SARDINA QUE COME TIBURÓN La estrategia chavista para conquistar al mundo

FIDEL CASTRO - HUGO CHAVEZMANUEL FELIPE SIERRA

Hugo Chávez se confiesa en Damasco: “Soy un soldado de Fidel” – El régimen ha confiado a cubanos actividades que por ley corresponden a los venezolanos – Relación con Chávez permite a Irán penetrar en América Latina – China y Rusia apañan en la ONU las travesuras de Irán y Venezuela

La diplomacia bolivariana se propone convertir a Venezuela en un factor dinámico de la geopolítica mundial. ¿Tiene antecedentes una alianza tan estrecha como la que existe entre Caracas y La Habana? ¿Hasta dónde Bolivia y Ecuador son sucursales de la revolución bolivariana? ¿Es Chávez el verdadero sucesor de Fidel Castro? ¿Por qué Irán es un aliado privilegiado? Cuba y China como un “paraguas” en la ONU.

La estrategia de alianzas internacionales del chavismo tiene vertientes de doble vía. En algunos casos, junto con la ayuda económica y energética se contempla también la exportación de capital humano. En otros, como ocurre con Cuba el país se convierte en receptor de nutridos contingentes profesionales. En otro plano, con Irán y China se da un intercambio fluido entre ambas naciones. Pero todas ellas obedecen a razones políticas e ideológicas con derivaciones económicas y comerciales. Venezuela, de este modo, se ha convertido en un lugar de confluencia que, más allá de las posibilidades de inversión, empleo o tráfico turístico, entran y salen del país por obra de un diseño político con un claro contenido solidario.

“UNA SOLA PATRIA”

En diciembre de 2004 se anunció en La Habana la creación de la Alternativa Bolivariana para América Latina y El Caribe (ALBA). Era la concreción de una vieja idea de Fidel Castro que encontró territorio fértil en la revolución bolivariana. Para ese entonces, ya la “fidelización” venezolana era un hecho demasiado importante. Con la victoria de Evo Morales en Bolivia la iniciativa cobró una mayor proyección geopolítica. No se proponía un espacio de integración económica o complementación comercial sino una plataforma de gobiernos uniformados por la ideología, con similares intereses políticos. En esos días, el vicepresidente cubano Carlos Lage anunciaba en Caracas que “Venezuela y Cuba forman una sola patria”.

La frase del funcionario no rendía culto al servilismo diplomático. Todo lo contrario: era una forma de graficar las estrechas relaciones que en todos los órdenes existían entre los dos países. Una alianza sin antecedentes cercanos entre naciones que no provenían de un tronco histórico común. La noche de diciembre de 1994 cuando el comandante Hugo Chávez y su ayudante el teniente Rafael Isea, estrecharon la mano de Fidel Castro en el aeropuerto “José Martí” de La Habana, se había sellado un pacto de sangre que debería ser refrendado por inciertas circunstancias políticas. Chávez no se imaginaba que 4 años después sería electo presidente de la República; y Castro que enfrentaba el llamado “período especial”, tampoco podría avizorar en aquel encuentro la posibilidad de que se le abrieran de par en par las puertas de una casa ajena.

En febrero de 1999 cuando Castro pisó Maiquetía para asistir a la toma de posesión de Chávez debió sentir una gratificante victoria espiritual. Sin armas, sin muertos, sin guerras, sin sobresaltos económicos ni esfuerzos diplomáticos, pasaba a ejercer una influencia más que decisiva en una nación que consideraba clave para su proyecto de dominación continental. Desde marzo de 1948, cuando con 22 años recorría las calles de Caracas pidiendo ayuda para un congreso estudiantil en Bogotá, Castro valoró que sin el concurso de la Venezuela petrolera todo proyecto revolucionario en la región resultaba incompleto. Ahora había ocurrido una de esas acrobacias del destino que suelen atribuirse a la historia: un país más grande, económicamente más fuerte que el suyo, llamaba a una nación más pequeña y débil, sin que mediara triunfo de guerra alguna, para que colonizara política e ideológicamente su territorio.

