“Más que de Oposición hablemos de Disidencia”

americo-martiEL ABC DE AMÉRICO MARTÍN
MANUEL FELIPE SIERRA

Hay una emergencia social y política que no se siente representada por la dirigencia política • Partidos de Oposición no recogen las deserciones del chavismo
• Batallones y patrullas socialistas no son más que rótulos vacíos

El dirigente político, ex candidato presidencial y miembro de la mesa de organizaciones y acuerdos facilitada por la OEA y el Centro Carter en el 2002, habla sobre el escenario político nacional. Sostiene que los acontecimientos van por delante del liderazgo; que el oficialismo ha sido minado por la corrupción y que los factores antichavistas deben abrirse a la sociedad “que está hirviendo en todas partes”

En su caso si cabe la frase de “testigo de excepción”. Casi niño conoció las torturas del perezjimenismo. Líder de la juventud universitaria de los años 50; fundador del MIR; comandante guerrillero; candidato presidencial y estudioso a fondo del proceso histórico venezolano, Américo Martin dedica unos minutos para los lectores de ABC de la Semana. Con su proverbial rigor comenta sus libros sobre la transición cubana y la violencia en Colombia, este último a punto de salir a la calle. Con claridad pasa revista al escenario político venezolano sin ningún tipo de concesiones críticas.

Problemas como el alto costo de la vida y la inseguridad han desbordado la capacidad del régimen. A ello se añade el derrumbe de dos servicios básicos vitales: el agua y la electricidad. ¿Estamos en presencia de un colapso del modelo chavista?

Lo llamativo de esos problemas es que han tomado un carácter estructural. En otras situaciones históricas había altibajos en la incidencia de esos fenómenos. Ahora también puede haberlos pero dentro de una línea de permanencia que por eso llamo estructural. Según las propias cifras emanadas del INE la pobreza se ha mantenido en el mismo sitio durante una década, lo que es un verdadero escándalo. De nada sirve que el gobierno se ufane de haberla reducido a la mitad. Es una falacia. Para que no pesen en el porcentaje, el gobierno excluye del Índice de Bienestar problemas como el de la vivienda, asunto que no sabe o puede resolver. También es una insigne tontería justificar los apagones con el argumento de que la demanda ha aumentado. Subliminalmente quieren deslizar que eso ha ocurrido porque el país y el pueblo se han desarrollado. Dejan de lado que la demanda se incrementa necesariamente en alrededor de 3 y más por ciento interanual entre otras cosas por el crecimiento vegetativo de la población, que es del 3%. El gobierno debió ampliar la capacidad productiva tomando ese dato en cuenta y realizar inversiones de mantenimiento. No hizo una ni la otra cosa porque su planificación es de fachada. En fin, el modelo ha colapsado históricamente pero se mantiene en pie acentuando su índole represiva y totalitaria.

¿No considera que los factores de la oposición han estado por debajo de las exigencias colectivas en términos de una lucha social más activa y decidida?

Generalmente los acontecimientos van por delante del liderazgo. Lo importante es la comprensión que este liderazgo tenga de las nuevas realidades, para hacer lo ajustes del caso. Y en efecto, los acontecimientos avanzan como río desbordado y el liderazgo no corre con la velocidad requerida. La oposición ha avanzado. La Mesa Unitaria se esfuerza y ha tomado decisiones interesantes, como la de dejar las listas únicas a las regiones, que es una forma de descentralizar, pero está lejos de resolverlas Por otra parte, con toda su importancia, el problema electoral no es el único reto. Hay una emergencia social y política cada vez más vasta, que no se siente representada por la dirigencia política, como se aprecia en los movimientos sociales con sus nuevos líderes, y en las encuestas. Estas nos dicen que el régimen-y su caudillo- se desliza hacia abajo en forma continua, pero los partidos de oposición no recogen las deserciones del chavismo. Ya eso nos dice que algo está fallando, algo que debe ser afrontado cuanto antes. Hay una inmensa mayoría que se ha alejado del gobierno pero no entra en el zapato chino opositor. Yo diría que no debemos seguir hablando de oposición sino de disidencia, de unidad de la disidencia, más allá de partidos y de la frontera que divide al gobierno y la oposición

Frente al tema electoral: ¿se la ha conferido demasiado relieve en la agenda opositora? ¿Una victoria de la sociedad democrática en las elecciones parlamentarias significará, ciertamente, un freno a la consolidación de la propuesta totalitaria? ¿Está de acuerdo con el método de escogencia de las primarias de los candidatos opositores a la AN o considera que debe privilegiarse la valoración política de éstos en cada caso en particular?

