La selección nacional y sus bemoles

Jhonny Castillo

Jhonny Castillo

Letras del Fútbol
Jhonny Castilo

Superada la resaca que dejó la imposibilidad de ir al Mundial Sudáfrica 2010, es bueno, ya tranquilos y a sangre fría, hacer algunos comentarios en torno a  la situación actual del fútbol venezolano.

Lo primero que debemos señalar es que sería un grave error  continuar sobrevalorando la  mejoría alcanzada por el balompié criollo durante los últimos años en  competencias internacionales como las eliminatorias suramericanas, los torneos  Sub-20 y la Copa Libertadores de América.

Somos del criterio que aún estamos lejos de ubicarnos en el  nivel de países con historia y tradición en el contexto futbolístico regional como Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile, tan sólo por colocar algunos ejemplos.

Decir como se ha dicho  que ya  estamos a la altura de alguno de  los países mencionados es una gran irresponsabilidad. Entre otras cosas, porque es totalmente falso que el repunte de nuestro fútbol sea producto de un trabajo organizado y sistemático, asegurar lo contrario es pura demagogia política y patrioterismo.

Seríamos muy egoístas y mezquinos si negáramos el ascenso que ha experimentado el fútbol nacional, pero debemos estar claros que eso no obedece a ningún proyecto, sino al esfuerzo de algunos jugadores, técnicos y dirigentes, quienes han catalizado una circunstancia en positivo, generada más por una dinámica natural y por esfuerzos individuales que por motivos propiamente  estructurales.

Para entender los razonamientos que ahora  estamos tratando de justificar bastaría con detenernos en lo que desde hace muchos años en Venezuela hemos llamado de manera absurda “fútbol profesional”. No puede ser profesional un campeonato en el que el noventa  por ciento de los equipos que participan en el mismo dependen directamente de la ayuda económica que reciben de las alcaldías y las gobernaciones de los estados.

Con la excepción de algunos equipos, la gran mayoría subsisten gracias al aporte venido del sector público. Con el agravante de que ni siquiera de los clubes  que hacemos salvedad cuentan con    estadios propios e instalaciones adecuadas para la práctica del fútbol.

Y no es que la ayuda del Estado sea mala. Todo lo contrario, es muy buena, bienvenida sea. Sólo que los equipos del fútbol nacional deben transformarse en organizaciones con capacidad de generar algunos recursos a través de la publicidad, la promoción y los convenios,  pero sobre todo, a través de los aportes de los fanáticos identificados y sumados al equipo como socios.

Es verdad que por primera vez en la historia de este deporte  se soñó con la posibilidad de estar en un mundial de fútbol. Pero lograrlo pasa por aprovechar al máximo las capacidades y destrezas naturales  de un reducido grupo de jugadores  que se han venido formado en escuelas y academia de fútbol dispersas en instituciones privadas.

Debe ser casi una proeza armar una selección más o menos competitiva en un país donde el llamado fútbol profesional es un  desorden total, marcado por las improvisaciones, la corrupción, y la pésima utilización  de los recursos provenientes, la mayoría, de las arcas del Estado venezolano.

Pero lo que es peor un fútbol que no cuenta con una modesta organización capaz de aprovechar las habilidades de niños que viven en comunidades pobres, y que lamentablemente no tienen la posibilidad de acceder a una institución que se encargue de formarlos científicamente en la práctica de esta disciplina.

El fin último no pude ser asistir a un mundial de fútbol, eso lo deseamos todos quienes amamos este deporte, pero eso será apenas una fantástica consecuencia de un proyecto serio y sistemático que debe ponerse en práctica a  corto plazo.

Por eso y por muchas razones habría que levantarle una estatua al entrenador Richard Páez, quien tuvo la inteligencia necesaria para reunir a un grupito de jugadores talentosos, a quienes les hizo creer con audacia que estaban capacitados para empujar una utopía. Por ahí había que comenzar, ellos fueron el modelo. La semilla está sembrada, ahora debemos  hacerla germinar en medio del desierto.

jhocas10@hotmail.com

 

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