La operación “Zelaya”

zelaya1Si las historias de embajadas sitiadas, asaltadas o usadas como asilo/refugio son buenos referentes para tratar de anticipar lo que ocurrirá en Tegucigalpa, es probable que el presidente depuesto Zelaya se convierta en un semi-prisionero.

Lo primero que llama la atención del caso Zelaya, desde el mismo momento que fue defenestrado del poder es su atipicidad. En nuestro continente, la historia de políticos y ex presidentes derrocados que acudieron a las embajadas para asegurarse su salida del país es inagotable, pero nunca antes un político con una orden de enjuiciamiento  por delitos de orden penal y constitucional, había regresado clandestinamente para buscar refugio en una embajada.

El hecho, dice mucho del respeto al Estado de derecho del gobierno del presidente Micheletti al permitir que un político con un juicio pendiente en un gobierno de facto tenga asegurada sus garantías constitucionales. Es mucho más de lo que pueden decir muchos venezolanos en el exilio.

Si el gobierno de Honduras actúa con el recato y la ponderación necesaria, el incidente podría devolverse en contra de sus autores intelectuales. Si se calculó para que coincidiera con la apertura de la Asamblea Anual de la ONU en Nueva York, podría ser un gran error. En tiempos en que la violencia política se enseñorea en otras latitudes, la opereta zelayo/‘“bolivariana”” no ha logrado mayor cobertura fuera de América Latina. Pronto la noticia se deslizará a reseñas menores y el gobierno de Honduras sólo tendrá que tener paciencia e insistir en lo que todo el mundo ya conoce, la injerencia del gobierno venezolano.

Es bien sabido que la procesión continental de Zelaya siempre descansó sobre los hombros del presidente Chávez y de nuestros menguados recursos petroleros. De modo que la aventura zelayista tiene impresa por los cuatros costados las huellas digitales “bolivarianas”.

La historia

El respeto a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas no ha sido universal. El ejemplo más brutal se produjo en 1979 en Teherán, cuando una multitud de fanáticos islámicos, entre quienes se encontraba el actual presidente Mahmoud Ahmadinejad, asaltó la embajada de EE UU y secuestró a 53 funcionarios diplomáticos. El país más poderoso de la tierra, presidido por uno de los presidentes más incompetentes de su historia, Jimmy Carter, hubo de aceptar con impotencia la humillación infringida por un gobierno teocrático de facto durante 444 días.

En 1949 el líder y fundador del APRA, Raúl Haya de la Torre, perseguido por la dictadura del general Manuel Odría, se asiló en la embajada de Colombia en Lima. Una negativa sistemática del salvoconducto lo obligó a permanecer en la embajada hasta 1954. Sólo después que la Corte Internacional de Justicia de La Haya sentenciara por segunda vez a su favor y aumentara la presión internacional el gobierno peruano autorizó el salvoconducto.

Menos tiempo pero la misma controversia provocó el asilo del líder de Acción Democrática, Rómulo Betancourt, en la embajada de Perú en Caracas a la caída del gobierno de Rómulo Gallegos. Más recientemente las autoridades policiales de Uruguay violaron la inmunidad de la embajada de Venezuela en Montevideo para arrestar a una persona que solicitaba asilo diplomático.

El enigma

Como las circunstancias en cada caso son diferentes la solución de una crisis de esta naturaleza dependerá de la forma como cada gobierno aborde la realidad política.

El hecho de que Zelaya no era un perseguido político y haya ingresado clandestinamente a Honduras lo coloca en una situación algo confusa. En las primeras de cambio se presenta un curioso caso para calificar. ¿Es un asilado diplomático de acuerdo a la Convención de 1954? ¿Es un asilado territorial de acuerdo a la misma Convención sobre Asilo Territorial de 1954?  ¿Es un asilado o un refugiado político de acuerdo al Tratado de 1939? ¿Es un asilado de acuerdo a la Convención de 1928? ¿O es simplemente un ex presidente destituido por un Parlamento, sometido a juicio por una decisión de la Corte Suprema de Justicia e imputado por la Fiscalía General de la República?

Es muy probable, si nos atenemos también a los antecedentes, que los “bolivarianos” que complotaron este desaguisado nunca se hayan formulado estas interrogantes. En cualquier caso es también un desafío a ese halo de cordura y eficiencia que ha rodeado al Palacio Itamaraty[i].

En cuanto a la posición de EE UU, la cual intriga a algunos, podrán alegar como  solía  decir otra secretaria de Estado demócrata, Madeleine Albright que “en política exterior, a diferencia del beisbol, no hay un campeonato mundial, no hay victorias permanentes, ni 70 jonrones. En nuestra era, ni los adversarios, ni las reglas, ni los campos de juego son fijos”.


[i] Cancilleria brasilena

 
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