Chávez escondido

Francisco A. Bello Conde

Francisco A. Bello Conde

Francisco A. Bello Conde –

En los últimos días hemos visto extrañados la desaparición de Chávez de los medios de comunicación y de eventos públicos, sobre todo porque su estrategia comunicacional nunca ha utilizado el “bajo perfil” como herramienta, por el contrario, nos tiene acostumbrados a extensos y elocuentes discursos que le han servido para sembrar esperanzas en los desposeídos, para crear  “trapos rojos” que distraen la atención del país hacia un tema distinto a los que le hacen daño o  para escribir la agenda  política nacional, incluyendo la de la oposición.

chavez-escondidoExisten sólo dos posibles explicaciones: que esté atravesando una enfermedad importante, cuyo principal componente sea físico o mental, o que obedezca a una estrategia para detener la caída que han venido experimentando sus niveles de popularidad.

En lo personal, no tengo duda de que su “desaparición”, está ligada al deterioro en la evaluación de su gestión de gobierno,  al descenso en la intención de voto que experimenta el candidato Chávez en unas hipotéticas elecciones presidenciales, y sobre todo, al creciente porcentaje de venezolanos que responsabilizan al propio Presidente de los problemas del país.

Las tendencias electorales no cambian a menos que exista un hecho particular que provoque la reorientación de la opinión pública; mejor dicho, esa caída que evidencia el Presidente no se detendrá a menos que suceda algún evento extraordinario que se lo permita, como en su oportunidad fueron el resultado del Referéndum Revocatorio y el abominable “Carmonazo”.

Por otra parte, la estrategia no se modifica mientras esté dando resultados, por lo que un cambio tan radical pone en evidencia que el sector oficial está en cuenta del retroceso e intenta reflotar la imagen del Presidente, que representa el único sustento de un gobierno  fracasado.

Sin embargo, los problemas del país son irresolubles con un cambio de estrategia comunicacional. Estamos en una etapa donde pareciera que ni la inseguridad, ni la crisis de salud, ni el problema energético, ni la escasez de agua, ni el estómago de los venezolanos aguantan más promesas sin hechos tangibles.

El viento una vez más sopla en dirección correcta, ojalá surjan capitanes idóneos, timoneles altruistas y marineros comprometidos, que nos regalen la calma, que nos inspiren certeza mientras llegamos al puerto.

 

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