Elecciones del PSUV fueron escuálidas

RODÓ EN LA BARRA
BUENAVENTURA NORIEGA (BUENO)
abcbuenaventura@gmail.com

Director de DISIP local llevado a Caracas esposado.

Mi compadre Atenógenes Ramiro Rangel Bustillos anda muy contrariado porque el domingo pasado no pudo ejercer el voto en el proceso interno del PSUV. Por ninguna parte encontró la cacareada democracia interna. La comadre Ernestina Elodia le preparó una arepa rellena a eso de las 5:30 de la mañana y una taza de guarapo que no era café, porque está en escasez desde que lo nacionalizaron. Atenógenes Ramiro subió al autobús en la esquina, pero cuando llegó al centro de votación no habían aparecido los testigos ni los encargados del proceso, cuando un funcionario del CNE decidió aplicar la ley y salió en busca de los primeros votantes en fila, la escasa cola comenzó a moverse hacia atrás, o sea, nadie quería meterse en la vaina. Hubo necesidad de la presencia militar para obligar a los pocos que estaban allí a instalar las mesas. Atenógenes Ramiro se hizo el bolsa -una vez más-, pero cuando pudo entrar a votar -pasadas las 10 de la mañana- lo rebotaron con la consabida información que acostumbran dar los delegados del CNE, en todos los procesos electorales: “Usted no aparece en la lista”. Atenógenes Ramiro, hizo hasta lo imposible por depositar su sufragio pero no pudo, lo habían borrado de la lista. Ante esa situación, aceptó la invitación de su amigo Plutarco Jesús Molina para recorrer los centros de votación. Y para su sorpresa, casi la totalidad, se encontraban vacíos, sin el fervor revolucionario de años atrás. Según cifras oficiales, en Carabobo sólo votó un tercio de los inscritos en el PSUV, o sea unos 100 mil electores -cifra que por lo que vimos está multiplicada mínimo por 4, como ya es costumbre en este tipo de procesos-, y tomando en cuenta que Carabobo tiene más de 2 millones de habitantes, no hay que ser muy bruto para uno darse cuenta de lo escuálidas que fueron las internas de los rojo-rojitos. Ocho alcaldes impusieron su poder para quedar como delegados a la convención nacional, entre ellos Edgardo Parra, Lorenzo Remedios, Gerardo Sánchez, Carmen Álvarez, pero otros fueron barridos como es el caso de Rafael Lacava, pero por Caracas lo impusieron el día siguiente, según le dijo a Atenógenes Ramiro su camarada Pausides Alejandro Echeverría. Los alcaldes de Juan José Mora, Los Guayos, Diego Ibarra ySan Joaquín no se postularon. Pero llama la atención la barrida que le dieron a Lacava. También hay que resaltar el triunfo de una nueva camada como Miguel Flores, Augusto Martínez, Lubis Heras, Sonsiré Martínez, entre otros, pese a que señalan por allí que algunos de ellos no tienen los votos. Otro caso curioso, según lo informado por Pausides Alejandro, es que todos los candidatos relacionados con Pequiven fueron electos.  Pablo Montoya no apareció en pizarra, le dieron un “palo cochinero”. Atenógenes Ramiro regresó a la casa “muerto de hambre”, Ernestina Elodia le armó “tremendo peo” porque no llevó nada para comer y ahora vive lleno de confusiones entre ser o no ser revolucionario.

parishilton

¡Yo también querer totuma! París Hilton es una muchacha rebelde, de un espíritu díscolo, que en muchas de sus actuaciones impúdicas ha resquebrajado el apellido de rancio abolengo de su familia, causando -es lo más probable- estremecimiento en las tumbas de sus antepasados, fundadores de la cadena de hoteles Hilton, uno de ellos recién expropiado por la revolución bolivariana. París -desenfadada como siempre- ni siquiera hizo caso a la medida ordenada por Chávez, ya que a ella le sobran hoteles. Rebelde que es, quiso probar el baño socialista propuesto por el Presidente y en la foto parece decir: “yo también querer totuma”.

