A despertar valencianos

Francisco Bello

Francisco Bello

Francisco A. Bello Conde

Quienes nacimos y crecimos en Valencia, desde siempre, hemos sido defensores de nuestro gentilicio y de nuestra ciudad, al punto de tener fama de vanidosos, creídos y “cerrados” en el resto del país.

Hemos repetido desde siempre que Valencia es la mejor ciudad para vivir, que las valencianas son las mujeres más bellas, que el Magallanes es incomparable, que desde aquí se selló la independencia de Venezuela, en fin, hemos conseguido en nuestro entorno, miles de razones para alimentar nuestro orgullo. Nuestras industrias, nuestra universidad, nuestro Fernando Peñalver, nuestro cerro El Café, nuestra gente, nuestras costumbres, nuestras creencias, han sido causa y motivo de inspiración valenciana.

De pronto, como si uno de esos inmensos aguaceros que caen cada invierno hubiese lavado ese sentimiento, hemos permanecido en un letargo que dista mucho de lo que somos.

Arrastrados por el fantasma de la polarización que tanto daño ha hecho al país, condenamos a nuestra ciudad con el peor gobierno municipal de la historia democrática. Se plantearon las cosas con una superficialidad que nos impidió (a algunos aún les impide) reconocer a quienes se disfrazan de rojo para aprovecharse de los ingenuos que aún creen en Chávez y a los que se esconden tras decenas de tarjetas electorales vacías, para aprovecharse de la buena voluntad de parte del sector opositor, que permanece ciego de intolerancia y desesperación.

Una ciudad llena de huecos, las aceras tapizadas de basura y las inmensas estructuras que se levantan amparadas en cambios de zonificación fraudulentos, son la fachada de una realidad aún más oscura, donde el desparpajo y la ostentación son casi tan reprochables como el interesado silencio de quienes pretenden ser electos sin arriesgar sus privilegios con el gobierno central.

Faltan aún 3 años para que podamos escoger un nuevo alcalde, sin embargo no tenemos tanto tiempo para soltarnos el trapo con que vendan nuestros ojos.

Ruego porque muy pronto se aparten los chubascos y renazca la esperanza, porque se imponga el arraigo valenciano sobre la ambición de terceros, porque imperen las convicciones sobre el mercantilismo, lo medular sobre las fachadas, la franqueza sobre el disfraz y los sueños sobre la resignación.

¡A despertar valencianos!

 
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