Este muro de agua no es un muro

María Sol Pérez Schael

María Sol Pérez Schael

María Sol Pérez S.

Se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín, un evento que arrastró a la Unión Soviética y terminó, de paso, con la guerra fría. En Europa lo están celebrando con infinidad de reportajes que muestran imágenes de aquel Berlín absurdamente dividido por una pared de hormigón. Esa situación de encierro obligado es hoy, para el mundo, incomprensible e insoportable. ¿Cómo fue que no lo derribaron antes? Difícil responder. Más sencillo y quizá más útil es recuperar la dimensión humana de aquella tragedia: el sufrimiento de familias divididas, la desgracia de jóvenes asesinados o presos al intentar huir y la represión de la temible y omnipresente Stasi. Al lado de la adversidad, los documentales también recuerdan la valentía de esas evasiones exitosas, algunas de ellas, francamente espectaculares, a la medida del horror que se vivía.

truck-raft-3Esa memoria parece hablarnos de cosas del pasado, sin embargo ¿cómo no recordar a Cuba? ¿Por qué Europa no se escandaliza ante los 50 años de encierro que llevan padeciendo los cubanos? Es cierto que allí no hay una barrera de hormigón ni unos barrotes que hagan visible la prisión pero ¿acaso una barrera de agua no es igualmente un cerco infranqueable? ¿Acaso no han muerto miles intentado huir de esa tragedia? ¿Acaso no cuentan los presos de conciencia ni los estigmatizados?

Mientras Europa celebra, y con razón, el fin de un absurdo, la revista Paris Match le hace la fiesta al carcelero del Caribe publicando un reportaje edulcorado en que nos regala una imagen dulce, familiar e “inoxidable” de Fidel, el verdugo de millones de seres humanos. Quizá, para la moralidad de Match, un caribeño no es igual de humano que un alemán. ¡Qué broma con los europeos!

 
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