Autocomplacencia discursiva y economicismo catastrófico

Nelson Acosta

Nelson Acosta

La política es así
Nelson Acosta Espinoza

No cabe  duda. El presidente Chávez goza de una amplia aceptación en la población del país. Sin embargo, esta conformidad es paradójica. Contrasta con lo errado de sus políticas y la calamitosa situación que debemos enfrentar a diario los venezolanos. En ruina, por ejemplo, se encuentran los pilares que sostienen nuestra calidad de vida. La educación y salud pública en el suelo; padecemos los índices de inseguridad más altos de nuestra historia; inflación, corrupción rampante, achicamiento del espacio público y desmoronamiento institucional. A pesar de este sombrío escenario, su figura goza, aún, de una popularidad apreciable mientras la oposición, desafortunadamente, no termina de sobrepasar el cerco discursivo que le ha impuesto este adversario.

Esta paradoja  trae a colación una de las preguntas claves de la filosofía política: ¿por qué los hombres combaten por su sometimiento como si se tratara de su bienestar? En otros términos, ¿qué circunstancia explica el éxito discursivo del Presidente y el fracaso comunicativo de la oposición? ¿Sobre cuál condición descansa la aceptación o indiferencia que suscitan ambos relatos?

Chavez venezuelaSabemos que el menoscabo de las denominadas condiciones objetivas por sí solas no da cuenta del quiebre de este liderazgo. Es inútil, en consecuencia, esperar que el deterioro  que se observa, produzca el relevo político ansiado. En este sentido,  lo sensato sería orientar la búsqueda. Explorar, por ejemplo, el plano del lenguaje. Esta disciplina  enseña que la eficacia de una narración radica en elevar el receptor al mismo nivel de autoridad que el emisor del discurso. Esta circunstancia produce una identidad e intercambio de posiciones donde el receptor puede ser el emisor o, al contrario, el emisor puede ocupar la posición del receptor.

La oposición no ha ejercitado esta gramática. Su ejercicio político ha tendido a gravitar entre una autocomplacencia discursiva y un economicismo catastrófico. En otras palabras, ha orientado su propuesta hacia los sectores medios y depositado su esperanza en la inviabilidad económica del proyecto socialista. No ha podido inscribir su práctica  a lo interior de la compleja trama discursiva democrática. Quizás esta circunstancia explique la dificultad que experimenta en  transformar  al destinatario de su discurso en  interlocutor.

En fin, es imprescindible la elaboración de un discurso que recupere nuestro pasado democrático y lo coloque como fundamento de la construcción del porvenir… lo cual pasa por  no confundir sometimiento con bienestar ni primarias con democracia.

 
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