Que lo devuelva

Tropas estadounidensesen Afganistán.

Tropas estadounidensesen Afganistán.

REPIQUE

Mélida Qüenza Ponte


Nada más acertado que la expresión del cineasta Michael Moore sobre el otorgamiento del Premio Nóbel de la Paz al presidente estadounidense Barack Obama, Moore, en su estilo característico, comienza por alegrarse de que el presidente de su país gane tan reconocido galardón, pero agrega muy claramente que si el presidente no retira las tropas gringas de Afganistán está obligado a devolver el inesperado  premio.

Es lo menos que puede hacer Obama, pues es una contradicción ir por ahí con la bandera de la paz mientras sus soldados invaden, reprimen y causan centenares de muertos en un territorio cuyo pueblo les ha resultado un hueso duro de roer, donde están perdiendo la guerra (reconocido por los mismos jefes militares de EE.UU) a pesar del incremento de recursos, tanto materiales como humanos, que el país del norte ha dispuesto para ese conflicto.

Han surgido muchas interpretaciones sobre la decisión de Oslo de conceder el Premio Nóbel de la Paz a Obama, uno no sabe realmente qué intereses privaron para ello, lo que sí es cierto es que desconcertó a todos los sectores. Los progresistas no entienden ese premio con lo que sigue existiendo en Guantánamo, el apoyo a las atrocidades de Israel, lo de Afganistán, el terror que se sigue sembrando en Irak, la amenaza constante de invasión a Irán, las bases militares en Colombia, entre otras cosas. Por otra parte, hasta la ultraderecha estadounidense ha reaccionado contra esa premiación, aunque allí se entiende la frustración de los belicistas que ven en la decisión de la Real Academia Sueca y la Fundación Nóbel un freno a sus aspiraciones de que Estados Unidos fortalezca su política expansionista con guerras e invasiones, agregando a la lista casos concretos como la tantas veces anunciada invasión a Irán. Si Obama siente el compromiso con el Nóbel de la Paz, naturalmente se desvanecen los planes de la industria militar que obtiene fabulosas ganancias en cualquier conflicto armado.

Ese premio de Obama da para todo. Ahora no nos extrañe que el gobierno de Israel siga con el exterminio del pueblo palestino y diga que tiene el apoyo de un Premio Nóbel de la Paz. Lo mismo podría decir el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, que las bases militares gringas en territorio de ese país están apadrinadas por un “hombre de paz”. Y así, cualquier barbaridad, atropello, genocidio, etc., perpetrado por gobiernos amigos o mandatarios protegidos por Estados Unidos, se tratará de justificar con un “aletazo de paz”, del águila imperial.

 
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