A estas alturas el proceso de “colonización fidelista” prosigue con pasos seguros. Venezuela suministra públicamente 92.000 barriles diarios de crudo a Cuba, de los cuales más del 70 por ciento es reexportado desde la isla a mercados aledaños. La refinería de Cienfuegos (cuya activación había sido desechada por gobiernos venezolanos anteriores) fue asumida por PDVSA, en una negociación de dudosa rentabilidad. En pago, Cuba envía una cantidad incuantificable de médicos, paramédicos, maestros, entrenadores deportivos, técnicos agrícolas, expertos militares y agentes policiales y de seguridad, que copan las principales áreas de la gestión de gobierno y de manera especial la seguridad del Estado. No se conoce y por ahora no se conocerá, la cifra exacta de los cubanos (en su mayoría militantes disciplinados del partido comunista) que hoy cumplen “misiones especiales” en Venezuela. Cuba además, a través de agencias de la banca estatal venezolana opera como un centro de triangulación para importaciones de China y otros países con destino a Venezuela, lo cual genera cuantiosos ingresos para la “nomenklatura” castrista. Desde el 2002, la Rampa 4 del aeropuerto de “Maiquetía” recibe diariamente 6 vuelos no registrados en la ruta La Habana-Caracas- Caracas-La Habana. El propio Chávez en una oportunidad aseguró que más de 60.000 cubanos permanecían en el país. Se sabe que el plan “Barrio Adentro” en sus tres etapas ha sido destinado no sólo a la materia asistencial sino que le han sido confiadas responsabilidades que según las leyes corresponderían a venezolanos. Lo mismo ocurre con las misiones educativas, programas de cooperativas, la expropiación de fundos agrícolas y la preparación del personal diplomático.

“SOY SOLDADO DE FIDEL”

Lo que hoy hacen los fidelistas en Venezuela, en mayor o menor medida, lo hicieron antes en Grenada, Nicaragua y algunas naciones africanas. Ello como resultado de invasiones o actos de guerra que resultaban onerosos para la maltrecha economía cubana aun con la ayuda de la Unión Soviética. Pero nunca en un clima de tanta cooperación, estímulo y confianza interna. Nunca tampoco por razones elementales de seguridad en espacios reservados a los nativos. Chávez ha confiado su “anillo de seguridad” al temible G-2 cubano. No es nada casual que ahora Chávez realice los viajes internacionales en un avión de “Cubana de Aviación” que los enterados sostienen que en verdad es propiedad del Estado venezolano. Un experto en seguridad consultado encuentra una explicación sencilla: “suponiendo que se produzca una agresión contra esa nave ello sería interpretado como una violación a la soberanía del Estado cubano y el Estado venezolano; es decir, Cuba y Venezuela para esos efectos forman un solo país”. Pero el control –mucho más que la injerencia- avanza en otro terreno. Desde el comienzo del proceso chavista se acudió al asesoramiento militar cubano. Recién electo Chávez, comisionó al general Manuel Rosendo para un estudio del funcionamiento de las milicias castristas. Desde entonces comenzó la formación y el entrenamiento de oficiales venezolanos en cuarteles cubanos. Hace unos años el alto mando militar venezolano junto a sus colegas fidelistas ofrecieron el saludo de honor al comandante Castro, cuando éste todavía atendía funciones de Estado. Los asesores cubanos concibieron la reconversión de la Fuerza Armada Nacional en una guardia pretoriana, en una milicia que asimila las experiencias castrenses fidelistas. Una tarea parecida cumplen los expertos cubanos en las policías. La DIM, la DISIP e  incluso el CICPC están bajo la vigilancia de los servicios policiales de la isla. Ahora los registros, las notarías y el sistema de cedulación e identidad, obedecen a un concepto único importado del modelo comunista. La explicación es que la seguridad debe funcionar como un todo, mediante un control vertical y con la modalidad de los “cerebros electrónicos” que en los regímenes totalitarios facilitan la vigilancia total de los ciudadanos y de cada uno de sus actos.

¿Por qué Chávez abre las puertas del país a una nación extranjera a contracorriente de la tradición y la cultura democrática venezolana? Más allá de la identidad personal y cuasifamiliar entre Chávez y Castro (esta semana en Damasco, Chávez confesó ante miles de sirios que es un soldado del dictador caribeño), hay cuando menos dos explicaciones: la primera es su seguridad personal. Para un líder con la proyección que ahora tiene Chávez y que busca ampliar en el mundo entero la plena y absoluta  confianza en su entorno es fundamental. Ella sería mayor si es colocada en manos de un equipo extranjero que no está expuesto a la contaminación política interna. La tendencia a la paranoia (a partir de la cual se multiplican las denuncias de magnicidios y atentados) es consustancial a mandatarios  mesiánicos con proyectos de ambición planetaria. Castro vivió ese drama durante casi 50 años. De hecho se asegura que sobrevivió a 677 amenazas contra su vida. Chávez lo vive ahora. En este sentido, el tema de la seguridad más que clave es vital y como se sabe no existe en América y seguramente en pocos países, un sistema más eficiente y de comprobada experiencia en esta materia como el aparato policial cubano, formado durante la “Guerra Fría” por la Stasi alemana y la KGB soviética.

