Brasil y Francia, estrategia de fronteras

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

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Martes, 22 de septiembre de 2009

Si el gobierno brasileño compartiera el neonacionalismo “bolivariano” o “Socialismo del siglo XXI”, dedicaría su política exterior a denunciar el colonialismo francés. En efecto, Francia es el único país europeo que conserva intacta una presencia producto de la era colonial en el sur del continente que además tiene la peculiaridad de compartir frontera con Brasil. Pero en lugar de optar por la ficción de un mesianismo reivindicativo infantil, el gobierno brasileño transforma esa herencia colonial en ventaja al servicio de su empeño por concretar su aspiración a integrar el grupo de las grandes superpotencias mundiales. Si su hegemonía regional en el plano político y económico ya es un hecho, en el plano militar, el excepcional acuerdo estratégico de largo alcance suscrito recientemente con Francia, lo convierte en realidad.

RAFALE-B-parkingEl convenio comporta una inversión inicial de 8.500 millones de dólares, aprobados por el congreso brasileño y debe crecer hasta alcanzar los 14.000 millones de dólares. No se trata de una simple adquisición de equipos militares – lo que debido a la cantidad, especialidad y eficacia de los mismos constituye de por sí un hecho significativo pues Francia dotará al Brasil de submarinos, fragatas, misiles de largo alcance, torpedos, aviones y helicópteros de tecnología muy avanzada. El acuerdo determina además que el mismo se establece dentro de un contexto “estratégico que debe llegar a un equilibrio de intereses y hacer que las cosas funcionen en dos sentidos”, como lo declarara Eric Frappier, director general internacional de Dassault Aviation, la empresa francesa líder de la aeronáutica militar. Esa dinámica de “funcionamiento en dos sentidos” caracteriza el alcance de los lazos que establece Brasil con uno de los países claves de la Unión Europea, potencia militar dotada de fuerza nuclear que, junto a Estados Unidos, comparte el liderazgo en la producción y exportación de armamento y es parte significativa de su producción industrial.

Para concluir el contrato el Presidente Nicolás Sarkozy viajó el 6 y 7 septiembre al Brasil con el pretexto de asistir, como invitado de honor, a las ceremonias conmemorativas de la fiesta nacional brasileña. En realidad, el presidente francés intentaba cerrar la primera parte del contrato de 36 aviones Rafale destinados a renovar la flota aérea militar del Brasil (que comporta entre 120 y 150 unidades). Francia se contaba entre las empresas finalistas solicitadas por Brasil; las dos restantes que concursaban eran: Boeing con su F-18 super Hornet, y el Gripen de la empresa sueca Saab. El Presidente Lula da Silva no disimulaba que su preferencia iba hacia la propuesta francesa, no sólo porque el Rafale es un avión polivalente y bimotor adaptado a la inmensidad del territorio del país, lo que le otorga el dominio del espacio aéreo a los servicios policiales aéreos, sino porque Francia se plegó a las condiciones propuestas por la parte brasileña.

Ocho años duraron las negociaciones iniciadas durante el mandato del presidente Chirac que hoy se ven coronadas de existo, gracias a la tenacidad del presidente Sarkozy quien, a estos fines,  conformo un “war room”, secundado por el Almirante Guillaud, su jefe de Estado Mayor.

lula-sarkoziFrancia tomó en consideración las necesidades de la parte brasileña y se adaptó a ellas, no sólo en el orden técnico, sino también en cuanto a las aspiraciones estratégicas determinadas por el proyecto brasileño, interesado – como se ha dicho- en consolidar su hegemonía regional e internacional. La transferencia de tecnología francesa, uno de los componentes del acuerdo, será determinante para dotarse Brasil de una industria militar autónoma que sólo Francia le garantizaba.

Pero lejos de limitarse al ámbito militar, Francia ha dejado demostrada su disposición de desarrollar una política global hacia el Brasil y ello se expresa en la voluntad de la diplomacia francesa de reactivar y optimizar el intercambio entre ambos países, dándole un espacio prioritario a los ya tradicionales de cooperación cultural. Primero se celebró el año del Brasil en Francia, en ese contexto se le concedió el honor excepcional al ejército brasileño de participar en el desfile del 14 de julio de hace dos años, y este año, le tocó a Francia celebrar el año de Francia en Brasil. Ambos acontecimientos han dado lugar a una densa y nutrida programación cultural: coloquios científicos, artes de la escena, música popular, exposiciones.

Es innegable la coherencia demostrada por ambos países con la firma de este pacto estratégico, cuya vertiente militar es sin duda la más espectacular del continente y convierte por comparación el acuerdo suscrito por el presidente colombiano Uribe con Estados Unidos, que ha despertado tanta alharaca entre los colegas “bolivarianos”, en un pálido convenio de cooperación técnica. Por cierto, el Presidente Lula se abstuvo de mencionar su pacto estratégico con Francia en la cumbre de Unasur celebrada hace pocos días en Bariloche, mientras otros intentaban colocar al presidente colombiano en el banquillo de los acusados.

El presidente Lula declaró en una entrevista acordada con los medios franceses: “El Brasil debe poder convertirse en una potencia del siglo XXI, poseemos todo lo necesario”; “el Brasil debe jugar un papel de pacificador, de conciliador”. En relación a Irán y a Venezuela, considera que “debemos convencerlos políticamente”. “Lo que no se debe hacer es ponerlos entre la espada y la pared”. Ni una sola referencia hizo, aunque fuese para disimular el cinismo, a la situación de la democracia en esos dos países, o a la lucha desigual que llevan allí las corrientes democráticas.

El presidente brasileño deja claramente demostrado que no le importa para nada la situación de la democracia en Venezuela ni en Irán. Las violaciones de los derechos humanos es algo que no le compete a un país que se propone llegar a ser “una potencia del siglo XXI” . De hecho mientras el “Socialismo del siglo XXI” signifique el debilitamiento de la economía de los países de la zona, en particular Venezuela, más se refuerza el Brasil en su vocación imperial.

Este artículo ha sido editado por ABC para adaptarlo a su formato y requerimientos de diagramación.

 
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