Usain Bolt, preso de la fama

Usain Bolt ha de asistir a todo tipo de actos en su país. Se ha convertido en el principal reclamo mediático

Usain Bolt ha de asistir a todo tipo de actos en su país. Se ha convertido en el principal reclamo mediático

Servicio Especial Sport

El hombre más rápido del mundo sólo pide un poco de paz; que le dejen un pequeño espacio para disfrutar de un instante de intimidad.

Vive recluido en una cárcel de oro. Usain Bolt ha ganado todo lo que puede desear un ser humano. Ha triunfado en el deporte, gana una cantidad mareante de dinero, es famoso en su país y fuera de él… Sin embargo, el jamaicano ha de pagar un tributo muy alto por ser el sustituto de Bob Marley como principal reclamo mediático de Jamaica. En la isla andan escasos de ídolos y se aferran a él como clavo ardiendo. En la actualidad está de vacaciones pero su agenda presenta una lista tan larga de compromisos que parece no tener fin. Es el precio de la fama. El hombre que se consagró en los Juegos Olímpicos de Pekín y que ganó tres medallas de oro en los pasados Mundiales de Berlín en 100, 200 y 4×100 metros con sus correspondientes récords imposibles es reo de su popularidad.

Desea ser invisible

Y eso le empieza a asfixiar hasta el punto de desear “ser invisible” algunas veces. Sólo quiere pasar desapercibido, que le dejen unos minutos de intimidad… Pero es tal la pasión que suscita entre sus paisanos que no parece probable que se lo permitan. Y es que, ya se sabe, hay amores que matan.
Para cualquier atleta, la vuelta a casa es sinónimo de descanso y de reencuentro con los seres queridos. Para todos menos para Bolt. El velocista de Trelawny, que presumiblemente se encuentra de vacaciones estas semanas a la espera de iniciar sus entrenamientos a mediados de noviembre, tiene más compromisos que un jefe de estado. Hasta tal punto llega su estress que recientemente declaró a la agencia Reuters: “no me dejan llevar una vida normal. Cuando me invitan a un acto público, ni siquiera puedo disfrutar de cinco minutos de sosiego. Todo el mundo me pide cosas; quieren fotografiarse conmigo, me tocan, me piden autógrafos… Yo los entiendo. Sé que son mis aficionados y les debo esa atención. He de adaptarme a la situación. Es bueno mantener el contacto directo con la gente de mi país, que me quiere y me sigue y sé que debo aceptarlo como la cosa más natural del mundo pero, con franqueza, hay días en los que desearía ser invisible. Pasar desapercibido y que nadie me viera”.

Usain Bolt ha aprendido a aceptar que no puede salir de su casa sin toparse con una legión de simpatizantes que le cortan el paso para pedirle las cosas más inverosímiles. Peor que eso: muchos de ellos están apostados esperando su salida durante horas y horas; de día y de noche. Su agenda tampoco le ayuda a normalizar la situación. Cuando no ha de participar en improvisados partidos de cricket con fines solidarios ha de acudir a recibir premios de todo tipo e, incluso, la más alta distinción que se concede en su país…

“Es bueno mantener el contacto directo con la gente de mi país, que me quiere y me sigue y sé que debo aceptarlo como la cosa más natural del mundo pero, con franqueza, hay días en los que desearía ser invisible”.

“Es bueno mantener el contacto directo con la gente de mi país, que me quiere y me sigue y sé que debo aceptarlo como la cosa más natural del mundo pero, con franqueza, hay días en los que desearía ser invisible”.

Superó a Bob Marley

Hasta la irrupción de Bolt, Bob Marley era la figura que aglutinaba la devoción de los jamaicanos y de los visitantes. Pero ahora, han cambiado las cosas y es el rey del tartán quien monopoliza la atención. El colegio donde estudió secundaria se ha convertido en visita obligada para los turistas y el rostro del atleta aparece en todo tipo de objetos. Su casa es motivo constante de asedio. El velocista sólo quiere un domingo tranquilo, en familia… Jugar a fútbol, su gran pasión.

 
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