La otra razón no es menos significativa. Un liderazgo como el que perfila Chávez, requiere de una estructura internacional que amplifique sus propuestas  y maquille sus discursos. Durante décadas Castro apeló a estas herramientas. Contó con la opinión favorable de escritores, científicos, artistas, catedráticos de las universidades más prestigiosas y por supuesto grupos de fervorosos simpatizantes que seguían sus pasos en el último rincón de la tierra. Chávez no ha partido de cero. La repercusión de sus periplos transnacionales es ampliada y fortalecida por una plataforma de apoyo que actúa por adhesión ideológica pero que también con abundantes recursos crematísticos. Chávez se mueve en las actuales circunstancias como el heredero político, sentimental e ideológico de Fidel. Raúl Castro se conforma con ser el beneficiario del poder revolucionario en Cuba. Por su propia personalidad no busca ni apuesta a un liderazgo capaz de despertar simpatías orgásmicas en el mundo exterior.

CHAVEZ-CORREA-MORALESEVO Y CORREA

El cuadro que vive Venezuela se reproduce en alguna forma en Bolivia y Ecuador. Pero allí las circunstancias son distintas. Chávez ubicó en Evo Morales la figura indicada para reproducir el proceso venezolano en Bolivia. Lo mismo hizo en Ecuador con el economista Rafael Correa. Ha puesto todos los recursos posibles para convertir a los dos países en las primeras sucursales de la revolución bolivariana. Morales ha resultado un discípulo inteligente y aventajado. Los petrodólares venezolanos mueven la maquinaria del Estado y por esa vía se ha impuesto la receta chavista, la “cajita feliz” del socialismo del siglo XXI: elección, constituyente, nueva constitución y reelección indefinida.  Morales se prepara para prolongar su mandato en las elecciones de diciembre. La experiencia venezolana ha servido a la resistencia democrática de los bolivianos para actuar de manera más activa y acertada. Tanto que Morales debió congelar por un buen tiempo el proyecto de una nueva constitución; y las provincias económicamente más importantes, han enfrentado mediante paros y estatutos autonómicos su pretensión de un control total de la sociedad.

En Ecuador la tarea intervencionista ha operado con mayor rapidez pero ha sido menos ostensible y obscena que en Bolivia. Chávez ha encontrado en Correa a un líder moderno que ha sabido administrar la receta revolucionaria en sintonía con la realidad doméstica. En este caso la influencia chavista más que económica es política e ideológica. Pero en ambos países todavía existe una relativa independencia de poderes, y un juego de los partidos políticos mucho más equilibrado. Y persiste una pesada incógnita: la reacción de las Fuerzas Armadas. La tarea de demolición de Chávez con la FAN venezolana no es fácil que se repita mecánicamente en esos países.

IRÁN Y CHINA      AHMADINEJAD-El hermano islámico

La alianza de Chávez con Ahmadineyad convoca la curiosidad. No existen afinidades geográficas, culturales, religiosas ni históricas entre los dos países. El enlace de Venezuela e Irán se dio por la vía del petróleo a través de la OPEP de los años 60. Pero ahora entra en juego una necesidad geopolítica. Ambos gobernantes estimulan un cuadro multipolar y privilegian la aproximación con las naciones “forajidas”. Superada la “Guerra Fría” y consolidada la hegemonía militar de Estados Unidos, el único contrapeso al sistema capitalista mundial lo representan los países que usan la amenaza del terrorismo. A Chávez le conviene la amistad con Ahmadineyad porque ella lo coloca en un ámbito que, aunque lejano geográficamente, es neurálgico en la confrontación geopolítica antiestadounidense. A Ahmadineyad le conviene estrechar lazos con Chávez porque por esa vía tiene un aliado en el patio trasero de Washington. Estas relaciones le permiten a Irán al mismo tiempo la penetración en América Latina a través del ALBA y desarrollar acuerdos comerciales conjuntos entre ellos (según informes de la cancillería de Israel) para la explotación del uranio de Guayana en el marco de su plan de desarrollo nuclear.

Desde otra perspectiva Chávez ha privilegiado el intercambio comercial con China.  La potencia asiática ha multiplicado sus inversiones en el mundo entero pero de manera particular en África y América Latina. Por otra parte, Venezuela vende hoy mayor cantidad de crudo a China y se han consolidado proyectos de empresas mixtas en materia automotriz e innovación electrónica. Es una alianza estrictamente comercial aunque como se sabe, tanto China como Rusia desde el Consejo de Seguridad de la ONU suelen actuar ocasionalmente como un “paraguas” para apañar las travesuras de Irán, Venezuela y otros países convertidos en los “malos de la película”. En cuanto a la presencia humana en Venezuela, después de la avalancha cubana es notorio el masivo desembarco de los inmigrantes chinos. Los Palos Grandes, por ejemplo  se ha convertido en el nuevo “barrio chino” de Caracas. Ya no son los chinos maduros y silenciosos del chop-suey y las lumpias sino jóvenes enérgicos aferrados al blackberry y los celulares. Un reflejo de los vientos que soplan en el  lejano imperio.

 
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