Estoy súper arruinado

Luis Cisneros Croquer

Tiempo Confidencial.

Luis Cisneros Cróquer.

No hice caso de las advertencias que me hizo mi hijo, que es graduado en economía, y por mucho tiempo me dediqué a gastar -dicen que irresponsablemente- el dinero que ingresaba a mi faltriquera por la venta de los mautes, engordados en poco tiempo por la calidad de los pastos consumidos, y por otra parte no se me ocurrió tomar las previsiones para diversificar mis inversiones y comprarme un arreo de burros, que son bien útiles porque hacen lo que uno les manda, así como padrotes para chivos y ovejas que se reproducen con gran rapidez y se pueden vender muy bien en el mercado. No hice nada para aplicar los buenos consejos recibidos y, ahora me encuentro con un mercado de carnes saturado por la comercialización que están haciendo de productos de otros países, unos vecinos míos que, en lugar de producir aquí traen cosas de otras partes y se ganan la comisión que por allá pagan, más lo que cobran por conseguir las licencias a otros compradores y por revender lo que compraron a precios de ganga con monedas preferenciales. Si hasta me han dicho que esos avispados vecinos ya tienen dinero extranjero colocado en bancos situados bien lejos de nuestras costas y donde el secreto es un bien insustituible.

Me he quedado sin blanca, estoy arruinado y algo más y estoy pensando en recurrir al crédito; para responder tengo mi tierrita, que no es mala, tiene su rendimiento y sirve para algo más que preparar sancochos y bebedera de cervezas sábados y domingos. Me meteré en eso que llaman hipotecas y tendré que negociar con prestamistas de mi pueblo y de otros pueblos, no puedo hacer más nada. Mi mujer me ha aconsejado que hable con el portugués de la esquina para pedirle un fiao bien gordo con el cual tendré que comprar unas vaquillas y otros toretes. Según me confió un compadre, vive por aquí cerca un ruso que tiene bastante plata y que puede ser -según mi compadre- un tercio para que me arrime unos reales frescos. Con los vecinos de mi casa no tengo problemas porque como le tienen miedo a mi carácter, no  han dejado de prestarme, aunque les retraso un poco los pagos.

Lo malo de lo que me está pasando es que todo cuanto tengo que comprar para mantenerme me está saliendo más caro cada día y el balance que mi hijo me acaba de entregar indica que voy para abajo, que estoy, ahora sí, en rojo. Y siempre  mi mujer me lo decía; “déjate de buscar amigos limpios y avispados, gorreros, que sólo quieren comerte lo tuyo y entusiasmarte diciéndote que te pareces al héroe de la película 24 horas; desengáñate, esos los que quieren es chulearte, ya verás cuanto no tengas para ayudarles”.

El otro hijo mío, que no termina de decidir por fin qué es lo que quiere estudiar, me ha tratado de inclinar hacia el juego de la lotería, me dice que allí puede residir la solución de mis angustiantes problemas económicos, pero es que ni con el premio mayor puedo hacer algo por las cosas que me aquejan. Los demás amigos que fungen como asesores lo que hacen es decirme lo bien que me veo con las bragas de trabajo y que estoy destinado a salvar el mundo, lo cual al principio no lo creí, pero de tanto repetírmelo al oído paso a creer que ese es mi gran misión.

Mis enemigos están gozando un puyero, pues me envidian desde hace mucho tiempo y quieren que fracase. No crean que estoy vencido, ahora es cuando tengo reservas de mis amigos más allá de este pueblo, y aunque algunos viven lejos, estoy seguro que no me dejarán solo. En ellos confío y espero el auxilio. Bueno, si es que también no tienen la ocurrencia de traicionarme y olvidarme, a pesar de las fajas que les he entregado de mi grandísimo terreno.

Bueno, no sigo con esta llorona, porque eso desde luego animará a mis vecinos envidiosos y es posible que hasta ellos busquen ayudas de afuera para tratar de apoderarse de mi ganado cuya exportación me permite seguir vivo.

 
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