El tema electoral es muy importante y aunque se hable en exceso de este asunto es claro que el reto es formidable. Se trata de participar masivamente en las elecciones de concejales y sobre todo en las parlamentarias, pero casi no tendría sentido hacerlo si no se logra la unidad perfecta. Hay que entender que el deterioro económico y social es una lápida que pesa sobre las posibilidades del oficialismo, una lápida cada vez más insostenible, y eso es una ventaja de partida. Por otra parte, la organización oficialista ha sido minada duramente por la corrupción, los incumplimientos y las luchas internas. Los “batallones” y “patrullas socialistas” al igual que las “milicias” no son sino rótulos vacíos. Y en el marco de una creciente comprensión internacional de la naturaleza autocrática del chavismo, no será tan fácil borrar del mapa la voluntad popular mediante un fraude masivo. Por todo eso, las elecciones son tan importantes, siempre que no se las desligue de la variada y espléndida resistencia social.  ¿Es posible una victoria electoral? ¿Podría alcanzar la disidencia una mayoría en el Parlamento? Si se hace lo adecuado, no lo descarto, por lo que debemos considerar esa hipótesis. Una mayoría disidente cambiaría en forma importante la posición relativa de los factores en lucha, aparte de que podría provocar un desastre emocional en los cuadros oficialistas. Si recordamos que en 2012 se dará la batalla por la presidencia, cabe pensar que la derrota en la Asamblea Nacional sería el prólogo de la confrontación del 2012. Según Datanálisis la intención de voto por Chávez se ha colocado en 17%, inferior a la de Alan García, que se considera peligrosamente baja. En comparación Tabaré Vásquez y Evo Morales tienen el 60%, Lula y Uribe más de 60% y Bachelet alrededor de 70%. Por supuesto, la victoria electoral debería engarzarse con avances sustanciales en todos los escenarios del movimiento popular.

Américo Martín:“Los acontecimientos van por delante del liderazgo”.

Américo Martín:“Los acontecimientos van por delante del liderazgo”.

CHÁVEZ HA PERDIDO ESPACIO INTERNACIONAL

¿Comparte el señalamiento de que Chávez ha perdido espacio en su estrategia de exportación del socialismo del siglo XXI?

Sin la menor duda. Basta observar que cuatro Senados importantes (Brasil, España, Chile y Paraguay) han formulado condenas públicas al intervencionismo venezolano. Sólo en Bolivia podrá tener la ALBA en lo inmediato un claro éxito político, pero incluso José Mujica, candidato del Frente Amplio y antiguo Tupamaro ha declarado varias veces que nada quiere con el modelo venezolano y que antes bien prefiere el de Brasil, cuyas diferencias crecientes con el otro son manifiestas. Pocos, muy pocos en realidad, quieren hoy ser como Chávez, lo que es un considerable cambio en comparación con lo que ocurría apenas un año atrás.

¿Cuál desenlace vislumbra para la crisis de Honduras y la repercusión que ello pueda tener en el escenario centroamericano?

