LA SUERTE DE CHÁVEZ SE JUEGA EN COLOMBIA

Chávez - Su planteamiento guerrerista cae en el vacío. No se trata de defender la soberanía, la integridad territorial, ni la vida de los venezolanos. Es un conflicto que no tiene asidero. Es creado artificialmente para alentar la recuperación política de las FARC, avanzar en la expansión del mensaje bolivariano, darle viabilidad a las milicias que podrían imbricarse militarmente con las FARC como la fuerza fundamental de sustentación de su régimen, incluso en contraposición a las FAN. Le permite además mantener la prédica antiimperialista. Ahora  en sustitución de Bush el enemigo principal es Uribe, en su argot, “los paramilitares”; y nuclear también a sus partidarios ante signos de grave desavenencias en el PSUV.

Chávez - Su planteamiento guerrerista cae en el vacío. No se trata de defender la soberanía, la integridad territorial, ni la vida de los venezolanos. Es un conflicto que no tiene asidero. Es creado artificialmente para alentar la recuperación política de las FARC, avanzar en la expansión del mensaje bolivariano, darle viabilidad a las milicias que podrían imbricarse militarmente con las FARC como la fuerza fundamental de sustentación de su régimen, incluso en contraposición a las FAN. Le permite además mantener la prédica antiimperialista. Ahora en sustitución de Bush el enemigo principal es Uribe, en su argot, “los paramilitares”; y nuclear también a sus partidarios ante signos de grave desavenencias en el PSUV.

MANUEL FELIPE SIERRA

El Plan Colombia ha generado realidades que Chávez, guiado por Fidel, jamás imaginó. – Las fuerzas especiales colombianas están a la par de las norteamericanas que combaten en Iraq y Afganistán. – Estado de preguerra es estimulado para recuperar a las FARC y darle viabilidad a las milicias bolivarianas imbricándolas con la guerrilla colombiana. – Para el venezolano, la Guerra Colombia- Venezuela no tiene sentido. El conflicto social y político se traslada de Colombia a Venezuela con todas sus consecuencias. –

La situación planteada en la frontera colombo-venezolana se inscribe en un plan de largo alcance y dudosas posibilidades de éxito. El conflicto social y político de Colombia se traslada a Venezuela en toda su magnitud y consecuencias. Los hechos conducen a una fricción militar de naturaleza estructural al margen de la mediación internacional

“Colombia y Venezuela viven un clima de pre-guerra”, advirtió el ex presidente colombiano Ernesto Samper. Y es cierto. Ese es el clima que priva, con alzas y bajas, en las relaciones entre ambas naciones desde el 2002 cuando Álvaro Uribe asumió la presidencia por primera vez. No es que antes no ocurrieran episodios de tensión entre los dos países. Si se corre el almanaque, habría que recordar  varias incursiones colombianas en territorio nacional. En todo caso, eran actos accidentales que no comprometían la responsabilidad de los gobiernos. Persistían latentes, sin embargo, dos controversias: el diferendo sobre el Golfo de Venezuela de larga data y la explosividad social que cobró la frontera con la presencia de indocumentados.

Para abordar estos asuntos los gobiernos democráticos crearon comisiones binacionales que procuraban fórmulas de arreglo. El tema del Golfo de Venezuela (que aún sigue sin respuesta) dio pie a situaciones conflictivas. En 1951 durante la Junta de Gobierno que presidió Germán Suárez Flamerich el entonces ministro de la Defensa comandante Marcos Pérez Jiménez  activó la fuerza militar para resguardar el islote de Los Monjes atacado por la fragata “Almirante Padilla”. Ya durante los gobiernos del bipartidismo algunos proyectos de acuerdos fueron rechazados por la oposición de las fuerzas armadas. En 1987 con Jaime Lusinchi se produjo la intervención de la corbeta “Caldas” en aguas venezolanas, que fue rechazada por una oportuna respuesta de la Armada. Existía en la población un justificado descontento por la forma como en el pasado se habían articulado convenios que lesionaban la soberanía. Eran razones para que el tema fuese manejado con extrema discreción. La tensión de índole social en la frontera en cambio ha bajado en los últimos años. El incremento del intercambio comercial y la integración familiar y cultural en la zona han contribuido a disminuir la fricción.

