La Huelga que fue Abortada

stop-signJESÚS HERAS –

Ante las cámaras de televisión Rebecca Rojas, estudiante de la Universidad de Oriente, anunció que se suspendía la huelga de hambre. Eran pasadas las nueve de la noche del miércoles 30 septiembre y los alrededores de las oficinas de la OEA en Las Mercedes, estaban  poblados de estudiantes, familiares de los huelguistas, periodistas, militantes del antichavismo fanático y centenares  de  curiosos. Habían transcurrido 155 horas de ayuno, desde que el jueves de la semana anterior un grupo de estudiantes universitarios  iniciaron una protesta para solicitar la libertad de Julio César Rivas, detenido por participar en la marcha del 22 de agosto en Valencia, en rechazo a la Ley  Orgánica de Educación.

Una huelga imprevisible

La huelga no era previsible. No obedeció a líneas de partido ni tampoco a iniciativas de los núcleos que han estimulado acciones del estudiantado universitario a raíz del cierre de RCTV. Para cobrar perspectiva, recordemos como arrancó.

Varias representaciones estudiantiles habían acudido hasta  la sede del  organismo internacional, acompañados por  los abogados Alfredo Romero, Gonzalo Himiob y Tamara Sujú del Foro Penal, con el fin de solicitar su intervención ante la represión policial y la  detención del joven Rivas. Mientras se entregaba un documento al representante de la OEA, los estudiantes decidieron no abandonar  el  lugar y no ingerir alimentos indefinidamente. ”Fue una sorpresa para todos” confiesa Sujú, la abogada que durante dos años vigiló la estancia de Nixon Moreno en la Nunciatura Apostólica  de Caracas.

La televisión dio la noticia y comenzó un intenso ajetreo. Se hizo un llamado a la población para llevar colchonetas, sábanas, objetos para el aseo personal y tarjetas para celulares. Estudiantes provenientes de varias ciudades (fue notoria la ausencia de dirigentes de las universidades caraqueñas) comenzaron a sumarse. En Valencia, donde todo inicio, como en Puerto Las Cruz y San Cristóbal se siguió el ejemplo. En horas, la acción cobró resonancia nacional e internacional. Dos hechos podrían explicar el fenómeno: La vigorosa movilización nacional contra la LOE que se produjo en agosto, sembrando la convicción que con el reinicio de las clases ésta asumiría mayor fuerza; y la acción represiva del Régimen contra las manifestaciones con un alarmante saldo de presos políticos, en su mayoría por el “delito” de protestar.

Los tres mosqueteros

Romero, Himiob y Sujú sintieron caer de pronto sobre sus hombros una inesperada responsabilidad. Eran, de hecho, los referentes de una acción que no habían emprendido y que en caso de escalar, podía desembocar, como en efecto estuvo a punto de ocurrir, en un serio estallido social.

Por supuesto, a esas horas ya se habían hecho presentes los líderes políticos y la atención y la ayuda de los huelguistas corría a cargo de las alcaldías mirandinas y la Alcaldía Mayor. No obstante, por la naturaleza espontanea de la acción y la ausencia de un liderazgo definido, no existía aun claridad sobre los objetivos, más allá de exigir la libertad de Rivas, convertido ya en héroe mediático de una nueva rebelión estudiantil.

Siempre se ha dicho que iniciar una huelga de hambre es relativamente fácil y que lo difícil es calibrar el momento y con qué resultados debe darse por terminada. La liberación de Rivas era un objetivo pero no podía ser el único. En las cárceles permanecen decenas de venezolanos sometidos a juicios amañados de retaliación o represión del régimen. Si bien la prisión de Rivas, ordenada por el gobierno, era una manera de atemorizar a la población estudiantil, concederle la libertad, para evitar una escalada del conflicto, no implicaba necesariamente una demostración de debilidad. Pero ¿Qué ocurriría con la huelga si Rivas era en efecto liberado?

Ello ocurrió. La tarde del lunes 28, Romero fue informado que se firmaba la orden de excarcelación de Rivas  ¿Ahora, cómo dar la noticia? Por su mente debió correr el sacrificio de los huelguistas y el efecto de opinión generado durante varios días. Además, la libertad de Rivas era el resultado de la presión desatada por la huelga pero las causas por las que Rivas y tanto otros venían luchando, quedaban en el aire.

La salida lógica para contrarrestar la inevitable tentación de suspenderlo todo, era subir la temperatura del conflicto. Si Rivas se sumaba a la protesta se cumplía ese cometido. De manera que cuando éste, una vez liberado, llegó a la concentración, anunciando que con su sola liberación no bastaba y que era indispensable pedir también la libertad de los demás, la temperatura en efecto se elevó, presagiando una tormenta que podría haber llegado a cualquier nivel imaginable.

