FRAUDE CONSTITUCIONAL: DOS CONSTITUCIONES EN VENEZUELA

Domingo Alfonso Bacalao

Domingo Alfonzo Bacalao
dabacalao@hotmail.com

La praxis política gubernamental de la primera década del siglo XXI ha dejado como la principal víctima de sus desafueros a la Constitución del 99. Nunca otra Carta, desde los inicios de los acomodos democráticos de la República, había recibido tal cantidad y grados de continuas violaciones. El autoritarismo, podríamos decir, se ha cebado en ella de una manera inmisericorde. En nuestros días solo la sociedad democrática está sinceramente interesada en su rescate y plena vigencia, haciendo de la misma casi un programa para el desarrollo del país y de sus instituciones.

Cometiendo fraude contra la constitucionalidad formal y contra la democracia, el régimen ha puesto en vigencia su propio texto de facto, derogando la anterior que solo rige como formalidad para guardar las apariencias.

Concretando pues, la realidad que nos ocupa, en Venezuela existen dos constituciones: la del 99 y la propia que se ha venido construyendo el gobierno en sus planes de impulsar su llamado socialismo del siglo XXI.

Bacalao-Chavez2ConstitucionesEmpecemos por llamar la atención sobre la absoluta desnaturalización y derogación del sistema federal descentralizado –Preámbulo, artículos 4, 6 y muchos otros- consagrado en el texto legítimo del 99 y sancionado en referéndum popular. De igual manera, el desconocimiento de la voluntad popular, en relación de las administraciones autónomas y descentralizadas como la Alcaldía Mayor y las gobernaciones en manos de sectores disidentes, que vienen sintiendo el rigor de las arbitrariedades y abusos de un gobierno centralista y centralizador, potenciando de facto, también, un exacerbado y dañino sistema presidencialista, carente del más mínimo control tanto parlamentario como jurisdiccional.

Alargando la mano, el autoritarismo de hecho amenaza con llegar bien lejos en relación con las potestades y derechos de los estados autónomos e iguales –artículo 159 y siguientes- y de los municipios a través de leyes dictadas violentando la Constitución actual.

Con respecto a los derechos y garantías ciudadanas, la represión fáctica comienza a desbordarse mediante una interpretación caprichosa de la fiscalía del Ministerio Público, más interesada en agradar al poder Ejecutivo que en cumplir con el deber fundamental de respeto a los derechos –artículo 285- y garantías constitucionales. De esa manera se persigue a la disidencia y se convierten los derechos en delitos, invalidando aspectos esenciales del tejido político y jurídico democrático del Estado, como la protesta cívica, la participación protagónica, la libertad de pensamiento y la libertad de expresión e información, pudiendo así constatarse, muy someramente por supuesto, la grave anomalía de la existencia simultánea de dos constituciones que desacreditan, ante propios y extraños, la solidez del ordenamiento jurídico nacional, subrayando de paso la ausencia de un verdadero Estado de Derecho.

La teoría y  práctica de una democracia avanzada, que funciona en algunos países de América Latina, y que es potenciada y reforzada con nuevas exigencias principistas de carácter político y social –participación e inclusión- por la Carta Democrática Interamericana, viene declinando paulatinamente en Venezuela influenciada por débiles concepciones ideológicas –ideas muertas las llaman otros- y comportamientos regresivos peculiares de otros tiempos, no acordes con las grandes transformaciones e iniciativas de esta época postmoderna.

El abandono de la separación de poderes y de un estamento judicial confiable, así como la falta de transparencia del sistema electoral, confirman el fraude constitucional y la imposibilidad de que un sistema de libertades se arraigue de manera permanente.

La pretensión del Estado totalitario de acabar con la autonomía de la sociedad y de sus diversos componentes, plantea al debate de las ideas las auténticas intenciones de por donde se piensa transitar. El desafío, entonces, consiste en una lucha firme por reconstruir la democracia y sus instituciones sobre las bases ciertas estampadas en las claras propuestas de la Constitución del 99 afianzando su vigencia real contra las espurias tentativas de una hegemonía fáctica con propósitos de dominación ideológica al servicio de intereses y ambiciones personales.

Derrumbar el fetiche del Estado, comprendiendo cabalmente sus elevadas funciones y tareas, centrando las preocupaciones esenciales en el hombre, objetivo cimero de la democracia y su vía histórica, así como la racionalización del Estado y del poder, como apunta atinadamente Mirkine- Guetzevitch en su obra Las nuevas tendencias del Derecho Constitucional. Esta es una discusión que nos debe inquietar y sobre la cual deberíamos ahondar en este momento tan singular.

EL LIDERAZGO NECESARIO

El liderazgo que se necesita solo brotará después de una profunda rectificación política y moral, que nos ubique en la perspectiva de una genuina unidad hacia las grandes transformaciones del país. Un gran esfuerzo, capaz de crear una dinámica de sentimientos genuinos, que se abra plenamente al corazón de todos los  venezolanos. Todos podemos contribuir a construir este sendero, generando confianza en una apuesta que derrote el egoísmo, las ambiciones y la pequeñez sectaria, poniendo como objetivo principal y permanente el interés de la nación.

En esta toma de conciencia estamos comprometidos nosotros.

Domingo Alfonso Bacalao

– Presidente de la Academia de Historia del estado Carabobo

– Profesor Titular de Derecho Constitucional. Universidad de Carabobo

 
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