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“CAMARADA TIROFIJO”

El ascenso de Chávez al poder coincidió con las negociaciones entre las FARC y el gobierno de Andrés Pastrana. Se estableció la llamada “Zona de Despeje” en San Vicente del Caguán, una extensión de 42.000 kilómetros cuadrado en la cual la guerrilla estableció una suerte de república libre. Manuel Marulanda “Tirofijo” y Andrés Pastrana fueron los protagonistas de un diálogo con generosa cobertura mediática. Para las élites políticas colombianas era un nuevo intento por bajar la intensidad de un viejo conflicto armado que ahora se complicaba con la vinculación de la guerrilla con la industria del narcotráfico y el fortalecimiento del paramilitarismo. Algunos interpretaron la iniciativa como una debilidad de Pastrana, quien se vería obligado a fortalecer la institucionalidad quebrantada con las acusaciones y escándalos sobre financiamiento de la droga que salpicaron al presidente Ernesto Samper.

Pero el encuentro, también convenía y mucho más a la guerrilla. Le ofrecía un escenario para “hacer política” y legitimarse como actor político ante la opinión mundial. Por supuesto, sus acciones militares se reducirían al mínimo para transmitir de esta manera una sensación de paz y buena voluntad y ello, lógicamente, también convenía a Pastrana al darle mejores condiciones para desarrollar su obra de gobierno.

Durante dos años Marulanda asumió su nuevo papel. Los jefes de las FARC recorrieron el mundo. La prensa caraqueña destacaba el abrazo del canciller José Vicente Rangel con el comandante Raúl Reyes. Las simpatías de Chávez con las FARC se hicieron más visibles. Él mismo propuso una visita al Caguán. Su comisionado personal, el capitán Ramón Rodríguez Chacín se hizo visitante habitual en la zona. El 20 de noviembre del 2000 Rodríguez Chacín se entrevistó con Jorge Briceño alias “Mono Jojoy”  en el cuarto viaje que realizaba en un año para tratar el secuestro de un ganadero. El comandante “Ariel”, representante de las FARC en Caracas entraba y salía de la Casa Amarilla. La columnista de “El Tiempo” de Bogotá Marisabel Rueda escribía: “Tirofijo le tiene más confianza a Andrés Pastrana que a cualquiera. Por más mala persona que sea el legendario jefe de las FARC, es imposible que no le tenga al presidente gratitud por la forma que se la ha jugado por el proceso de paz”.

URIBE - Uribe requiere fortalecer su gobernabilidad. Si bien su popularidad sigue sobre el 60 por ciento y no cabe duda que resultaría reelecto en una nueva consulta ésta generaría problemas institucionales y políticos muy severos. El riesgo de una confrontación en cambio, lo convierte en un “gobernante necesario” porque además compromete al alto mando militar que mantiene una línea dura contra la guerrilla y el paramilitarismo que no se desmovilizó. Uribe sabe que en Venezuela no existe anti-uribismo porque no habría explicaciones para ello; pero que en cambio en Colombia existe antichavismo porque el nombre del mandatario venezolano se asocia a las FARC como enemigo de la paz colombiana.

URIBE - Uribe requiere fortalecer su gobernabilidad. Si bien su popularidad sigue sobre el 60 por ciento y no cabe duda que resultaría reelecto en una nueva consulta ésta generaría problemas institucionales y políticos muy severos. El riesgo de una confrontación en cambio, lo convierte en un “gobernante necesario” porque además compromete al alto mando militar que mantiene una línea dura contra la guerrilla y el paramilitarismo que no se desmovilizó. Uribe sabe que en Venezuela no existe anti-uribismo porque no habría explicaciones para ello; pero que en cambio en Colombia existe antichavismo porque el nombre del mandatario venezolano se asocia a las FARC como enemigo de la paz colombiana.

SEGURIDAD DEMOCRÁTICA

La inminente victoria de Álvaro Uribe en el 2002 con el planteamiento de la “seguridad democrática” estimuló una vasta alianza de liberales y conservadores en torno al ex gobernador de Antioquia. Pastrana, sin resultados en la mano, no tuvo más camino que dar por concluido el aparatoso diálogo. La guerrilla retornó a la selva, pero había recobrado un “segundo aire”.

Chávez reforzaba los vínculos con las FARC, una organización que resultaba decisiva para su estrategia de expansión en Suramérica. No se trataba de un aliado cualquiera. Si bien no era un partido político que apostaba a la vía electoral tal como ocurría en Perú, Bolivia y Ecuador tenía, sin embargo, tal influencia que la propia dirigencia política colombiana le confería la representación de la mitad del país como para citarlo a una negociación entre iguales.

