es imposible ocultar la verdad. Más aun cuando todos tienen acceso al Internet y vivimos en plena era de la globalización.

La fuerza de los medios no radica en lo que pueden señalar o lo que pueden denunciar. Su verdadera fuerza está en proporcionar al ciudadano la posibilidad de expresarse libremente. Cuba está despertando y sus habitantes conociendo, por vez primera, a los medios como herramienta capaz de ayudar a mejorar sus condiciones de vida. No creo que será necesario que vivamos una larga etapa de penurias para darnos cuenta al final que, sólo a través de la libertad para denunciar, podremos tener un mejor país.

Dios y nuestro esfuerzo cotidiano nos han permitido llegar a la Edición 150 con nuevos proyectos y renovados bríos para mantener la presencia de ABC en el periodismo nacional. En esa lucha constante hemos tenido grandes aliados en los compañeros de redacción José Santander (jefe de diseño), Margiory Fiaschi y María Angélica Pulido (periodistas), Marianella Moreno (diseño y corrección), Flor Barreto (comercialización), Edmi Hernández (relaciones institucionales) y un nuevo compañero como Jesús Heras, quien hoy me permitió este intento de editorializar.

Para Armando Amengual nuestro afecto porque sabemos de sus esfuerzos para no dejar morir este medio. Nadie como él conoce las dificultades por las que hemos atravesado en este ya largo trayecto. Y pienso- siempre lo pienso- en la intensidad de este trabajo, de esta profesión, cuando, después del asesinato de Orel, quedamos dispersos, como en un limbo, anonadados por la tragedia, pero en vez de irnos a nuestras casas, decidimos volver a la redacción…y continuar su legado.

Ciento cincuenta ediciones, es fácil decirlo, pero este es un oficio que no arroja resultados inmediatos. Muchos abandonan al no ver rápidos frutos económicos. La importancia está en la perseverancia. Nadie nos dijo que el camino estaba pavimentado, que no habría huecos que esquivar o que estaríamos rodeados de flores. Lo importante es la devoción con la cual hacemos nuestro trabajo, y el amor que le prodigamos cada semana. En ello estamos involucrados los que llegaron ahora a insuflarnos nuevos ánimos, y los que estamos aquí, desde siempre, en esta  trinchera democrática.

Los pantalones de ABC ya son largos. Estamos en presencia de un buen producto y mirando con optimismo el horizonte, asumimos el reto de continuar ya no en la “aldea global” de la que hablaba Mashall Mac Luhan, filósofo y teórico de la comunicación, quien vaticinó que la expansión de los medios terminaría uniformando al planeta. Nuestro camino es distinto.

En ABC no intentamos parecernos a otros…  eso es parte de la tarea de ser nosotros mismos.

 
Jesús HerasNo photo
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