El petróleo y la buena fortuna de Brasil

Simon Alberto Consalvi

Simon Alberto Consalvi

Simón Alberto Consalvi

Descubrir petróleo al amanecer del siglo XXI no es lo mismo que haberlo descubierto a inicios del siglo XX. Esa fue una de las malaventuras de Venezuela. Aquí se descubrió y comenzó su explotación en la época menos propicia del país, en la primera década del siglo XX. Entonces dominaban dictaduras primitivas, predominaba la más absoluta ignorancia y el Estado era una ficción. Todo dependía de la voluntad de los dictadores. Juan Vicente Gómez manejó el petróleo como un asunto personal.

Gómez era el Estado. El general otorgó concesiones como regalos de familia. Era, además, la época de la expansión imperial, los grandes trusts del petróleo se establecieron en el país como “enclaves extranjeros”, según la expresión de Alberto Adriani. Hasta 1935 reinó sobre Venezuela el matrimonio morganático del petróleo-dictadura y capital extranjero.

En 1943 se aprobó la primera ley que rescató para el Estado un papel predominante. No obstante, se otorgaron nuevas concesiones. Fue en 1945, después del 18 de Octubre, cuando Venezuela inició el rescate de su participación en el gran negocio, al aplicarse el régimen del 50/50, y al establecerse la política de No más concesiones, en tiempos de Rómulo Betancourt y Juan Pablo Pérez Alfonzo.

El Presidente de Brasil Lula Da Silva eneña unas muestras de biodiesel

El Presidente de Brasil Lula Da Silva eneña unas muestras de biodiesel

En 1960 se creó la OPEP, la gran revolución en el mundo del petróleo, bajo la égida de esos mismos personajes. Con todo, sólo fue hasta 1976 cuando finalmente se dieron las condiciones para la nacionalización de la industria y se creó Petróleos de Venezuela, entonces una corporación técnica y profesionalmente gerenciada. No hay manera de calcular lo que los venezolanos perdieron en más de medio siglo.

Son obvias las razones, por consiguiente, cuando pensamos que Brasil ha tenido una doble fortuna al descubrir gigantescos yacimientos de petróleo en sus áreas submarinas, que lo convertirán en uno de los grandes productores del mundo.

Por una parte, ya las compañías petroleras están domadas, y por la otra, Brasil es un Estado democrático y un país con un desarrollo tecnológico de gran nivel. Pero más allá de estas circunstancias, la gran nación del Sur cuenta con un liderazgo político de avanzada, un sistema federal estable y rendición transparente de cuentas. Esta semana, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva proclamó la llegada de un “nuevo día de independencia” al presentar el marco legal mediante el cual serán establecidos los lineamientos fundamentales de la explotación petrolera.

Los grandes yacimientos están localizados a grandes profundidades en los litorales de los estados de Río Janeiro, Sao Paulo y Espíritu Santo, una inmensa región convertida en la referencia del futuro de Brasil. Nada quedará al azar. No experimentará Brasil los avatares de países subdesarrollados como Venezuela y los países árabes, que atravesaron épocas de absoluta dominación extranjera, de regímenes políticos rurales o dinásticos.

Entre el Gobierno del presidente Lula y el Congreso se irán definiendo y aprobando las leyes necesarias para garantizar una explotación petrolera que le rinda a la nación los más altos ingresos.

Lula sostiene que los 27 estados de la nación deben recibir partes equitativas de los recursos, en tanto los tres en cuyas áreas submarinas se encuentran los yacimientos pretenden privilegiar sus derechos. Para un país como Venezuela, que lleva un siglo explotando su petróleo, Brasil dará lecciones importantes: tratará de exportar el menor petróleo posible, según el Presidente, y preferirá exportar derivados, de modo que el crudo sea un factor decisivo en la industrialización y en la creación de empleos.

Lula anunció la creación de un fondo para financiar la erradicación de la pobreza, la educación y el desarrollo tecnológico y científico.

Campo_PetroleoEl Presidente dijo algo que conviene retener: “Nosotros no tenemos el derecho de agarrar ese dinero que ganaremos con ese petróleo y despilfarrarlo… Lo que queremos es definir las prioridades para que podamos usar el petróleo y hacer que Brasil se vuelva más rico, más desarrollado desde el punto de vista científico-tecnológico, desde el punto de vista educativo, desde el punto de vista de las políticas sociales del gobierno”.

Presumo que estas palabras del Presidente socialista y democrático, no le serán indiferentes a los venezolanos.

Brasil no derrochará el dinero del petróleo, no será una riqueza para el despilfarro, ni para quemarle aceite negro al ritual personalista ni a sus demencias. Brasil promoverá la riqueza, que “se vuelva más rico”. Nótese la otra meta, que Brasil sea “más desarrollado desde el punto de vista científico-tecnológico, desde el punto de vista educativo”.

Fortuna la de Brasil, la de descubrir sus grandes yacimientos en el siglo XXI. Fortuna la de Brasil, de contar con un liderazgo pluralista y una institucionalidad de contrapesos. Fortuna la de Brasil, tan lejos de Juan Vicente Gómez y sus albaceas.

 
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