Por supuesto, Chávez sabía que las FARC habían perdido sustentación ideológica, y renunciado a la toma del poder político para convertirse en el brazo armado de la industria del narcotráfico, el secuestro y la extorsión. Sin embargo, representaba un aliado fundamental. ¿Cómo podía darse esa alianza? En términos políticos convencionales no era posible ni tampoco conveniente para ninguna de las partes. No obstante, se abría una oportunidad mucho más provechosa para la guerrilla desde el punto de vista práctico: las FARC podrían actuar en Venezuela (salvo las acciones militares que no tendrían ningún sentido ni justificación), como una “zona de alivio”, como retaguardia para mejorar su organización y su logística. Ello explica la presencia en el país de sus máximos dirigentes, debidamente cedulados y registrados en el censo electoral y con enteras libertades para su movilización. El caso más representativo es el de Rodrigo Granda el llamado “canciller de las FARC” quien actuaba libremente como un exitoso empresario, hasta que fue capturado por la seguridad de su país. Tanta era su influencia que cuando se planteó el rescate de rehenes en manos de las FARC, su libertad fue la carta que jugó Chávez ante Uribe con el apoyo del presidente Sarkozy. Ahora mismo se anuncia que Granda realiza una gira continental para el relanzamiento político de la guerrilla.

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PLAN COLOMBIA

Paralelamente, pero a contrapelo de la estrategia de Chávez, avanzaban las negociaciones que culminarían en el Plan Colombia, acuerdo que inevitablemente devendría en un proyecto militar. Recordemos que el Canal de Panamá sería entregado a ese país el 31 de diciembre de 1999 y EE.UU. debía mantener su presencia en la zona. Ese era un imperativo de orden genérico. Pero había otro más específico: combatir la narco-guerrilla. Vale la pena recordar lo que seis meses antes de la transferencia del Canal, el Comandante Jefe del Comando Sur, general Charles Wilhelm, había afirmado ante el Congreso de su país: “los enfrentamientos militares en Colombia ponen en peligro la seguridad del Canal de Panamá. … y “un empuje más vigoroso” por parte de los narcotraficantes que utilizan la ruta istmeña “puede requerir de una intervención unilateral de tropas norteamericanas para proteger el Canal”.

Con la asesoría militar norteamericana, las fuerzas armadas colombianas han mejorado notablemente su equipamiento y desarrollado fuerzas especiales (hoy numerosas y adiestradas al igual que los componentes especializados norteamericanos que actúan en Irak, Afganistán y Pakistán). Además, Colombia ha perfeccionado sus técnicas de inteligencia y cuenta con apoyo aéreo y satelital.

La guerra originalmente concebida solamente contra las guerrillas derivó también contra los grupos paramilitares que inicialmente se consideraban asociados de la institución castrense. Buena parte del paramilitarismo, ciertamente, atendió al llamado de la “desmovilización” pero núcleos muy importantes se implicaron también en operaciones delictivas.

El robustecimiento de la capacidad de combate del ejército colombiano ha repercutido en el plano político. De allí que el sector militar cobre cada vez mayor peso en las decisiones del gobierno. En determinadas ocasiones los militares han impuesto a Uribe la línea a seguir, como se supone fue el caso del ataque al frente de Raúl Reyes en suelo ecuatoriano e impuesto la táctica de “tierra arrasada”. El exponente civil de esta tendencia es el ex ministro de la Defensa y precandidato presidencial Juan Manuel Santos, enfrentado a los sectores menos radicales del uribismo.

 Fruto del Plan Colombia, ese país cuenta hoy con fuerzas especiales apoyadas por la más alta tecnología, con vasta experiencia de guerra y preparadas para librar guerra en cualquier terreno.

Fruto del Plan Colombia, ese país cuenta hoy con fuerzas especiales apoyadas por la más alta tecnología, con vasta experiencia de guerra y preparadas para librar guerra en cualquier terreno.

Fue esta presión y el desplazamiento de las bases norteamericanas por decisión del gobierno de Ecuador, sumados  al creciente volumen de droga que se mueve a través de la frontera colombo-venezolana, lo que favoreció el reciente acuerdo con los Estados Unidos para fortalecer la plataforma original del Plan Colombia, activando las siete nuevas bases militares que han sido duramente cuestionadas por el gobierno venezolano. Como era de esperarse, la ofensiva militar colombiana ha provocado un desplazamiento cada vez mayor hacia territorio venezolano de la guerrilla y del paramilitarismo delictivo colombianos.

