Metido en un Tremedal

JESÚS HERAS –

756_NpAdvMainFea“Cuando el vehículo que conducimos está en mal estado, comprar uno nuevo es la solución. Pero cuando ese nuevo automóvil se atasca en un tremedal, ¿Qué podemos hacer?”

Hugo Chávez ofreció un cambio radical en 1998 y cumplió. Nadie lo puede negar aunque de por sí no tenga méritos. Había dudas en cuanto a la dirección que ese cambio tomaría, pero no en cuanto al cambio de guardia que inexorablemente se veía venir.

En las cárceles de máxima seguridad en EE.UU. los condenados, en el día de su ejecución,  -al hacer el recorrido por los pasillos que conducen a la “Silla”-  son precedidos por un oficial que en alta voz anuncia: “hombre muerto que camina”.  En 1998, los partidos históricos venezolanos también eran “muertos que caminan”, tanto, que ninguno de sus candidatos llegó al final. Cualquiera hubiera sido el ganador, un profundo cambio aguardaba al país.

Los cambios han ocurrido y, en muchos aspectos, de la peor manera.  Comencemos por el orden social. Las estadísticas criminológicas  que ayer con horror leíamos de Colombia, las leen los colombianos hoy respecto a Venezuela.  En cuanto a los ingresos petroleros, la realidad es por igual, radicalmente diferente. Mientras la segunda gestión de Caldera debió sobrevivir con un barril de petróleo de $ 7,00 (la cesta venezolana), este gobierno     -en el peor momento del último trienio, que es el actual- recibe ocho veces más y -sin embargo- la economía va en retroceso mientras un Estado, sumido en el más espantoso desorden, no alcanza a atender las demandas mínimas de la población.

La política intervencionista del Estado ha hecho a su vez estragos sobre PDVSA y sobre todo el aparato productivo. De ser exportadores de gasolina, por ejemplo, hemos pasado a ser importadores, mientras, en una dimensión más amplia, de ser productores, hemos pasado a importar gran parte de lo que debemos consumir. Todo ello concurre en el deprimente cuadro social que estamos observando.

La Revolución Continental

Algo igualmente radical ha ocurrido con nuestra política exterior. En tiempos pasados, nuestra agenda internacional marchaba por un camino, mientras la política petrolera era manejada independientemente por PDVSA. Chávez unificó las dos vertientes, lo que fue un acierto. No se puede renunciar al petróleo como arma de negociación. Pero lo hizo, no para aumentar la riqueza real del país o promover el bienestar general sino para apoyar la insurrección en el Continente, buscando -y en algunos casos logrando- alcanzar con los votos, lo que por décadas, Fidel (quien tutela el proceso), sin éxito buscó obtener por otras vías.

Lo que antes eran golpes de Estado, incluyendo el que infructuosamente intentó Chávez en 1992, han cambiado de forma. Son golpes desde el Estado, la frase es de Fernando Mires. El guión es más o menos el siguiente: se gana democráticamente la elección, se convoca una Asamblea Constituyente para ampliar las facultades presidenciales y alargar, primero, el mandato presidencial y luego hacerlo indefinido. Se toma un control absoluto del organismo electoral y se recurre a la electrónica para hacer más sofisticada la manipulación del voto. Entre tanto, se utiliza el dinero para comprar adhesiones o neutralizar eventuales focos de resistencia, sobre todo en la FAN, mientras -como quien cuece un buen guiso a fuego lento- en forma progresiva se produce el adueñamiento del poder y, desde allí,  a la cubana, comienza el secuestro de la sociedad, a partir de sus derechos fundamentales.

Es lo que ha venido ocurriendo en Venezuela y lo que, aprovechando la experiencia venezolana, hoy se acelera en Ecuador, Bolivia y Nicaragua, avanza en Perú y también en Colombia, sí, en Colombia, y además en Chile y Uruguay, acciones sobre las cuales da cuenta en nuestra sección de Alta Política, el columnista internacional Carlos Alberto Montaner y un interesante informe de inteligencia proveniente de Bogotá.

