Con mayoría democrática en la AN el proyecto totalitario no sería viable

“Al atacar a Colombia el Presidente no ataca, en realidad huye. Huye de Venezuela y de las guerras que los venezolanos libramos sin que el gobierno se meta, como la declarada por la delincuencia al ciudadano pacífico y trabajador”.

“Al atacar a Colombia el Presidente no ataca, en realidad huye. Huye de Venezuela y de las guerras que los venezolanos libramos sin que el gobierno se meta, como la declarada por la delincuencia al ciudadano pacífico y trabajador”.

El ABC de Ramón Guillermo Aveledo, coordinador de la Mesa de la Unidad
MANUEL FELIPE SIERRA

El fin de semana estuvo en Valencia. Quería recordar los 20 años de la primera elección directa  de gobernadores y alcaldes y el comienzo de un proceso de descentralización administrativa que tuvo a Carabobo como modelo. Conversó ampliamente con Henrique Salas Römer, el primer mandatario electo por el voto popular y, más tarde, con el actual gobernador, Henrique Fernando Salas Römer, justamente a un año de haber sido reelecto en el cargo. Aprovechó para dialogar sobre los criterios que se manejan para perfeccionar candidaturas unitarias para las elecciones del próximo año y  los principales ángulos de la política venezolana y su imbricación en el escenario internacional. Aveledo dejó sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana
Su visita a Carabobo se vincula con los 20 años de las primeras elecciones directas de gobernadores y alcaldes. Sostuvo además conversaciones con el ex gobernador Salas Römer, líder de Proyecto Venezuela ¿Cuál es su impresión en ese sentido?

Visité Valencia porque quería conversar con Henrique Salas Römer, quien fue mi compañero en la Cámara de Diputados y es un amigo con quien comparto la visión de una Venezuela democrática, próspera, descentralizada, y con oportunidades para todos. Quería escuchar su percepción de la situación actual y sus perspectivas, así como sus criterios políticos, ahora que la Mesa de la Unidad Democrática se acerca a decisiones muy trascendentes, una vez establecido el marco de compromisos y cronogramas el pasado 19 de noviembre.

¿Proyecto Venezuela participa activamente en la Mesa de la Unidad?

Proyecto Venezuela ha estado en la Mesa de la Unidad Democrática desde el primer día. Los aportes de su representante Carlos Berrizbeitia han sido valiosos. Eso lo apreciamos mucho. Ahora entramos en una fase en la que la cooperación entre todos los factores democráticos debe profundizarse, para construir una alternativa sólida, empezando por ofrecerle a los venezolanos una unidad sincera. De eso hablé con Salas Römer. Escuché sus ideas que siempre son bien meditadas y con buen respaldo de datos objetivos. Oí sus consejos. Le conté lo que venimos haciendo, con el apoyo de los dirigentes de todos los partidos, a quienes el país hace bien en exigir mucho, pero haría bien en reconocer su contribución.  Después tuve el honor, que además fue un placer, porque varios de ellos son amigos de muchos años, de asistir a un almuerzo en la Quinta Carabobo que me ofreció el Gobernador del estado en unión de sus colaboradores, gente de Proyecto, de Copei, de Un Nuevo Tiempo y del MAS. Henrique Fernando Salas tuvo la amabilidad de recordar que le tocó trabajar bajo mi dirección en la fracción parlamentaria socialcristiana, cuando yo era jefe de la bancada y él un joven y prometedor diputado por el circuito de Puerto Cabello.  Fue un día muy agradable. No me quedé para el juego de pelota, como me hubiera gustado, pero pude ver que ya en Carabobo se siente la mano del buen gobierno.

“La recentralización es anacrónica. Marcha contra el signo de la historia y del progreso”.

“La recentralización es anacrónica. Marcha contra el signo de la historia y del progreso”.

Se cumplen 20 años de la primera elección directa de gobernadores y alcaldes. ¿Qué cambios reales introdujo el proceso de descentralización?

