Los que quieren silenciar al río cuando suena

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Caminando con Carlos
Carlos Lozano

La vida de un empresario en política es lo más cercano a hacer camino sobre un campo minado, según describe un amigo industrial que no se mofa de su propia experiencia. En política nunca se sabe dónde se pisa a ciencia a cierta, ni mucho menos si al levantar un pie aparecerán sorpresas después que uno cree que todo ha pasado.
Muchos empresarios han salido con las tablas en la cabeza, la mayoría no logra nunca comprender bien los infinitos rincones de ese mundo azaroso que es la política y prácticamente ninguno ha podido emplear en la administración pública ni en sus actividades propiamente políticas, las normas y estrategias de eficiencia y optimización que guían a la empresa privada.

Francisco "Pancho" Pérez

Francisco "Pancho" Pérez

Mientras el hombre y la mujer con criterio empresarial no evitan plantear claramente la realidad de las cosas, los políticos prefieren escuchar y leer sólo lo que les satisface o beneficia. Con un empresario es mejor hablar claro y directo, con un político es preferible dar vueltas alrededor, porque si se habla directamente es posible llevarse una desagradable sorpresa. Los políticos persisten en la mala costumbre de hacer oídos sordos justamente a los señalamientos que más deberían escuchar.
A Pancho Pérez lo he leído con regularidad inevitable; con mi profesor Orel Sambrano -que Dios tenga en la gloria-, ambos se volvían consulta obligada de los lunes antes de escribir esta página. No es una experiencia nueva ver a un amigo sometido al acoso, al amedrentamiento, por escribir en su forma particular de exponer las cosas con criterio de advertir que el río está sonando. Lástima que no se interpretan estas señales de alarma y que en vez de ser analizadas, se trate de silenciarlas en vez de pensar en lo que se tiene que corregir, hasta que más temprano que tarde revientan los problemas. Como cuando la administración de Acosta fue embestida por las notas políticas de Juan Sebastián, eran los lunes de Orel en el Notitarde, cuando se pasearon por ese campo minado nombres de personas que respondieron con una serie de graffitis en paredes, acosos al diario y fórmulas tecno jurídicas que sólo perjudicaron más a la administración de Acosta; aquellos momentos cuando un Caldera Infante (Chucho) entendió que el campo minado estaba bajo sus propios pies.
La historia se repite, de lo que afectó a Notitarde a lo que El Carabobeño vive con Pancho Pérez. Y sigue siendo una mala historia mientras el río sigue sonando.

 
Top