Violencia en el fútbol venezolano

Jhonny Castillo

Jhonny Castillo

Letras de fútbol
Por: Jhonny Castillo
jhocas10@hotmail.com

El gordo  de  unos 130 kilogramos, melenudo y alto,  de ojos desorbitados, brazos y  cuello tatuados  ,  bufanda en la cabeza, respiración de bestia   y   culo  casi al aire, atravesó el terreno de juego  portando  una inmensa bandera con los colores del equipo visitante, y cual  Cristóbal Colón, posmoderno y desafiante,  clavó el símbolo  justo  frente a  las narices de los integrantes de  la  barra del club  local.

799877Aquella acción temeraria,  considerada más que una provocación    una afrenta para cualquier barrabrava que se respete, rompió con el código   de convivencia pacífica,  que   había reinado   a pesar de los insultos, los gritos obscenos,  las morbosas  alegorías y las mentadas de madre. En pocos minutos el campo de juego transmutó en un campo   de batalla al mejor estilo de Inglaterra y Argentina. En las tribunas los  asistentes entraron en pánico y corrían  de un lado a otro mientras que  en la grama   un grupito de policías inexpertos  intentaban detener la trifulca de puños, palos, cuchillos y  sangre, sudor y lágrimas.

Estos  hechos violentos  que acabamos  de narrar no pertenecen a la ficción, están ocurriendo con cierta   frecuencia en  los estadios  de fútbol de nuestro país, y,  sobre todo, en aquellos a donde asisten las barras del Caracas FC y el Deportivo Táchira, que arrastran el estigma de ser las más estimulantes  y  agresivas. Una realidad que era  insospechada para  nuestro balompié  empieza a convertirse en un gran dolor de cabeza para las   autoridades encargadas de administrar el deporte, pero también  para el gobierno que, a decir verdad,  ha colaborado  muy poco para tratar de controlar la violencia que crece cada día más en las canchas de fútbol.

La semana pasada la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) convocó a una reunión urgente  con los representantes de los equipos que participan en el campeonato profesional con el propósito de discutir y  concertar medidas que impidan  hechos violentos como el ocurrido recientemente en el  Estadio Olímpico de la Universidad Central de Venezuela, que trajo como consecuencia que el Caracas FC fuera obligado a jugar sin público el domingo pasado.

Indudablemente que lo que está ocurriendo con los barrabravas  del fútbol nacional debe recibir un análisis y un   tratamiento especial, entre otras razones, porque, según nuestra manera de percibir el problema no se trata de una violencia común y habitual a nuestro contexto, sino que la misma  está estrechamente vinculada con aspectos de conductas  psicosociales que se están estudiando en otros países que pero para nosotros son sui generis, particulares y novedosas.

Creemos que son  comportamientos exógenos   aprendidos y reproducidos por jóvenes que han encontrado en el fútbol un espacio de representación para hacer catarsis y drenar sus irreverencias y sus ansiedades. Por supuesto que aquí juega un papel muy importante los medios de comunicación que además de recrear mitos  y falsificar la realidad,  tienen   gran poder para la   persuasión y la catalización de las conductas violentas..No en vano la Fifa recientemente  le  ha prohibido a las televisoras  transmitir imágenes violentas que se generan en las tribunas, incluyendo las peleas entre jugadores.

Para  tratar de entender la conducta de los fanáticos es interesante referir aquí  algunas reflexiones  que ha hecho  el escritor italiano Umberto Eco con relación a este deporte. Señala el autor de la novela El nombre de la rosa, que el observa al fútbol como una neurosis de la cultura, como una grave perversión de la psique humana para la que no existe explicación razonable ni cura eficaz. Dice que para quienes caen bajo  sus enfermizos efectos no hay tratamiento definitivo, terapia indolora, ni intervención médica que valga. Agrega Eco, que la identidad futbolística no es una identidad “real”  o empírica  sino una forma eficaz de distinguir las identidades futbolísticas que se oponen entre si en el gran carnaval cultural del fútbol, en el que los límites éticos y morales de toda normalidad se suspenden en nombre de la sensación de pertenencia a un equipo y la demostración de apoyo al mismo.

 
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