En días anteriores, los comisarios Simonovis y  Forero, el empresario Eligio Cedeño y el periodista  Gustavo Azócar en San Cristóbal  se habían sumado al ayuno impulsado por los universitarios.

Pero ¿Era realmente factible la libertad de todos los presos políticos? ¿Hasta dónde se podía llegar?

El detective inmortal, Hercule Poirot creado por Agatha Christie

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Otra vez Insulza

Había que buscar un planteamiento sintonizado con la realidad que pudiera ser satisfecho de inmediato facilitando un desenlace honroso de la huelga.

Himiob y Romero habían participado en varias audiencias de la Comisión de Interamericana  de los Derechos Humanos y establecido un contacto fluido con su relator Santiago Cantón. Esa fue la vía que se utilizó para gestionar una declaración del Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza en la cual éste planteara la conveniencia de que una Comisión de ese organismo internacional visitara el país.

A Insulza se le ofrecía en bandeja de plata una oportunidad para lavarse la cara ante la opinión venezolana. El hecho de proponer el viaje de una comisión investigadora poco lo comprometía pero cuando menos revelaba algún interés  por el caso venezolano. El Presidente Chávez, quien ha recurrido a la autoridad de la OEA para resolver el conflicto de Honduras, se ha negado, sin embargo, a aceptar la presencia de observadores de ese organismo en nuestro país.

Insulza, así parece, se comprometió con Cantón a grabar una declaración en este sentido. Mientras tanto, llegaban sorpresivamente a Las Mercedes, Delsa Solórzano Barboza de Un Nuevo Tiempo y Manuel Guanipa, Secretario General de Primero Justicia, acompañados por el abogado Juan Carlos Apitz para actuar como mediadores ante lo que consideraban una peligrosa prolongación de la huelga. Mucha gente se preguntó entonces y se pregunta hoy, ¿Peligrosa para quién? Porque para los estudiantes o los presos políticos ciertamente no lo era.

Apitz, quien también mantiene relaciones con Cantón subió a las oficinas de la OEA y de allí llamó al Relator, quien le anunció que en cosa de minutos se produciría el anuncio de Insulza lo que, a su entender, era suficiente pretexto para declarar el cese de la huelga. Cantón seguramente pensaba que Apitz actuaba de común acuerdo con Himiob y Romero, lo que como se supo después no era así.

Lo cierto es que Apitz, sin siquiera esperar a que se produjera el pronunciamiento ofrecido, redactó el documento que leería Rebecca Rojas ante los medios, poniendo punto final a la Huelga.

Lecciones, certezas y una interrogante

La huelga deja varias lecciones. La primera de ellas es que la presión popular puede arrancar ciertas concesiones al Régimen, y que acciones de este tipo contribuyen a que la comunidad internacional abra los ojos ante la progresiva deslegitimación democrática venezolana. También pone en evidencia la naturaleza plural y diversa de los factores que adversan el proyecto chavista; y la eficacia de nuevas formas de resistencia, que trasciendan el plano puramente partidista, declarativo o retórico. Pero también despierta suspicacias y deja abiertas gravísimas interrogantes.

La información que de fuentes confiables ha llegado a nosotros, ponen en tela de juicio tanto la participación del abogado Apitz, a espaldas del Foro Penal, como la de los representantes de UNT y Primero Justicia, fungiendo de mediadores.

Son dudas legitimas que claman por una explicación, porque al no producir la huelga resultado tangible alguno, que no fuera la liberación de quien se había arriesgado por objetivos mucho mayores, queda en grave entredicho la intromisión de un abogado ad hoc y dos organizaciones políticas a las que nadie había apelado.

Entretanto, ha cobrado certeza la versión según la cual esta espontánea y corajuda rebelión juvenil que había colocado al Régimen a la defensiva, ofreciendo una oportunidad de oro para negociar una salida honorable, fue expresamente abortada, no importando las motivaciones de los huelguistas o sus consecuencias sobre la suerte de otros que, por el mismo “delito” de Julio Rivas, siguen en los calabozos, privados de su libertad.

Solo una interrogante persiste, ¿A qui profite le crime?[i]


[i] La frase es del famoso detective creado por Agatha Christie, Hercule Poirot. ¿A quién beneficia el crimen?

¿Quien recibió el beneficio de que la huelga se abortara?


 
Jesús HerasNo photo
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