Humanismo societario (Parte II)

Julio Castillo

Julio Castillo

Julio Castillo

En el año 1968 se producen una serie de acontecimientos que ponen de manifiesto que había comenzado el agotamiento de los modelos de sociedad que ofertaban la felicidad de los seres humanos.

A un mismo tiempo, los jóvenes franceses ponían en jaque el gobierno bonapartista de De Gaulle, el prohombre mítico de la Resistencia contra los alemanes, y arrastraban a la juventud mundial a revueltas casi simultáneas que cuestionaban al orden occidental establecido.

Paralelamente, los tanques del Pacto de Varsovia se veían obligados a entrar en Checoeslovaquia y ahogar en sangre una tímida tentativa de apertura encabezada por Alexander Dubceck quien pretendió marcar distancia de los dictados de Moscú.

Ocurre la ofensiva del Tet en Vietnam y por todos lados la juventud se agrupa detrás de la consigna “prohibido prohibir”. En el Festival de Woodstock los senos al aire de varias muchachas rasgan la mente de los habitantes del planeta.

Se produce el aggiornamiento de la Iglesia católica, los sacerdotes dan la cara al pueblo en la misa y le hablan en lengua materna; el planeta entero se ve, por primera vez a sí mismo posando para las cámaras de los astronautas y tomamos conciencia de que en el fondo somos una nave espacial más en un universo que nos reduce al tamaño real que tenemos.

societario copiaTodos estos acontecimientos, ponen en tela de juicio la manera como el mundo se venía pensando y como las ideologías pretendían resolver nuestros problemas. Del seno de la propia izquierda europea aparecen las ideas de la Escuela de Frankfurt que desacralizan el dogma marxista del rol revolucionario de la clase obrera y la necesidad de marchar hacia el comunismo y postulan a los jóvenes, a las minorías, a los grupos de acción directa, como nuevos agentes del cambio social.

La caída del muro de Berlín 30 años después y la aparición de movimientos como Solidaridad en Polonia, los partidos verdes y las nuevas vanguardias políticas profundizan este proceso que cuenta esta vez entre sus acontecimientos más importantes los sucesos de la Plaza Tiananmen de Beijing que agrega a la China pretendidamente Comunista, al rosario de naciones en las que se cuestiona el modelo político.

Estos eventos, como lo afirmamos, replantean la necesidad de volver a pensar el mundo. Esta crisis conjunta que acabamos de reseñar consigue al llamado socialismo real desgastado, sin respuestas para las nuevas generaciones, encasillado en los moldes de los viejos partidos de masas y a los partidos de las democracias occidentales dirigiendo países cuyos gobiernos permitieron las atrocidades del Colonialismo y ahora las crisis de la especulación financiera, la economía parasitaria, que llevo al mundo hace meses al borde de la quiebra planetaria.

Hacer del ser humano de nuevo el centro de la política y la vida en sociedad, como ocurrió en el Renacimiento después de la oscuridad de la Edad Media, es el reto de los nuevos sistemas doctrinarios.

En próximas entregas continuaremos hurgando en esta búsqueda, con la misma linterna con la que Diógenes buscaba el hombre justo, las llaves que permitan abrir las puertas a un debate necesario.

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu
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