Cosas que le pasan a uno

Luis Cisneros Croquer

Luis Cisneros Croquer

Tiempo Confidencial.
Luis Cisneros Cróquer

ME OCURRIÓ y quiero contarlo. Me encontraba en un banco con tres letras, integrado a una cola de ciudadanos que, como yo, intentaban realizar operaciones relacionadas con cuentas bancarias, busca de chequeras, cambios de tarjetas y nuevas solicitudes, y hasta un  tipo que pugnaba por que le emitieran diez cheques de gerencia y estuvo ocupando la atención de un promotor por dos horas. Soportábamos la lentitud de la atención bancaria, debido principalmente al cierre de la taquilla de Atención Integral en la sucursal de la urbanización La Esmeralda de San Diego. Me dispuse, un tanto fastidiado, a buscar un café. Lo pedí en una panadería cercana, “Un guayoyo pequeño”. Me lo sirvieron, bien caliente por cierto, pero cuando asomé un  billete de dos mil, me espetaron el precio socialista: “son tres mil bolos”. “No los tengo”, respondí, dejé el café servido y salí del establecimiento, asombrado por este precio. De regreso al banco ingresé a una frutería, un negocio combinado con venta de carnes. Me gustaron unas mandarinas y agarré tres, de las más pequeñas, las llevé a pesar y pregunté el precio. El muchacho arrugó la frente y me disparó el precio. “Son cuatro mil doscientos, maestro”. Ahí fue cuando quedé atónito y en el acto procedí a reponer las mandarinas. Regresé al banco asustado de cómo anda la inflación en este país. Santo Dios, si eso es hoy, como será mañana. Y en eso se cortó la electricidad en el banco, mientras una señora se quejaba de que tenía una semana sin recibir el servicio de agua.

Opi-bohemia

Me llegó un correo  enviado por un amigo, acucioso él, se la pasa registrando cosas del pasado y encontró una columna que escribía José Vicente Rangel en Bohemia. Está, como es habitual en el conocido periodista, bien escrita y dirigida a comentar situaciones vividas en la época del comentario, vale decir, en tiempos de la Cuarta República. Lo que despierta el interés del lector, entre ellos quien esto escribe, es que pareciera que José Vicente hablaba hacia el futuro; no hay mejor retrato ni mejor pintor. Ustedes lo podrán constatar. He aquí el texto, sin quitarle ni ponerle.

UN GOBIERNO CAMORRERO (19 de Enero de 1981)

“Si el gobierno actual dedicase la misma energía, la misma preocupación, el mismo interés, el mismo esfuerzo, el mismo ingenio que a diario emplea en cazar peleas. En buscar camorra, en agredir a los demás, en hacer obra útil, en laborar por el país, tuviéramos definitivamente, un gran gobierno. De ello no habría la menor duda… La camorra no da dividendos.  Sobre todo a los gobiernos, ya que los ciudadanos eligen a sus gobernantes no para que promuevan peleas y pierdan el tiempo en menudas confrontaciones, sino para que trabajen para todos” (fin de la cita).

EL METRO ATRACO. Están atracando en los propios vagones del Metro de Valencia. La noticia es fresca y cierta y la gente le empieza a tener miedo a ese transporte masivo que se tenía como la gran solución y además parte de la felicidad del valenciano. Una voz susurró: “eso no es todo, hay fallas de electricidad”. Y uno que no se ha montado -y si las cosas son así, no se montará- piensa que el alcalde Parra debe intervenir para aclarar tales comentarios, que se reproducen no por chismear sino para prevenir cosas peores.

Detrás de la inflación acumulada por el desacierto de políticas, la paralización industrial, la agricultura de puertos, las ganancias de quienes tienen las licencias oficiales, está desde luego la especulación. Las consecuencias las pagamos cuando nos enfrentamos a la cajera de turno y nos registramos el bolsillo. Recordamos entonces la frase de aquel asesor del candidato a la presidencia de los Estados Unidos que casi gritaba: “La economía, estúpido”.

 
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