A dios rogando y con el mazo dando

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DESDE MI TORRE

Santiago J. Guevara García

1) No ha pasado por mis ojos u oídos una explicación válida de la situación nacional que no sea en términos de un complejo y difícil conflicto, surgido de la contradicción irresoluble de proyectos opuestos de sociedad (tiranía comunistoide Vs. democracia), la presencia de intereses bastardos en una mediocre dirección política (corrupción y rentismo) y la beligerancia de sectores de nula importancia política en la vida institucional moderna (fuerzas armadas, lumpenproletariado y delincuencia).

En Venezuela no hay una democracia cabal. Tampoco aplican las metáforas del dilema, la negociación o la suma positiva. El juego está trancado. Teóricamente hay dos únicas salidas: la violenta y la confluencia decisiva entre moderados de parte y parte. Evidentemente, ambas sin Chávez.

2) Nosotros mismos hemos propulsado una interpretación de la precisa situación actual, en términos de un cambio en las condiciones de comportamiento de largo plazo del conflicto: la inflexión resultante del 15F se le agotó al régimen y el rechazo a partidos y elecciones marca las posibilidades del juego electoral para los sectores democráticos. Ni la radicalización tiránica de ropaje comunista ni la vía comicial garantizan ganancias relevantes a sus propulsores.

3) Pero ninguno de ellos dispone de la nueva estrategia específica. Chávez y su “sala” saben que sólo les queda la violencia abierta, pero que puede revertírseles; la política partidista se sabe confinada a aspirar a migajas electorales concedidas por el régimen, pero no a desplazarlo o comprometerlo; y la amplia sociedad democrática -la de mejor posición estratégica a largo plazo, por los riesgos y agotamiento de las otras- tiene que debatirse entre la insurrección social y la conformación de un perentorio nuevo “bloque histórico” dominado por los moderados de parte y parte. O ambas.

4) Más acá de Lenin y Gramsci -esa aproximación a la política, mas no su ideología y discurso, sigue siendo la mejor metáfora práctica-  exige al debate dos tiempos y dos dimensiones: respecto a lo primero, cómo aprovechar las condiciones objetivas actuales y cómo organizar la nueva sociedad; respecto a lo segundo, cómo combinar, democráticamente, violencia institucional legítima e “ideología”.

Lo anterior significa que son al menos cuatro los retos de una política democrática para el momento: 1º) salir de Chávez (es una aspiración legítima, propiciada por él mismo, con su inviabilidad); 2º) cómo revestirse de un Proyecto Nacional sustitutivo; 3º) cómo garantizar la paz, la seguridad y la estabilidad durante la transición y el relanzamiento nacional, y 4º) cómo enamorar y empoderar el alma nacional para la reconstrucción.

Así que no me vengan con el fraude conceptual de que la solución es buscar “un líder” o “un candidato”. No se trata de buscar a Dios por las orillas, por la sencilla razón de que nos las robaron. Se trata de construir la iglesia completa. O seguirá Chávez, no por sus méritos, sino por nuestros errores.

5) Aplicando la lupa al momento actual, para procurar las agendas micro (me lo pide un empresario amigo), resulta clara la imperiosidad de una actuación tipo “tenaza”: aprovechar el impasse (visto como pausa) para exigir un repliegue del régimen a concesiones a productores, consumidores y ciudadanos; pero, también, arrancar en la construcción de la nueva historia.

“Lo cortés no quita lo valiente”: Chávez tiene que conceder o se le complica la vida. O mejor aún, “a Dios rogando y con el mazo dando”: aprovechar lo aprovechable del momento, para lo inmediato; pero construyendo nuestra propia opción sustitutiva.

 
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