Samán: ser rico, no es malo

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Yván Serra Díaz

Yván Serra Díaz

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Yván Serra Díaz*

En lo particular quisiera no comentar más las desventura de este ministro, pero no parece posible, siempre por alguna razón estoy en la necesidad de responder algunas de sus iniciativas, todas ellas impregnada de la anacrónica mentalidad marxista, según la cual es en la propiedad privada, donde se encuentra el origen de los males. Lástima que de esto no se hayan enterado las naciones prósperas del mundo, quienes sus programas alientan a contar con un sector privado vigoroso, al cual estimulan y protegen.

En la semana que recién pasó, nos ofreció dos adelantos de sus nuevas iniciativas, la primera, la creación de una tienda donde el consumidor podrá conseguir de todo. Imagino el susto de los dueños de Graffiti y El Tijerazo, ante este eficiente competidor con éxitos demostrados como en la distribución del café y la azúcar. En lo particular, en vez de meter sus narices donde nadie le ha llamado, sería preferible que se ocuparan de proveer eficientemente el servicio de luz eléctrica y agua, para que no tengan que añadir a los costos de la mercancía, la depreciación de las plantas eléctricas y de los tanques de agua.

La segunda no deja de ser pintoresca, y es poner un límite a las ganancias en algunos sectores. Entiendo, que para los grandes jerarcas de nuestra política comercial, el problema no es que la gente gane poco, sino que algunos ganen muchos. Por cierto, Cristiano Ronaldo no es culpable que Real Madrid haya querido pagar 94 millones de euros, tampoco creo que Ray Kroc, tenga la culpa de que en las arcas de Mc Donald’s se llenen diariamente de cantidades ingente de dinero, porque millones de personas decidan gastar algo más de cuatro dólares para saborear un Big Mac. Parece que ser exitoso, molesta.

Por el contrario a la creencia del ministro la existencia de multimillonarios, en lugar de empobrecer enriquece las sociedades, puesto que los ricos no ahorran el dinero, sino que lo gastan y lo invierten generando en esas operaciones puestos de trabajo. Pero en fin, más que pensar en la prosperidad de los pueblos, el socialismo lo que persigue es la destrucción de la economía que de acuerdo con un aforo de Wiston Churchill, quien sabiamente nos advirtió: “El socialismo, es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia, la predica a la envidia. Su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”. En serio Samán, ser rico, no es malo.


* Licenciado en Estudios Políticos UCV

www.periscopio2.blogspot.com

 
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