LA MANGUANGUA Y LA PIZZA

tanqueJESÚS HERAS –

Detrás del desempleo y la inflación, se esconde la manguangua. Detrás de cada promesa incumplida, se oculta la manguangua. Detrás de cada carencia, sea luz, agua, gas, alimentos, o bienes esenciales se regodea la manguangua.

Lo mismo ocurre con el delito, las bravuconadas, las ofensas, las amenazas de guerra, la represión. Todas son mascaras de la manguangua.  También es manguangua cobrar sin trabajar o, visto a la inversa, pagar a quien pudiendo trabajar, se desea corromper.

Pagar a los que no trabajan desmoraliza a la sociedad, instaura el despropósito y culmina en grandes calamidades para todo el país y para quien ejerce el mando. Es lo que estamos viviendo en toda Venezuela y es el comienzo del fin.

Bien lo dijo la semana pasada ese sesudo académico, Heinz Dietrich, autor de Hugo Chávez y el Socialismo del Siglo XXI.  A propósito de la caída del Muro de Berlín pero también de la precaria situación que vive el Régimen dijo: “Sin vanguardia no hay muros ni fusiles, capaces de sostener una revolución.”

Y ¿qué es realmente una revolución? Se supone que es un proceso que busca dar un “salto cualitativo”, abriendo espacios para que la sociedad en su conjunto pueda liberarse y crecer.

Pero cuando los mismos que promueven la Revolución en lugar de abrir, cierran espacios y en lugar de desplazar monopolios, terminan monopolizando lo que antes fue de otros, todo rastro de revolución termina. También lo dice Dietrich, aunque en otro contexto, en un artículo anterior. “Hugo Chávez tiene innumerables meritos en la reactivación del paradigma civilizatorio de Bolívar” pero…. ¿Puede Chávez dar el salto cualitativo hacia el Socialismo del Siglo XXI? El mismo se responde: “el record de la política presidencial desde su consolidación en el poder (2003) no  induce a albergar grandes esperanzas.”

¿DÓNDE ESTÁN LOS CHAVISTAS?

Claro que el chavismo existe. No sólo existe sino que es además una fuerza política por ahora decisiva. Lo registran las encuestas y los resultados del CNE. ¿De no ser así cómo podría sostenerse un régimen que llega a los once años? Un régimen (por eso se le dice régimen y no gobierno) que se ha propuesto eternizarse en el poder y para eso cambia las reglas del juego democrático e impone una curiosa versión del anacrónico comunismo soviético-cubano.

Habría que recordar que los regímenes de fuerza, los modelos totalitarios gobiernan durante años por una suerte de inercia que empuja el miedo, la inhibición y por una alta dosis de resignación que adormece y paraliza las sociedades. En su gran mayoría, ellos apelan a la voluntad popular cada cierto tiempo pero solamente para revalidar su propia legalidad, nunca legitimidad de la cual suelen carecer. No es el apoyo espontáneo y fluido de las masas sino la adhesión de clientelas fanatizadas o movidas por el interés y la lealtad económica.

Pero cuando llegan las situaciones límites, cuando la erosión y corrupción de sus cúpulas, o vanguardia, en términos marxistas, que son la verdadera sustentación de sus mandatos, se tornan irreversibles, se desploman como la espuma. La caída del Muro de Berlín como simbología de la debacle comunista es una enseñanza aun reciente y conmovedora. Por supuesto, no todos terminan huérfanos de apoyos y simpatías.

CHAVISMO NO ES PERONISMO

El ejemplo más elocuente en América Latina es el peronismo. El primer gobierno de Juan Domingo Perón cabalgó en la ola de las post-guerra y en las potencialidades económicas argentinas para adelantar un audaz plan de protección social que le ganó el respaldo fervoroso y enfermizo de la clase obrera. El peronismo existe todavía como magia, como sentimiento, como el propio tango de la política. Perón lo definió entonces: “el peronismo es una cuestión del corazón más que de la cabeza”. Eso explica que personajes tan disímiles como Carlos Menem y la pareja Kirchner se cubran con el mismo paraguas político. Aunque en su esencia haya cambiado el peronismo sigue funcionando como un recurso emocional lo cual en la política latinoamericana es decir demasiado.