En la reunión mensual del  Club del Bacalao, en los elegantes salones del Club Internacional -no me invitaron pero tampoco me dijeron que no asistiera-, se reunieron miembros de ese círculo para degustar un exquisito “bacalao en coco” preparado por el chef aficionado Méndez, padre, y de entrada una exquisita crema de maíz. Escuché tranquilamente el recuento de las obras sociales realizadas con el aporte de los socios, mientras tomaba una copa del “vinho verde” Casal García, que debe su nombre al paisaje que rodea a los viñedos y no a su color que es ambarino. Mientras levantaba mi copa para brindar no le perdí la pista a dos viejos amigos. Ruperto Lisandro Mejías vino hacia mi con la bandeja y ambos logramos  oír a Vicente Lozano y a León Guerra, quienes estaban estupefactos porque en las corridas no se respetó la numeración de los asientos y al reclamar, la respuesta fue “eso  era antes, ahora siéntense donde puedan”. La tristeza debe haber sido mayor para ellos, cuando el presidente suplente de la Comisión Taurina, ordenó la vuelta al ruedo de un toro manso y bufo, que hasta el titular Sánchez Font envió una misiva aclaratoria, ya que él nunca hubiese estado de acuerdo con tal exabrupto. Decidí marcharme, no sin felicitar al chef -debo decir que no es tan aficionado-, ya que un amigo portugués estaba empeñado en que alguien le dijera “quién es ese señor”… afortunadamente nadie me conocía y me fui en taxi para no llevar mi Ford Fairlane ‘79 que les hubiera dado la pista…bueno, sí, a lo mejor algunos me conocían pero preferían disimular, y como podían deducir que estaba coleado, mejor era agarrar la de “Villadiego”, pero lleno de vino y de bacalao.

Sin duda las ferias pasaron sin pena ni gloria. Y el fracaso económico, algunos entendidos los estiman en varios millardos de bolívares. Muchos que se metieron en las casetas con la ilusión de multiplicar la inversión, salieron con las tablas en la cabeza. Fundatur no les cumplió y apenas pudieron vender cerveza. La gente de dinero que antes se quedaba disfrutando en las casetas, ahora abandonó la plaza. Los toros fracasaron y las pérdidas son considerables. Lo más común en la Monumental fueron las pitas a Edgardo cada vez que era visto en el coso taurino. Muchos gritaron a viva voz “Paco… Paco… Paco”. Uno que ha visto mucho agua pasar por debajo del puente, sabe que eso le duele a cualquier gobernante.

Chucho Gánem y Salas Römer en la “química” de Gerardo Saer

En La Trattoria Romana, los integrantes de la promoción de abogados José Luis Bonnemaison celebró 45 años de su graduación. Alguien me dio el pitazo y decido beberme unos cuantos güisquicitos a “costilla” de mis amigos,  entre ellos dos integrantes de la referida promoción, los ex legisladores Jesús Gánem y Gerardo Saer. Los vi departiendo entusiastamente. No quise interrumpirlos pero los escuché  hablar de elecciones, Chucho con la sempiterna tesis del eduardismo y comprometido con la Mesa Democrática. Gerardo con su opinión clara de la unidad encabezada por Henrique Salas y Jesús Gánem Arenas. A Chucho se le iluminaron los ojos con la tesis esgrimida por el “sabio”. Al final del acto y habiendo consumido yo el estribo de un excelente 12 años, miré a los “dos zorros políticos” luciendo una sonrisa de “oreja a oreja”. Seguidamente cambiaron la conversación, pero en el ambiente quedó el olor de la composición química. Pronto sabremos qué se traen entre manos.

Noti Rápidas

Lo que le olía a mi vecino Espantapájaros como que es verdad. La semana pasada habló de conspiración y esta semana se llevaron esposado para Caracas al Jefe local de la DISIP, dizque por orden del Presidente. O están paranoicos, lo que no sería raro o en algo andaba. Aquí como que todos conspiran.

En la Oposición es bienvenida la discusión. Y eso ocurrió en el bar del viejo Country Club, donde algunos políticos y aprendices se reúnen para trazar estrategias mientras consumen su escocés. Allí salió a relucir el  artículo publicado en la pasada edición de ABC con la firma de Luis Cisneros Cróquer. Yo, que estoy en todos lados, pude observar el desagrado de algunos, encabezados por Casal, ante la propuesta de LCC de que Henrique Salas Römer encabece la plancha de la Unidad por Carabobo. Paíto Estopiñan -allí presente- los llamó a la calma y habló sobre la trayectoria de HSR, señalando que es un dirigente que sabe hacer política “y los tiene jodidos, desde hace años, haciendo política”. Alguien cercano a José Dionisio Morales, quien no se metió en el avispero, dijo quedamente: “palabra cierta”.

 
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