TEORIA DEL CAOS EN EL PROCESO CHAVISTA

POr-Chavez-Bolivar-02JESÚS HERAS –

No había razón para esperar anuncios trascendentales en materia económica. Chávez lo ha dicho más de una vez en lenguaje militar: “primero la artillería y después la infantería” es decir, a la demolición del modelo político sucederá la construcción de la economía socialista. Y eso es lo que ha venido ocurriendo a lo largo de casi once años. Por supuesto, es un camino  de marchas y contramarchas, de “un paso atrás y dos pasos adelante”, como recomendaba Lenin en  la Rusia bolchevique.

Cuesta creer que ello sea posible en tiempos de globalización y espectaculares saltos tecnológicos. Más aún en un país con las  fortalezas democráticas de Venezuela. Pero esa es la dolorosa contradicción que atrapa a los venezolanos. Por ejemplo, el régimen está obligado a tomar  medidas para afrontar una situación económica agravada por la caída del ingreso petrolero, el derrumbe de las exportaciones, el declive  de la inversión , la destrucción del aparato productivo y el nivel más alto de inflación  de América Latina; además, del impacto  de la recesión mundial.

En ese marco la anunciada comparecencia de los ministros de la economía  despertó una justificada expectativa. ¿Pero qué ocurrió finalmente? Jorge Giordani, Alí Rodríguez, Jesse Chacón, Diosdado Cabello, Rodolfo Sanz y Nelson Merentes, hicieron una relación de hechos cumplidos y  promesas genéricas.

MÁS DE LO MISMO

Los ministros   escurrieron el bulto ante la realidad. ¿Cuáles son las medidas para detener la inflación, un fenómeno que castiga severamente a los sectores populares? D.F Maza Zavala calcula que la aceleración de precios estará en el orden de 40 por ciento cuando menos, acentuándose sobre todo en el área alimentaria. ¿Por qué no sincerar el signo monetario? Para la lógica chavista, es más fácil recurrir a manejos financieros menos transparentes en el mercado paralelo para manipular el precio del dólar.

¿Cuándo se abordará la verdadera situación de PDVSA? Sus cuadros financieros, la ineficiencia operativa, la posición de la empresa en el mercado internacional, su estrategia de negocios y los costos del mercado interno de la gasolina, son asuntos que deben ser ventilados de cara a la nación. Sólo sobre esta base se generaría el consenso mínimo que requiere una política  en función del interés nacional.

El reclamo, cae sin embargo en el vacío. Las  políticas del régimen no apuntan hacia soluciones eficaces sino a favorecer (hasta ahora de manera engañosa) a un sector de la sociedad que se considera el objeto social de la revolución y a ahuyentar a aquellos que no lo son. De esta manera no todo lo que ocurre es producto de la improvisación  o ineptitud de ministros y funcionarios sino el resultado, previsto y calculado, de una operación de alcances mayores en el mediano y largo plazo.*1

EL REINO DEL CAOS

La derivación de una política de este signo (y esa ha sido la experiencia de los modelos del socialismo totalitario), es el agravamiento de los problemas estructurales y la creación de un clima de caos y agitación social para el cual se prescriben todas las formas de la represión y la intimidación desde el poder.

Cualquier visitante que revise la primera página de los periódicos tendrá la sensación que pisa un territorio en guerra. Las ciudades son azotadas por “apagones” y se anuncia el racionamiento eléctrico; la falta de agua desata la indignación en barrios y urbanizaciones;  los hospitales colapsan, mueren pacientes por falta de insumos y los médicos son amenazados de muerte por el hampa;  la reparación del Metro paraliza a Caracas; los homicidios del fin de semana se comparan solamente con Ciudad Juárez en México, pero allá la ciudad es escenario de una guerra entre carteles de la droga y aquí se trata de la arremetida de la delincuencia contra la población; los precios de los productos básicos crecen exponencialmente; y mientras tanto el Presidente de la República bloquea radios y televisoras durante ocho horas para recordar su íntima amistad con Fidel Castro.

RESPUESTA SOCIAL

¿Cómo entender el cuadro surrealista de la Venezuela de Chávez? Para el viajero es una impresión confusa y absurda. ¿Cómo puede ocurrir ello en un país que ha recibido una cantidad jamás imaginada de recursos en pocos años? Esa es la interrogante que corresponde descifrar a la inmensa mayoría de los venezolanos (que a despecho de algunas encuestas) no apoyan ni comparten una tarea de destrucción nacional. La respuesta es más apremiante para los dirigentes políticos y los partidos que adversan el proceso chavista. ¿Por qué su mensaje y las intensas  luchas libradas durante una década no han sido capaces de evitar que el país llegue al borde del abismo?

Habría que concluir que no ha existido un diagnóstico correcto de la naturaleza del régimen y de la manera de enfrentarlo con eficacia. El chavismo no es solamente un pésimo gobierno, que  lo es en extremo, sino  fundamentalmente una propuesta revestida de atractivos ideológicos  y sustentada en un liderazgo carismático ( nada nuevo en el reciente siglo XX), que asalta el poder para imponer un modelo de dominación social  y cultural.  Para alcanzar esta meta  requiere excluir y segregar a la parte de la sociedad que no suscribe esa visión ideológica y que, en consecuencia, se considera enemiga.

En este contexto, la confrontación convencional entre gobierno y oposición o entre “chavismo y antichavismo”  ha servido mucho más al gobierno, como factor legitimador de una democracia interferida y atrofiada, que a las aspiraciones de ese otro país que el Régimen busca excluir. La tarea de los sectores democráticos, que expresan – o tendrían que expresar- un sentimiento que es compartido por nueve de cada diez venezolanos, supone la construcción de una alternativa incluyente, necesariamente opuesta a los dos extremos, nada fácil dado el atractivo fatal que parece ofrece la polarización para factores decisivos de ambos bandos.  De allí que, pese al caos propiciado por el régimen, y su duro impacto sobre el bienestar del venezolano, a la hora de contabilizar las preferencias, la mitad del país aun se ubique, de un lado y la otra mitad del otro.

La escritora rumana Herta Müller ganó hace una semana el Premio Nobel de Literatura. En una de sus crónicas deja el testimonio de lo que era Rumanía bajo el comunismo: “la única labor productiva que merecía la pena era la fabricación del miedo, y al final sólo se tenía un montón de miedo; la industria era un depósito de chatarra y la agricultura estaba destruida”.

Aun conociendo la respuesta, habría que preguntarle a la laureada escritora como hicieron los rumanos para superar los temores, salir del caos y retomar, en un marco de libertad, el camino del desarrollo y el bienestar social.

 
Jesús HerasNo photo
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