El chavismo es otra cosa. Su componente militar, cuartelario y autoritario es mayor que su impacto popular. Lo cual no quiere decir que carezca de esta última. Pero sin duda que no es su fuerte, mucho menos al dispararse las carencias, nacidas de la Manguangua. ¿Qué sería del chavismo sin los casi mil billones de dólares que ha pulverizado en un decenio y sin unos opositores cuya ingenuidad, torpeza y (en ocasiones) falta de entereza, ha facilitado sus planes de consolidación en el mando?

Aún así las muestras de la incapacidad del chavismo para compaginar su poder discrecional con su base de apoyo popular, es enorme. Chávez tardó más de un año para construir un partido que como era previsible resultó siendo una agencia de colocaciones. En ese camino provocó la disidencia de Podemos, la rebeldía del PCV, PPT y de pequeños partidos como el que encabeza Lina Ron quien se resistió a entrar en el redil del PSUV; y tuvo que soportar las derrotas electorales de Caracas, Miranda, Carabobo y Táchira, para hablar sólo de las más relevantes.

Ahora vienen las parlamentarias y, viendo los numeritos, muchos se preguntan si realmente las habrá.


DOS STRIKES Y CON GANAS DE PONCHARSE

Los recientes fracasos de Chávez a nivel internacional han sido estruendosos. Para que insistir en Zelaya. Ya lo dijimos en su momento: ¡ZELAYA NO REGRESA! La trampa fue descubierta, y la comunidad internacional, inicialmente embaucada por los mosqueteros de ALBA, encontró la forma de ganar la batalla sin disparar un tiro. De nada valió enviar al ex Presidente en un avión venezolano, escoltado por el Bauer criollo, Ramón Rodríguez Chacín. Al final la inevitable deserción se produjo. Claro, guardando las formas. Pero ¿cómo negar la validez de una elección democrática, desconociendo la decisión de los poderes constituidos de una república independiente?

Shannon hizo su esfuerzo. Lula le pidió, a cambio de Zelaya, que intermediara con la Oposición venezolana para que Venezuela pudiera ingresar a Mercosur. El Departamento de Estado movió sus teclas. Convencieron a algún ingenuo de que la mejor manera que controlar a Chávez era no aislándolo. Antonio Ledezma, el más vejado de los opositores, fue la víctima propiciatoria. Olvidando vejámenes, y a lo mejor pensando sustituir a Rosales, con la venia del Presidente, en el año 2012, se fue al Senado brasileño para abogar por el ingreso de Venezuela al espacio comercial del Cono Sur.

Todo estaba listo para que el Senado Brasileño le abriera paso a nuestro país, cuando Chávez decidió declararle la guerra a Colombia, ordenando la movilización de tropas a la frontera, “como quien ordena una pizza”. La frase es de The Economist. De inmediato la gestión de Ledezma se perdió, Shannon dio un paso importantísimo para convertirse con el apoyo republicano en Embajador de EE.UU. en Brasil. ¿Y Chávez? Strike Two.

 “Cuando el zapato aprieta, lo mejor es ordenar una pizza”.

“Cuando el zapato aprieta, lo mejor es ordenar una pizza”.

Finalmente, lo de Colombia. Mientras Chávez construía desde el inicio de su mandato su alianza con las FARC como parte de su proyecto de expansión continental, el Comando Sur de Estados Unidos, desplazado de Panamá por la devolución del Canal el 31 de diciembre de 1999, comenzaba a establecer al amparo del Plan Colombia su brazo táctico operacional en Putumayo, departamento colombiano colindante con Ecuador y Perú. Desde entonces, con el adiestramiento provisto por ese Comando para la formación de Fuerzas Especiales (y contando con el enorme apoyo técnico que se ha puesto a su disposición para el combate al narco-tráfico y a su brazo ejecutor, la guerrilla colombiana), el Ejército colombiano se ha convertido en una temible fuerza de combate, además con una experiencia de guerra que Venezuela no tiene.

Pero la guerra verbal es otra manifestación de la manguangua. Cuando el zapato aprieta, lo mejor es ordenar una pizza.

 
Jesús HerasNo photo
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