¡Cállense ya!

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Caminando con Carlos
Carlos Lozano

La antipolítica representada por algunos individuos y pequeños sectores de la sociedad civil, allana injustamente espacios para liderazgos intrascendentes, una especie de antipena por el pecado de no lustrarse con políticos, de no hacer política, de no sudarse el puesto.

Los vemos todo el tiempo diciendo “yo no soy político”,  y con esa cara redentora aparecen en los medios de comunicación opositores opinando, llevando campañas que perjudican a la oposición política. Y, de paso, tienden a sepultar liderazgos emergentes que sí están “pateando calle”, que trabajan duro por sus votos y su participación.

En los primeros años del presidente Chávez, la esperanza y los sueños de la gran mayoría descartaba a la vieja tradición política, los partidos estaban en su peor momento histórico. Fue en ese instante cuando el Presidente decretó la suspensión del financiamiento de los partidos políticos por parte del Estado -lo cual fue igualmente aplaudido por una buena parte de la sociedad civil-. A partir de ese momento, los partidos tendrían que ingeniárselas para conseguir recursos.

callarseDinero  necesario para auto gestionarse, para la formación de sus bases, cursos, foros y realización de eventos afines a sus principios, tal cual como lo hace ahora el PSUV con el propio Chávez, fortaleciendo su partido, asignando tareas, marcándole el paso bajo la responsabilidad de altos y muy bien pagados funcionarios -aunque esas responsabilidades no sean tan eficientes como Chávez aspira-.

Los partidos no oficialistas, los que deberían llevar el contrapeso político del oficialismo, no tienen los recursos de que dispone el PSUV, ni medios gráficos y audiovisuales de su uso exclusivo o los recursos de gobernaciones y entes afines al proceso.

A la oposición política la tienen contra la pared en este sentido. El oficialismo  permite una oposición de empresarios y grupos de anti política desorganizados, incapaces de contarse y de brillar con un discurso propio y auténtico. Son los mismos que cuando ven a un Rubén Limas, de AD, formado desde las bases o un José Manuel González, de Copei, que trabaja por las juventudes, ambos referencias de política sin apoyo financiero pero con un discurso alentador, que están en la mesa de la unidad democrática con gallardía, se dedican a reclamarles errores del pasado, como si ellos no hubieran cometido errores peores que los de los partidos.
A esas personas hay que exigirles que callen, que dejen trabajar.

Carlos@carloslozano.com

 
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