No dejar de soñar

un_mundo_mejorREPIQUE

Mélida Qüenza Ponte

Todo proceso está lleno de contradicciones y el que vivimos los venezolanos desde hace diez años no puede ser de otra manera. Quizás la acumulación de inquietudes, dudas y planteamientos que hasta ahora no han tenido respuestas y explicaciones convincentes, hace que el momento actual lo perciba buena parte de la población como algo complejo, lo que indudablemente se presta a variadas interpretaciones, algunas de ellas con un particular interés por sesgar la realidad.

Lo que no podemos permitir es que esos cientos de miles de venezolanos pierdan la esperanza, comiencen a sentir que se desvanecen sus sueños y esa responsabilidad debemos asumirla todos los que estamos convencidos que el país no tiene otra alternativa que la vía del socialismo productivo, ético, afianzado en nuestros valores patrios.

En toda acción transformadora, revolucionaria, hay aciertos y desaciertos y así como se resaltan los éxitos, también se reconocen las equivocaciones, como lo ha hecho el presidente Chávez en lo que respecta al problema del servicio eléctrico, por ejemplo. Eso es importante, la revisión de planes y proyectos, el reconocimiento de las fallas para tomarlas como lección y orientar mejor las políticas.

Se tienen muchos riesgos. La tarea no es nada fácil en una sociedad polarizada, con una oposición nada seria, que juega a cualquier imprevisto sólo por llevar la contraria a un Presidente irreverente, que disfruta con el reto, con la provocación, con la polémica, que busca constantemente la confrontación, Así se corre el riesgo de caer en escenarios incómodos para la aplicación de políticas transformadoras.

Los sectores oposicionistas centran sus estrategias en el recurso mediático, tienen a su favor a la mayoría de los grandes medios de comunicación y eso facilita la tarea socavadora de la opinión pública, sembrando dudas, incertidumbre o por lo menos escepticismo entre los ciudadanos menos politizados, entre esa gruesa franja de la clase media bombardeada a diario con mensajes que descalifican toda acción gubernamental.

Allí está la pelea que hay que librar. No podemos permitir que el fanatismo irracional de ciertos grupos oposicionistas termine por envenenar a ese segmento de la población que tiene todo el derecho a no militar en un partido político o simpatizar por una corriente ideológica, pero como todo ciudadano merece respeto y también tiene derecho a recibir una información veraz, no manipulada o tergiversada, para tomar libremente sus decisiones. Esos venezolanos, como la mayoría del país, mantienen la esperanza de ver una Venezuela desarrollada, próspera, como siempre la han soñado. Esa esperanza no pueden perderla.

Siempre afianzados en la realidad que nos circunda, enfrentemos la imposición de la desesperanza. Los sueños no pueden morir.

 
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