El referéndum contra Parra

Francisco A. Bello Conde

Francisco A. Bello Conde

Francisco Bello

En Venezuela se ha intentado sin éxito la utilización del Referéndum como herramienta para revocar a mandatarios a todos los niveles, incluso, algunos con muy baja popularidad. La razón del fracaso es muy sencilla: Éstos han sido diseñados para ser inviables, ya que no sólo es necesario tener mayoría dentro de quienes participan, sino sacar más votos de los que sacó el mandatario para ser electo.

En el caso de Valencia, se necesitaría movilizar 126.050 voluntades para lograr que Edgardo Parra sea revocado, asunto que, dicho sea de paso, no resuelve de manera inmediata los problemas cotidianos de la gente.

Pensar que esto es posible, no solamente es un acto de ingenuidad sino una temeridad que se pagaría muy caro, ya que el fracaso terminaría favoreciendo al chavismo y atornillando a Parra en la Alcaldía.

Hace unos años en Carabobo se intentó realizar Revocatorios para varios alcaldes y diputados y en ningún caso se logró siquiera recoger las firmas necesarias, lo que hábilmente los mandatarios cuestionados se abrogaron como una victoria, aseverando que las pocas firmas recogidas representaban el escuálido número de personas que los adversan.

No hay duda que el alcalde Parra tiene una cantidad importante de fallas en su labor de gobierno, a lo que en los últimos días se ha sumado la grosera utilización de la Feria de Valencia, para hacer una campaña política de mal gusto, llenando el parque de propaganda alusiva a “la revolución”, al presidente Chávez y al propio Parra, haciendo un exagerado y hasta gracioso culto de su propia imagen; sin embargo, en las pasadas elecciones del PSUV quedó en evidencia que su popularidad en el sur de la ciudad no es tan baja como se percibe en el norte.

parra

Como hemos escrito durante las últimas semanas, atravesamos una oportunidad de oro para enfrentar el centro de los problemas del país, el escollo más importante para el rencuentro con la democracia, el obstáculo preponderante que nos aleja del progreso y ese no es otro que el propio Presidente de la República. Mientras pretendamos utilizar cada espacio para apuntalar aspiraciones personales o grupales, mientras  veamos cada momento como una oportunidad para cobrar facturas y revivir rencillas, mientras sigamos creyendo que es el hígado quien debe regir nuestra acción política y sigamos creyendo que los inexpertos pueden conducir la nave en medio de esta tormenta, seguiremos sepultando nuestros sueños y fortaleciendo al adversario.

 
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