¿Es fuerte o débil el Presidente?

julio-castilloJulio Castillo

Se ha dicho alguna vez que hay gente tan pobre tan pobre que lo único que tiene es dinero. Del Presidente podemos parafrasear que está tan débil tan débil que lo único que tiene es fuerza. Así es, fuerza, convertida en estos últimos meses en represión pura y dura; en procesamiento judicial contra sus adversarios políticos criminalizando la protesta legal al estilo de cualquier dictador que se respete; en amenazas de cierre de otros medios de comunicación y en promulgación de nuevas leyes que adelgazan aún más la poca institucionalidad democrática que nos queda.
Cabe preguntarse. ¿Qué está ocurriendo? ¿En dónde  está la revolución bonita? La respuesta es sencilla. Lo que está ocurriendo es que ya la mayoría de los venezolanos responsabilizan al Presidente de la pérdida de su calidad de vida. Atrás quedó aquel idílico paraje en el que una importante franja de nuestros compatriotas, compartían con él su suerte y gritaban a voz en cuello que con hambre y sin trabajo estaban dispuestos a acompañarle.
Ya son 10 años de ineficacia, piratería y despilfarro que nos ha llevado a una crisis de consecuencias impredecibles. Ya esa crisis tocó el estómago de los más pobres y al tocar el estómago, siguiendo el viejo adagio de acuerdo con el cual, “amor con hambre no dura”, se ha tocado también el corazón y la mente de los venezolanos. Ya no quieren igual al Presidente sus compatriotas y lo peor: La gripe lo agarra sin pañuelo, con menos dinero para repartir. Y menos chequera que lo hace menos galán.
El Presidente hubiera dado lo que no tiene porque sus opositores siguieran siendo los mismos: Los medios, los ricos, los partidos de oposición. Para eso siempre ha tenido un guión que le ha funcionado hasta ahora. Pero cuando sus opositores son los jóvenes estudiantes, los trabajadores, la gente de a pie que pide trabajo, vida menos cara, seguridad, salud y educación, la cosa cambia. Eso no estaba en su libreto. Y eso le saca de sus casillas.
Hoy, como cualquier dictadorcillo bananero, está apelando a la represión, a la fuerza de su debilidad. Como sus antecesores; terminará dando órdenes a ejércitos que no existen, a generales que han huido, a “revolucionarios” que están contando su dinero.
Ha comenzado una nueva etapa: La de la desesperación de la debilidad. Peligrosa porque el personaje es capaz de cualquier cosa (ya atacó La Casona con la primera dama y su hija enferma adentro) Repetimos, peligrosa pero interesante. Ya no tiene a la mayoría con él. Le queda la fuerza bruta. Si como Cassius Clay (o Muhamad Alí) no le pelea con habilidad al viejo oso de Foreman, pudo terminar en la lona.

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu
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