Hay cartas escondidas que apenas podemos entrever. La OEA, presionada por una ALBA entonces más poderosa que ahora, cometió el inmenso error de desconocer unas elecciones que no se han producido y que fueron convocadas antes de la actual crisis, para en cambio aferrarse a un Zelaya cuyo período se vencerá en fecha tan cercana como enero y cuyo destino se decidirá dentro de un mes. Desconocer al presidente que elijan los hondureños para sostener a un hombre de calendario vencido es más que un error, una estupidez. Algunos países han insinuado que reconocerán al presidente que salga de los comicios del 29 de noviembre, otros han disminuido el tono agresivo y, salvo los incorregibles de la ALBA, nadie piensa en la violencia y casi nadie en el bloqueo. “Granma”, el diario cubano, anunció que más de cien ONG cubanas dentro de Cuba (amigas del castrismo) condenaron el embargo norteamericano al que le atribuyen el hundimiento del modelo castrista y los sufrimientos indecibles del pueblo cubano. En ese mismo momento, la ALBA resolvió en Cochabamba exigir el levantamiento del llamado bloqueo en Cuba, exigiendo simultáneamente que se le impusiera a Honduras.  ¿Quién puede entender o aceptar semejante contradicción, semejante monstruosidad?

Ud ha estudiado y escrito sobre la transición en Cuba. ¿Considera que el mandato de Raúl Castro apunta hacia una apertura tipo China y no cree que ello supondrá profundizar las diferencias entre éste y su hermano Fidel y por esa vía también entre Raúl y Chávez?

Estoy cada vez más convencido de eso, siempre que apreciemos las diferencias entre China y Cuba en lo concerniente a las instituciones. En China jamás hubo otra cosa que monarquía absoluta, dinastías, mandarines. En Cuba hubo una intensa vida democrática desde 1902 hasta 1959, con los intervalos dictatoriales de Gerardo Machado y Fulgencio Batista. En Cuba veo difícil la apertura económica sin que eso repercuta rápidamente en lo político, como en efecto está ocurriendo en este momento. En la isla se está incubando un movimiento muy profundo que en su momento puede ser imparable. Fidel es un dique, claro, pero un dique con sus bases envejecidas, por no decir, vencidas.

COLOMBIA Y VENEZUELA: LA MISMA VIOLENCIA

¿Hasta dónde la llamada “violencia de Colombia”, como fenómeno sociológico se ha trasladado y contamina los niveles delictivos venezolanos?

En mi libro, “La Violencia en Colombia”, que circulará a partir de noviembre, trato eso con alguna extensión. Es evidente, y así creo haberlo demostrado en el libro, la profunda relación entre la violencia de los dos países. Y no me refiero únicamente a lo reciente, a las FARC fundadas en 1964 y las autodefensas campesinas creadas después del asesinato de Gaitán. Me remonto a 1840, cuando se fundó el Partido Liberal y 1848, cuando se fundó el Partido Conservador. Cipriano Castro invadió y financió invasiones a Colombia desde 1902. Formó una coalición liberal donde figuraban el ecuatoriano Eloy Alfaro, el nicaragüense Zelaya, el titán de bronce cubano Antonio Maceo. Cipriano fue el máximo ductor. Quería reconstituir la Gran Colombia y más tarde la primera UNASUR, siempre bajo su mando iluminado. Hablo también de Camilo Torres, de las AUC de Castaño, de los maoístas y de la extraña ambigüedad del partido comunista dirigido por Gilberto Vieira. El libro está prologado por César Gaviria.

¿Hasta dónde valora la llamada erosión del chavismo y ello no daría paso a la conformación de un espacio de encuentro o “zona de despeje” que facilite una suerte de transición entre el modelo chavista y la reconstrucción democrática?

Comparto esa visión y por eso insisto en que hablemos de la disidencia y no de la oposición. Aquella se extiende al país e incide también en la acera oficialista, en tanto que la oposición permanece confinada en un espacio previsible. No critico a la oposición, no. Tiene que jugar un importante papel, pero debe abrirse a la sociedad que está hirviendo en todas partes.

¿Qué pasos considera pertinentes para asegurar la unidad de la sociedad democrática más allá de las contingencias electorales?

Creo que hay que densificar lo que ya se está produciendo. Los estudiantes, los trabajadores, los padres, docentes y organizaciones magisteriales, las organizaciones universitarias, y las que luchan por la libertad de los presos políticos, el regreso de los exiliados y la defensa de los derechos humanos. Son fuerzas nuevas que llegaron para quedarse. Sólo hay que abrirles espacio para que confluyan en la lucha más amplia que nos llama. No hay quien pueda revertir esas potencias que han emanado de una lucha nacional tenaz y diaria.

 

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