Universidad y frustración

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte

Hay temas muy puntuales que la universidad tiene que revisar con urgencia, uno de ellos es la capacidad pedagógica que tienen sus profesores para cumplir a cabalidad la función formadora de los jóvenes que ingresan a la institución. ¿Quién garantiza que un profesional de cualquier especialidad, muchas veces graduado con las más altas distinciones, está preparado para impartir clases? Puede dominar muy bien su materia, pero también puede tener dificultades para transmitir conocimientos, para hacerse entender por sus discípulos.

Opi-frustracionEl problema es de larga data, sin embargo está presente en cada año o semestre que se inicia, lo que evidencia que poco se ha hecho para solventarlo. Bien ilustrativo es lo vivido por centenares de estudiantes de los primeros semestres de diferentes escuelas de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES) de la Universidad de Carabobo, específicamente los cursantes de la materia Lógica.

En el semestre regular, en cada sección de 40 ó 50 estudiantes, apenas 4 ó 5 estudiantes pasaron la materia y con notas bajas y en el curso de verano fue peor, a duras penas un cursante aprobaba con 10 ó 11 puntos mientras el 99% de sus compañeros eran reprobados con notas menores a 5 puntos.

En los jóvenes reina una gran frustración. Hay quienes no entienden por qué si le han puesto todo el empeño a sus estudios, si comprenden la materia, si elaboran satisfactoriamente los ejercicios que propone el profesor, y hasta toman cursos intensivos extra para tener más conocimientos, salen reprobados. Para ellos la universidad no tiene respuesta, los profesores se niegan a revisar los exámenes, a explicarles dónde fallaron y los muchachos siguen creyendo que lo han hecho bien. Hasta le han propuesto a los profesores que desarrollen el examen ante todo el curso para que en forma colectiva cada quien pueda darse cuenta en donde falló, pero la respuesta es que no hay tiempo o reciben una respuesta más frustrante aún, como la del profesor que escuetamente les dijo: “estudien más, no sean flojos”. Hay quienes tienen un problema mayor, salen de clases sin entender la explicación del profesor, le piden que les explique mejor, pero son frenados con el argumento “ya expliqué y no hay más tiempo”, y así viene la clase siguiente sin que los jóvenes hayan entendido la anterior.

¿Qué papel está cumpliendo la universidad en estos casos? Es obligante hacer una revisión de las cualidades que posee el cuerpo profesoral para desempeñar sus funciones, corregir las fallas y aplicar los mecanismos necesarios para que los docentes obtengan la formación pedagógica que se requiere en estos casos. De lo contrario, cada semestre, en cada escuela, cientos de estudiantes serán presa de la frustración, en una universidad que no los orienta y donde la comunicación profesor-estudiante no funciona.

 
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