HACIA DONDE VAMOS

editorial159JESÚS HERAS –

Cuando hace veinte años, el 27 de febrero de 1989, el pueblo se volcó a las calles de Caracas, sembrando muerte y destrucción, nadie pensó que nuestra capital marcaría época, no por haber llegado sus pobladores a su punto de ebullición, sino porque ese mismo año, acontecimientos similares le seguirían… dándole un giro definitorio al Porvenir de la Humanidad.

En Mayo, la juventud china, unida a numerosos intelectuales, se reveló en contra del autoritarismo comunista, produciéndose la masacre de la Plaza de Tiananmen y, menos de seis meses después, el 9 de noviembre caería el Muro de Berlín – sin que mediara un sollozo-, iniciándose el colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría.

Es interesante anotar que la rebelión de Caracas fue, por su carácter y espontaneidad, muy semejante a la Toma de la Bastilla que doscientos años antes anunciara el inicio de la Revolución Francesa. Pero quizás sea más interesante, por aquello de los relevos generacionales, que ello ocurriera en Venezuela a treinta años del momento glorioso que marcó el inicio de nuestra era democrática y, en el Mundo, treinta años después de que los rusos desafiaran a EE.UU., colocando el primer hombre en órbita espacial. La historia suele ser circular.

Emerge el ciudadano

Independientemente de sus características autóctonas, los estallidos de 1989 revelaron el descontento ciudadano frente a regímenes autoritarios e ineficientes. O, simplemente, el surgimiento del ciudadano a secas, reclamando su espacio en la sociedad.

En Venezuela, el bipartidismo, duramente golpeado por la desmoralización a que condujo el boom petrolero de los años ’70, había agotado sus fuerzas; China se encontraba en una encrucijada similar aunque de origen distinto, mientras Rusia – azotada a su interior por la pobreza- había perdido la capacidad de cohesionar a los pueblos sometidos a su órbita o de continuar su carrera armamentista frente a la otra gran potencia.

En cada uno de esos países se produjo, luego de los acontecimientos de 1989, un proceso renovador. En Rusia surgió el gobierno democrático de Yeltsin; en China se produjo el gran viraje que la llevaría a abrir las puertas al capitalismo, y, en Venezuela, surgió una renovación parcial de los cuadros políticos, al permitirse por vez primera la elección directa de gobernadores y alcaldes y la transferencia a las regiones de servicios fundamentales para la población.

Las pistas del ‘79

Han transcurrido veinte años de aquel año histórico, y ya comienzan a observarse fenómenos que apuntan a un desenlace inevitable a diez años de distancia. Pero, aun cuando algunas acotaciones haremos al final, no pretendemos acá hacer un ejercicio predictivo. Son demasiadas las variables en juego. Pero si los acontecimientos de 1959, con el despertar democrático de Venezuela, completaron su ciclo vital treinta años más tarde con el Caracazo, y el desafío tecnológico soviético culmino treinta años mas tarde en su rendición, ¿por qué no explorar nosotros, en busca de pistas que nos orienten, lo que ocurrió no veinte, sino treinta años antes de 2009, para comprender mejor lo que ocurre hoy entre nosotros?

En 1979, Venezuela intentaba iniciar su recuperación moral luego del estruendoso colapso de la “Gran Venezuela” y, a medio globo de distancia, caía el Sha de Irán, Mohammad Reza Pahlevi, naciendo la República Islámica de Irán bajo el férreo mando del Ayatola Khomeini. Difícil era prever entonces que las motivaciones surgidas de aquella descomposición moral, la nuestra, que nunca fue suficientemente zanjada, se uniría a la recomposición religiosa de Irán, generando una alianza que, abrazada en propuestas fundamentalistas, crecería al amparo del vacío poder dejado por la desaparición de la Unión Soviética.

Con su ingreso ocho años antes al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, del otro lado del planeta, China en 1979 comenzaba una apertura internacional que tomaría forma definitiva con la aparición en 1990 de las bolsas de valores de Shanghái (símbolo inequívoco del capitalismo), dando paso al gigantesco crecimiento de su economía durante las últimas dos décadas.

Y Alemania, luego de haber consagrado un sistema político basado en una fuerte autonomía de las regiones (para que nunca más un solo hombre fuera dueño del poder), tomó tanta distancia de las guerras europeas del Siglo XX, que hoy comparte responsabilidades con sus antiguos rivales en la construcción de una inmensa república democrática con un gobierno común, su propia moneda y un sentimiento único que los identifica.

El poderío militar norteamericano no ha cambiado. Tampoco la fuerza de su economía, aun cuando atraviese momentáneamente por dificultades de origen financiero y, a juzgar por el número de Premios Nobel que en el área científica ganaron sus coterráneos, se trata de una nación que sigue apuntando al futuro. Claro, no es fácil mantener esa posición, ni tampoco conveniente. Bien se ha dicho que la política odia el vacío. El equilibrio, tanto en la interacción de cuerpos inertes como en las actividades humanas, demanda de uno o más polos de referencia. De allí que, frente a la unipolaridad que emerge de las realidades de postguerra, haya surgido una soterrada alianza en la que conviven en estrecho maridaje, antiguos adversarios con ideologías fundamentalistas, el Yihad, la droga, el tráfico de armas y la insurgencia. Es la guerra asimétrica de la que tanto se ha hablado.

Hacia el 2019

Si en 1959 encontramos pistas de lo que acontecería en 1989 y 1979 sugirió lo que acontecería en el año que vivimos, ¿qué nos espera cuando se hayan cumplido 30 años del Caracazo, de la Masacre de Tiananmen y de la caída del Muro de Berlín?

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Nelson Mandela, Símbolo del porvenir

George Friedman se ha convertido en el analista más respetado del mundo contemporáneo. Desde Strafor, la empresa que fundó, emite análisis frecuentes que son digeridos con fruición por líderes de mundo entero.

En su último libro, LOS PROXIMOS 100 AÑOS, hace un esfuerzo por vaticinar lo que ocurrirá en esta centuria. Allí sostiene que EE.UU., basado en consideraciones vinculadas a su psique nacional y al dominio continental que tiene ese país sobre los dos grandes océanos, continuará siendo la potencia fundamental. Sin embargo, no estará sola. Emergerán con el correr del Siglo nuevas referencias fundamentales de poder: Japón, Turquía y Polonia entre ellas. También vaticina el crecimiento de México y su avance sobre la masa continental de EE.UU. donde ya viven más de 40 millones de sus ciudadanos. Pero lo que más sorprende, porque el horizonte está a la vista, a apenas diez años de distancia, es el decaimiento progresivo de Rusia que pronostica y la fragmentación de China que vaticina, víctima de sus diferencias regionales.

Pero al margen del devenir geopolítico, bien vale la pena analizar las realidades de hoy con la mirada puesta en 1979, cuando todo comenzó… y las de mañana, las del 2019, tomando muy en cuenta los acontecimientos de 1989, año en que Venezuela dio la clarinada, y un nuevo orden mundial, con presencia ciudadana, hizo su entrada en escena.

 
Jesús HerasNo photo
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