En Honduras, la avanzada de ALBA fue detenida. De lo contrario, ese exitoso bloque de naciones insurgentes ya tendría control de la mitad del territorio centroamericano y desde allí, comenzaría a presionar a El Salvador  y hacia el norte sobre el débil gobierno de Guatemala, con miras a extenderse al sur de México y más allá.

fidel ojoPetróleo, medios, odio y narcotráfico

También cambió radicalmente en estos años la naturaleza de nuestra participación en la OPEP. Allí, en estrecha alianza con sus factores más radicales (y de manera encubierta con los intereses petroleros que, por años blindaron al régimen con su lobby ante los ojos norteamericanos), Chávez manejó con gran habilidad una doble agenda. La primera de orden económico, la de “gerenciar” la incertidumbre para robustecer los precios del petróleo. Sus consecuencias fiscales ya las hemos mencionado. Otra, la política,  coaligándose con los gobiernos más radicales, Irán, en primer lugar, pero también con Libia y Siria para traer la conflictividad del Medio Oriente a tierras americanas. Ha sido ésta la vertiente más riesgosa, porque EE.UU., acostumbrado por su ancestro británico y las tres guerras del Siglo XX a mirar hacia Oriente, ha comenzado a observar con creciente preocupación lo que acontece al sur de su geografía.

El tráfico de drogas es otra variante que ha cambiado en forma radical. En parte por el acoso del gobierno de Uribe, en parte por la actitud hospitalaria de nuestro propio gobierno, las FARC se han movido hacia nuestra frontera y utilizan nuestro territorio como aliviadero.  Mientras eso ocurre, la droga encuentra en Venezuela, no sólo un buen mercado, cuyo saldo lo contamos en los “ajustes de cuentas” de cada fin semana, sino también un pasadizo ideal que conduce a Centroamérica y el Norte.

El odio es otro ingrediente nuevo en la agenda venezolana. En un país como el nuestro, con una integración racial envidiable, se ha querido estimular la animadversión entre gente de distintas procedencias. No lo han logrado, pero Venezuela es un país dividido y la agresividad, de un lado y del otro, es hoy substancialmente mayor.

Y que no hablar de los medios de comunicación, sometidos con el mayor descaro al arbitrio de un Estado que, si deja a algunos sobrevivir, es sólo para exhibir ante la comunidad internacional una tolerancia que no practica y un talante democrático que no tiene. RCTV la televisora más antigua y de amplio espectro fue sacada del aire… y más recientemente numerosas señales de radio y televisión.  Otros han optado por la neutralidad como fórmula de supervivencia, mientras el Gobierno ensancha cada día más su alcance mediático, as ordinando la crítica y colocando en desventaja cualquier otra opción.

De vientos de cambio a cambios de viento

Pero cuando algunas cosas cambian, otras también lo hacen. Es un proceso de iniciativas, acomodos y reacomodos; de causa y efecto; de acción y reacción.  Desaparecida la inercia natural que frenó inicialmente su vertiginoso ascenso, el Presidente ahora desciende sin freno por la cuesta que conduce a la opresión. Y al hacerlo, deja afuera no sólo a sus opositores naturales, sino también a su propia gente, destruyendo la polarización que ha sido la base esencial de su sustentación.

De allí que los encuestadores señalen un fenómeno que no alcanzan a explicar. Chávez cae, pero la Oposición no crece. Lo que ocurre no es fácil de aprehender: Estamos pasando de un tiempo de cambios a un cambio de tiempos…  no es fácil visualizarlo pero intentémoslo.

Las posiciones extremas han perdido vigencia y, al ocurrir, se va produciendo un acercamiento insospechado entre aquellos que, sintiéndose excluidos, unos, cansados de la diatriba y la violencia, otros, van encontrado, al margen de los factores en pugna, caminos de aproximación.

Alteraciones importantes se han producido también en la Región. Ya no hay dos bandos en pugna en Latinoamérica: de un lado la izquierda, del otro la derecha. Ha emergido un poderoso grupo intermedio, encabezado por Brasil, con vínculos de amistad con Chávez pero alianzas estratégicas con Colombia, convirtiendo a ALBA, en orden de dimensiones, en el tercero en discordia.

En un marco planetario, la crisis económica también ha producido reacomodos que abordaremos en su momento, pero que tomadas en conjunto con lo que ocurre en la Región, colocan a Venezuela en pronunciada desventaja, mientras su realidad socio-económica interna sigue en franco deterioro y sus asideros políticos comienzan a ceder.

Por su elevada credibilidad, el reciente pronunciamiento del fiscal neoyorkino, Robert Morganthau, cuestionando la Alianza Irán-Venezuela es otro signo ominoso que vemos dibujarse en el horizonte.

Lo cierto es que atrás, muy atrás, han quedado las realidades que en 1998 apuntaron con certeza a un cambio radical. Los vientos han cambiado de dirección y en su lugar emerge un contexto económico, político y geopolítico para el cual Hugo Chávez y el Régimen venezolano no lucen suficientemente preparados.

 
Jesús HerasNo photo
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