El sur marca la pauta

CUMBRE280909-01REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte

Las intervenciones de los primeros mandatarios latinoamericanos en la última reunión de las Naciones Unidas sirvieron para ratificar que esta región marca el camino de lo que debe ser la nueva concepción del mundo.

En América Latina se levanta una corriente democrática, de participación de los movimientos sociales, que apuesta a la inclusión de todos los sectores y que cada día cobra fuerza. Que se llame socialismo o como quiera denominársele, es lo de menos, lo importante es la sintonía que existe entre los diferentes países de este continente, el sentimiento integracionista que marca a los diversos gobiernos y ello constituye una buena base para pensar en una futura región que avanzará en forma coherente, con suficiente peso político y económico para enfrentar cualquier vicisitud.

Sólo los sordos, los que a toda costa quieren ignorar que las cosas han cambiado, podrán decir que la voz de Latinoamérica no se hace sentir en estos momentos en cualquier escenario del mundo. Oír al brasileño Lula da Silva abogando por unas nuevas relaciones económicas, al boliviano Evo Morales exigir que se piense en el desarrollo sin irrespetar la naturaleza, a la argentina Cristina Kirschner abogar por más justicia, al uruguayo Tabaré Vásquez reclamar un sistema de salud que atiende a los que menos tienen o al venezolano Hugo Chávez exigirle a Obama que asuma su responsabilidad ante los grandes problemas del mundo, es una muestra de por dónde va América Latina.

Apenas terminaba la reunión de la ONU, el sentido integracionista latinoamericano ratificaba en la isla de Margarita que su radio de acción se extiende a otros continentes, buscando la unión con pueblos de África del sur que luchan por abolir las desigualdades que los han marcado por siglos. Esta cumbre de mandatarios de América del Sur y África reunió aproximadamente a una tercera parte del total de países que integran las Naciones Unidas, lo que representa un esfuerzo muy importante en las propuestas y políticas que puedan adelantar por iniciativa propia o dentro de cualquier organismo internacional, es decir, que la voz de las naciones del sur tiene fuerza por primera vez en la historia para impulsar ideas y proyectos que las beneficien verdaderamente y no esperar las dádivas de los países desarrollados.

Terriblemente difícil esta tarea, pero no imposible. Todo depende de la disposición y compromiso de los actuales gobernantes de América del Sur, de Africa y de otras latitudes, interesados en sumarse a este grupo que busca la justicia y equidad en las relaciones internacionales. Del otro lado, siempre estará el imperio acechando, ahondando en las debilidades, presionando y manipulando con las necesidades de los más débiles. Ojalá, apartando ideologías y otras diferencias, los pueblos del sur entiendan que es el momento de unirse para avanzar hacia un mundo mejor.

 
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