Lo racional y lo arracional en las decisiones colectivas

Yván Serra Díaz

Yván Serra Díaz

Periscopio
Yván Serra Díaz*

Advierto, para que no se me tilde de plagio, que uso casi el mismo título que usara Emeterio Gómez en su artículo del fin de semana, con un agregado, su aplicación a las decisiones colectivas. Es que en ese lúcido artículo, Emeterio nos explica que muchas de las decisiones se encuentran bajo la idea de la arracionalidad, es decir no tienen nada que ver con la discusión desde la óptica de la racionalidad. En el campo de las políticas públicas, entiéndase las decisiones que toman los gobiernos para regular comportamientos sociales, éstas se tratan de explicar desde el punto de vista de la racionalidad.

Pongo unos pocos ejemplos, Graham Allinson analiza la crisis de los misiles desde tres ópticas de la racionalidad, la del actor Estado, la de los departamentos y la de los individuos, cada una de ellas conlleva formas diferentes de influenciar las decisiones, pero siempre bajo la óptica de la racionalidad. William Dunn, el autor del manual más conocido de Políticas Públicas, sostiene que las políticas deben ser analizadas desde al menos cuatro tipos de racionalidades, la técnica, la legal, la económica y la política. Lo que en el fondo significa es que se deben sopesar las decisiones en función de una serie de criterios y luego de un análisis costo beneficio, tomar la decisión que más convenga. Para ello, los llamados tanques de pensamientos han creado una serie de herramientas, como el valor presente neto social, el análisis de costo efectividad, la matriz de impacto cruzado, la matriz de planificación y otras tantas que deberían ayudar a los hombres públicos a saber que es lo que se quiere.

Pero se olvida un detalle, que muchas veces son los gustos y creencias de los soberanos y mandatarios los que determinan las decisiones y no los criterios racionales. Las ideologías no responden a racionalidades sino a perspectivas del mundo. No hay herramienta que apoye al gobernante a decidir si el objeto del Estado es preservar los espacios de libertad de los ciudadanos o disminuir las diferencias sociales. Ser liberal, socialista o de centro es una decisión ética, no racional.

A no ser que, apoyar la idea de una revolución socialista no responda a una creencia, sino a una racionalidad que le permitiría a ciertos gobernantes sojuzgar a las sociedades y morir de viejo en el poder. ¿Estoy en lo cierto, Fidel?


* Licenciado en Estudios Políticos UCV

www.periscopio2.blogspot.com

 
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