AÑO FATAL

Esta etapa de la guerra, sin embargo, ha tenido también para Uribe un alto costo político por el tema de la violación de los derechos humanos. Recientemente se suspendió la veda que por siete años excluía a Colombia de las obligaciones del Estatuto de Roma y del Tribunal Penal Internacional de La Haya para dar curso a numerosas denuncias sobre delitos de guerra. El caso de los “falsos positivos” (ciudadanos inocentes obligados a declararse paramilitares y luego fusilados), y las conexiones de parlamentarios oficialistas con el paramilitarismo debidamente sustanciada en los tribunales, constituyen graves pasivos para su gestión.

Sobre ese cuadro se intentó el relanzamiento de las FARC el 2007 cuando Chávez planteó su reconocimiento como fuerza beligerante y no terrorista. Como una demostración de la nueva política ofrecieron el canje y la liberación de rehenes, lo cual obligó  a Uribe a una respuesta igualmente humanitaria… pero a la vez sagaz. Uribe designó nada menos que al propio Chávez como comisionado con el aval del presidente Sarkozy para negociar la liberación de cautivos. La manera como se instrumentó la liberación de los primeros rehenes, a cargo del capitán Rodríguez Chacín, implicaba – sin embargo- una clara injerencia en los asuntos internos de la seguridad colombiana.

Al mismo tiempo se constataba la creciente presencia de movimientos chavistas en Colombia. A través de los movimientos bolivarianos se constituían seccionales del PSUV. La operación implicaba una incursión indebida y repetía las prácticas ya conocidas en Perú, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador y las naciones caribeñas. ¿Podía establecerse diferencia entre estas organizaciones y las bases de apoyo de la guerrilla? ¿Acaso no existía una clara identificación política entre el chavismo y las FARC?

MUERE MARULANDA

El 2008 fue un año de sucesivas derrotas para las FARC: el ataque al campamento de Raúl Reyes quien dejó computadoras con comprometedoras revelaciones; la muerte de Iván Ríos; deserciones de combatientes; el fallecimiento del propio Marulanda y serios reveses militares. Las FARC lucían debilitadas en su capacidad ofensiva y sin iniciativa política. Tanto fue así que Chávez les pidió públicamente abandonar la lucha armada. Era lógico, entonces, que sus repliegues se produjeran hacia territorio venezolano.

Las FARC comenzaron, algunos grupos por razones de sobrevivencia, a participar en acciones de delincuencia común en Venezuela, las cuales han arrastrado también a los paramilitares. Los gobernadores chavistas eran permisivos con los grupos armados. Después que las gobernaciones de Táchira y Zulia fueron ganados por candidatos opositores el cuadro se ha modificado: sencillamente, éstos no pueden ocultar una situación que los desborda y que se constituye ya en un problema de dimensión nacional.

En ese escenario Chávez acentúa su estrategia guerrerista ahora contra un enemigo: “los paramilitares”, en el entendido que ellos son aliados de Uribe y que Uribe actúa a la vez como “lacayo de los Estados Unidos” por obra de la activación de las bases militares. Se ensaya el modelo de la “guerra asimétrica”, también llamada de “cuarta generación”. Más que una confrontación convencional se trata de una “pre-guerra” como razona Samper, la forma que hoy asumen conflictos de baja intensidad pero de larga duración. Una situación que tiende a convertirse en estructural porque tal como lo declara el ex ministro de la Defensa general Fernando Ochoa Antich “el interés venezolano (de Chávez) de controlar políticamente a Colombia es el gran obstáculo que impide soluciones de fondo”.

Pero el Presidente venezolano está internamente visiblemente debilitado, internacionalmente luce aislado y su subestimación de los alcances e impacto del Plan Colombia, forjado durante su mandato, ha generando realidades que Chávez, guiado por las orientaciones de Fidel, jamás se imaginó. Como lo expresa uno de sus más densos partidarios, el académico Heinz Dieterich, quien anticipa una próxima ofensiva del “imperio” contra el régimen venezolano  “… la ausencia de alianzas estratégicas de Venezuela es una debilidad de suma preocupación.”

 
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