A Dios no le interesa el Futbol

dios-no-interesa-futbolRaúl Fain Binda

Si Dios no convence a todos, cómo esperan que yo lo haga, dijo Cristiano Ronaldo a su entrevistador, José Sámano, de El País.

No es una frase inocente, como tampoco lo es la ostentosa demostración de fe religiosa de su compañero Kaká, que ha extendido a los jugadores del seleccionado brasileño, chicos que ni asoman la nariz por una iglesia pero aprovechan el efecto inspirador de la oración en las ocasiones importantes, cuando conviene tener a Dios de nuestra parte.

Cristiano Ronaldo está al borde de la megalomanía. Ya ha dejado atrás a Kaká y a Messi, simples mortales: a él sólo le viene bien la comparación con Dios. Si éste no jugó bien su primer partido, cómo se atreven a exigirle perfección a él, que (por el momento) no está a esa altura.

Yo creo que Dios, si existe, tiene entre manos cosas mucho más importantes que el resultado de un partido de fútbol. Solicitar, en público, el auxilio divino en el deporte, implica pedir a Dios que intervenga en nuestro favor y perjudique al adversario. Es jugar con ventaja.

En otras palabras: es hacer trampa.

La FIFA no quiere

rezos en la cancha

Si un deportista pide en privado el socorro de lo sobrenatural, está bien. Pero si lo hace en público, ante millones de espectadores que profesan otra fe o que son partidarios del equipo “perjudicado”, se pasa de la raya.

¿Qué es preferible? ¿La identificación más o menos ingenua de Ronaldo con la divinidad o las invocaciones descaradas de Kaká?

La Fifa está en un brete. Ha pedido a la Federación Brasileña de Fútbol que ponga fin a los rezos en el campo de juego, que tanta ofensa causaron a mucha gente durante la Copa Confederaciones, que Brasil ganó, creemos, con toda justicia en el campo de juego.

Dios es un derecho natural

Al mismo tiempo, muchos protestan porque la invocación a Dios es un derecho natural de las personas.

Bueno, hay muchos “derechos naturales” que no están permitidos en un campo deportivo, por diversas razones, entre ellas porque interfieren con los “derechos naturales” de otras personas.

El fervor deportivo puede llevar a excesos terribles, como comprobamos a diario en la crónica periodística. Si en la cazuela agregamos el fervor religioso, la mezcla será necesariamente explosiva.

Los fanáticos de siempre ya han amenazado de muerte a José Mourinho, el entrenador del Inter: lo acusan de ofender al Islam porque sustituyó a un jugador musulmán, debido supuestamente a que estaba debilitado por su ayuno durante el Ramadán.

Basta. La religión no tiene nada que ver con el deporte. A Dios no le interesa el fútbol: tiene otras cosas que hacer.

 
Top