En 1989 comenzó uno de los cambios más profundos desde el establecimiento de la democracia a partir de 1958. Con la descentralización el sistema democrático podía acoplarse con nuevas realidades que el país estaba viviendo, la principal de ellas la ingobernabilidad de Venezuela desde un centro concentrador de todo el poder.  Esa transformación no fue cabalmente comprendida en su integridad por los propios líderes que la propiciaron y los partidos políticos no se adaptaron a ella a la velocidad requerida por las circunstancias, además, quedó inconclusa, porque antes de cumplir una década, llegó al poder nacional un proyecto fuertemente centralista. En su etapa transicional, con la “correlación de fuerzas” de 1999, como dicen los marxistas esquemáticos del poder actual, aprobaron un texto constitucional que consagraba los avances descentralizadores, aún dentro de una jerga ambigua, pero esas disposiciones siempre han chocado con la realidad de un Presidente que no cree en eso y que es devoto de la superstición de que el centralismo es posible en la Venezuela del siglo XXI. Allí está la fuente de muchos conflictos e incomprensiones. A las autoridades regionales y locales electas por el voto popular de acuerdo con la Constitución, no se les da el trato debido, ni se les respeta (que es una forma de irrespetar a los ciudadanos) y,  de facto, se las desconoce. Pero creo que será muy difícil echar atrás esas conquistas de la sociedad venezolana.

¿Visto a 20 años y con el regreso al centralismo mediante las últimas leyes aprobadas por la AN, cuales espacios quedan y como deben ser utilizados para rescatar la autonomía de los estados y municipios?

La recentralización es anacrónica. Marcha contra el signo de la historia y del progreso. Es, por lo tanto, inútil, lo cual no quiere decir que no pueda hacer mucho daño. Como lo está haciendo. La sufren los habitantes de Caracas, cuya policía la maneja el Poder Nacional y hay más inseguridad. La sufren los carabobeños porque la Ciudad Hospitalaria “Enrique Tejera” fue regresada al poder central, lo mismo que quienes buscan salud en los ambulatorios del estado Miranda. Es un retroceso absurdo, en perjuicio de la población entera, haya  votado por los candidatos del Presidente de la República o por quienes ofrecían una alternativa. Me parece que al liderazgo democrático, nacional y regional, le ha faltado capacidad de explicar el significado de estos zarpazos centralistas y cómo perjudican a la gente común. Porque no es a la gobernación a la que dejan sin recursos, sino al pueblo al que quitan servicios y beneficios. Si cada estado y cada municipio, autoridades, liderazgo social y la sociedad entera, defiende lo suyo, levantando la bandera del cumplimiento de la Constitución, otro gallo cantará.

DEL CONGRESO A LA ASAMBLEA

A usted le tocó presidir la cámara de diputados en la etapa democrática. ¿Cuál es la diferencia entre aquella y la actual Asamblea Nacional?

El Congreso, con todos sus defectos, era un poder autónomo que procuraba cumplir con sus funciones de representar, legislar y controlar la administración, propias de una democracia. La Asamblea, en cambio, a pesar de lo que dice la Constitución, se concibe a sí misma como una especie de barra para aplaudir al Presidente y aprobar lo que éste le pide. No cree que deba producir equilibrios de poder, sino demostrar constantemente su fidelidad a la causa  revolucionaria. Como está, es un detalle menor en la escenografía del poder, para reivindicarse, debe cumplir con lo que le manda hacer el 187 de la Constitución.

En un cuadro político que responde a la dinámica totalitaria, cual debe ser el papel de las fuerzas democráticas?

Aprovechar cada espacio por pequeño o insignificante que parezca, defender cada derecho y cada libertad, reclamar el cumplimiento de la Constitución, demostrar que el grave deterioro en la calidad de vida, así como la falta de eficiencia para encarar problemas reales como la inseguridad, los malos servicios, el alto costo de la vida, la falta de vivienda, no ocurren a pesar de la buena voluntad de quienes nos gobiernan, sino precisamente por causa de su adhesión a una fantasía ideológica que ha fracasado en todas partes. Todo orientado a presentar una alternativa creíble, una alternativa de gobierno distinto y mejor. Para poder hacer eso deben minimizarse las ineficiencias y maximizarse las eficiencias, lo cual puede lograrse uniéndose. Solo unida la alternativa tiene vida.

Usted coordina la Mesa de la Unidad Democrática: ¿Cómo hacer para que la unidad trascienda a los partidos e incorpore a nuevos agentes sociales?

