Como decía el maestro Rómulo Gallegos.

Col-LuisCisnerosCroquer CMYKConfidencias.
Luis Cisneros Cróquer.

En estas horas, algunas tristes, otras reconfortantes por lo que la gente hace a favor de toda la comunidad nacional, volvemos la mirada al pasado para especialmente abrevar en vida y pensamiento de venezolanos ejemplares. Hoy recordamos al ilustre maestro de juventudes y escritor prolijo, Don Rómulo Gallegos, director del Liceo Caracas, fundador de Acción Democrática y Presidente de la República. El autor de “Doña Bárbara”, trama que enjuicia la barbarie del latifundio y la dictadura política, siempre nos recordó que las cosas regresaban al lugar de donde prevenían. El pueblo siempre sabio encajó el pensamiento galleguiano en una frase popular: “lo que es del cura va para la Iglesia”

La vida política de Venezuela a raíz de la sustitución del Poder Imperial de España, ha estado por mucho más tiempo en manos de los militares, comenzando por los Libertadores. La presencia de civiles al mando ha sido comparativamente exigua, pero ocurre que en el mundo el proceso en el Occidente, ha sido hacia la consolidación de los principios democráticos que siempre se oponen a la acción militar y que determinan la obediencia al poder civil, a sus instituciones y el respeto a los derechos del ciudadano.

Entrado el siglo XX, Castro, menos tiempo, y Gómez por 27 años, ejercieron militarmente el poder. Otro militar, también de la cepa castrista y gomera, Eleazar López Contreras asumió el poder y apoyó, cumplido su mandato, al General Isaías Medina Angarita, proveniente de la vieja escuela militar y representante por supuesto de los intereses económicos ligados al régimen gomecista.

En el corto lapso del 18 de octubre de 1945 al 24 de noviembre de 1948, los civiles establecieron normas de conducta democrática, promovieron una Constituyente para que aprobara una nueva Constitución, permitiera el ejercicio del voto a las mujeres y a los mayores de 18 años, fueran o no alfabetos, crearon la Corporación Venezolana de Fomento y proyectaron el desarrollo de la Guayana venezolana, se estableció el 50 y 50 a las empresas petroleras y se aplicó “agua y jabón en el manejo de los dineros públicos”. El gobierno que nació no prometió la construcción de rascacielos, pero le dijo a los hombres, mujeres y niños venezolanos que comerían más, se vestirían más barato, pagarían menos por los alquileres de las viviendas, tendrían mejores servicios públicos, contarían con más escuelas y con más comedores escolares.

A partir del 24 de noviembre volvieron al poder los militares y hasta el 23 de enero del año 1958, administraron para su beneficio personal. Los civiles, con el respaldo de respetuosos oficiales de la Fuerza Armada, regresaron al poder y en elecciones libres, universales y secretas, escogieron a sus Presidentes y a los Diputados y Senadores y a su vez se seleccionaron los miembros de los Poderes Públicos y se aprobó una Constitución en cuya redacción participaron las principales figuras de los partidos políticos, incluyendo al Partido Comunista de Venezuela

Entramos al siglo XXI con dificultades económicas que se prolongaron con el petróleo en un descenso de sus precios. Sin embargo las cosas cambiaron y el país comenzó a recibir ingresos insospechados. Se tomaron medidas contra quienes en empresas del Estado no comulgaran con la ideología oficial y no se administró la riqueza con criterio de escasez, como resultado tenemos un considerable aumento de la deuda interna y externa, acuerdos comerciales desventajosas con países que posiblemente no tendrán mañana con que responder a sus deudas con Venezuela; el problema de la pobreza heredado sigue incólume y agravado por el estampido de la delincuencia y el terror de los delitos. La agricultura de puerto sigue impertérrita y propiciamos trabajo y ganancia a inversionistas y trabajadores de otros países. Se han cerrado aproximadamente seis mil doscientas empresas, las cooperativas como solución hacen agua, al pueblo se han enviado migajas del petróleo y la siembra de ese oro negro se encuentra tan lejos como el planeta Marte.

La violencia se lleva por delante a los obreros y sus familias, a los policías y a los militares sin importar el rango; la inflación se come los salarios, y los hermanos están divididos. Es ese el panorama, la quemante realidad y como Gallegos pensamos que las cosas deben volver al lugar de donde salieron, a la unidad de todos quienes vivimos, trabajamos y soñamos bajo un mismo cielo, a la solidaridad, a la tolerancia y al regreso de los militares a sus cuarteles, a la defensa de la soberanía y el resguardo de las fronteras, a la salud administrativa y la persecución implacable de la corrupción, a la vigencia de las libertades, la promoción de la actividad privada, el respeto a la propiedad de los particulares, el cumplimiento del Estado en cuanto a salud, viviendas, educación y cultura y preservación del pluralismo, y el cambio del centro de gravitación de la función del Estado.

Aun cuando sabemos que deseos no “empreñan”, no está demás hacer de la esperanza un instrumento para fortalecerlos.

 
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