Ganar en el 2010

Francisco A. Bello

Francisco A. Bello Conde

Francisco A. Bello Conde

Que el chavismo sea minoría en el país; que la inseguridad, los apagones y la falta de agua nos permitan pensar que el gobierno se seguirá deteriorando; que la gente más humilde se ha ido despertando y reconozca al Presidente como responsable -y en ocasiones culpable- de los inmensos problemas que padecen, no son suficientes argumentos para pensar que, haciendo lo incorrecto, la Oposición será mayoría en la próxima Asamblea Nacional.

urnaEs absolutamente necesario unificar a los desafectos a Chávez en torno a liderazgos genuinos y hacer que sufraguen en las venideras elecciones, algo que sólo es posible si se cumple con dos premisas que, sin ser únicas, parecieran indispensables:

1) EL MENSAJE: Hay que hablarle a la gente de lo que realmente le importa y esos son sus problemas, sus necesidades y sus padecimientos. ¿Qué le puede importar a una madre con un hijo enfermo o a un padre sin un bolívar para hacer mercado, la discusión pública que dan los sectores de oposición en cuanto a los métodos de elección de sus candidatos? O, por tomar un sólo un caso, ¿La critica a la totuma, cuando la mitad de la población la utiliza para bañarse o comer?

2) LAS ELECCIONES DEBEN ATACARSE COMO SI FUERAN REGIONALES: La oposición que tenemos no es sino la suma de liderazgos regionales sin que exista ningún órgano nacional que las regule. Nadie puede poner en duda, por ejemplo, que la oposición en el Zulia, se llama UNT, que en oriente, en especial en Nueva Esparta se llama AD, que en el Táchira se llama Copei y en Carabobo se llama Proyecto Venezuela. Por esta razón, cada estado representa una realidad diferente y debe tener una solución propia y particular, regida por los verdaderos líderes de cada región.

Es probable que aquellos que viven en la zona metropolitana de Caracas sigan creyendo  que representan a todo el país, que desde las oficinas de las torres capitalinas, pueden imponer sus formas para el resto de los estados, cuando la verdad es que en esas reuniones no están presentes quienes encarnan el verdadero liderazgo y quienes por mérito propio y con enfoque netamente local, han ganado la confianza de sus electores.

Es necesario que impere el sentido común, que se reconozca las debilidades propias y que se impongan quienes representen las mayorías. El 2010 es una oportunidad suficientemente grande como para hacer subalternas las revanchas, los pleitos y las ambiciones personales.

 
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