Con mucha amplitud de parte y parte, comprendiendo que la Venezuela democrática es ancha y diversa. Venciendo inmodestias desfasadas. Aquí todos hacemos falta. Nadie sobra. Nadie está de más. Los partidos, sumados, son apenas una parte de la sociedad democrática venezolana. Las organizaciones de la sociedad civil, son una multitud de pequeños compartimentos, cualitativamente importantes pero ninguna se compara con el tamaño de un partido. El grueso de la gente no está organizado, pero piensa, opina, porque vive aquí. Hay voces con peso en sectores de la opinión que no son partidistas ni representantes de ONGs que también hay que valorar. En eso, la unidad se parece a un rompecabezas que hay que armar con paciencia. Las pequeñas vanidades esconderán piezas y las intrigas desde el poder estimularán la desunión. Pero es indispensable armarlo. También con un programa que sirva como bandera. Ya hay equipos trabajando en ese tema esencial. Lo llamamos “Soluciones para la Gente”. Unidad político-estratégica, unidad programática y unidad electoral. Los solistas, por más virtuosos que puedan ser, desafinan en este concierto.

PATEAR EL TABLERO

¿Una mayoría opositora en la próxima AN sería una victoria política pero hasta dónde pueda ella revertir el rumbo del proyecto totalitario?

Una mayoría democrática, diría yo, que se defina por lo que propone, no sólo por aquello a lo que se opone, por lo que quiere para el país. Empezaría por ser un contrapeso. Si cumple su tarea, el proyecto totalitario no sería viable y se vería obligado a patear el tablero, tendría que escoger entre correr hacia la dictadura abierta o encaramarse en la Constitución. Tendríamos otro escenario, no esta ofensiva unilateral sin freno institucional.

El método de escogencia es importante, pero no suficiente para asegurar una sólida unidad opositora.

De acuerdo, es importante, pero ni siquiera es lo más importante. Lo primero es la unidad y, en seguida, su amplitud y su significado. El cómo importa, pero es adjetivo. Lo accesorio sigue a lo principal, me enseñaron en la facultad de Derecho. Me sigue pareciendo un orden muy lógico.

El régimen chavista representa una alteración del proceso democrático. ¿Cómo retornar al cauce institucional?:             1) Transición mediante métodos constitucionales. 2) alternabilidad convencional y  3) ¿Etapa traumática y violenta?

Hay que buscar la transición por métodos constitucionales. Es lo menos costoso, lo más responsable, lo más venezolano. El gobierno no cree en la alternabilidad convencional, es decir constitucional, y tratará de dinamitarla, de modo que parezca que cualquier cambio implica violencia, lo cual lo ayuda a su estrategia del miedo. La alternabilidad democrática debe favorecerse, como formalización de una salida política de espectro más amplio. Ello implicará un período de transición, porque mucho ha sido el daño ocasionado a la vida republicana. Una transición que reconstruya el tejido de la comunidad política, perforado, deshilachado, por el sectarismo y la exclusión.

Usted escribió el libro “El dictador”, una radiografía de los totalitarismos. ¿Cómo caracteriza después de 11 años la experiencia chavista?

La vocación del gobierno es dictatorial. Que no haya logrado cumplir sus designios se debe a que la democracia la llevamos más arraigada de lo que parecía, y a una situación mundial que ya no es favorable a ese tipo de regímenes. La vocación del gobierno no la interpreto, la leo en sus dichos y sus actos. Y recordemos que Orwell dice en la novela “1984” que no se establece una dictadura para hacer una revolución, sino que se hace una revolución para establecer una dictadura. La revolución es el pretexto, el fin es el poder total e ilimitado, algo inútil, improductivo pero también una quimera sumamente perniciosa. Mis votos son porque, en efecto, esta década larga sea una experiencia, en el sentido de aprendizaje que se metaboliza para no repetirlo jamás.

¿Cómo valora el desenlace del conflicto entre Venezuela y Colombia?

El tema es manejado con irresponsabilidad. Venezuela y Colombia se necesitan mutuamente. Es mucho lo que se pierde con esta cháchara propagandística. Al atacar a Colombia el Presidente no ataca, en realidad huye. Huye de Venezuela y de las guerras que los venezolanos libramos sin que el gobierno se meta, como la declarada por la delincuencia al ciudadano pacífico y trabajador. Huye de los problemas reales, causados por las acciones, omisiones y retóricas suyas y de su equipo, como la inflación más alta de Latinoamérica, por ejemplo.

La estrategia de Chávez (alianza con Irán, Libia, Corea del Norte, palestinos radicales, entre otros) inserta a Venezuela en un juego geopolítico de alta tensión y riesgo. ¿Cómo salir de ello?

Con una política exterior sensata, alineada con el interés nacional venezolano y no con fantasías peligrosas. Un país de nuestras dimensiones, que son modestas, tiene que tener una diplomacia que le convenga: fomentar la paz, el respeto al Derecho Internacional, la cooperación, la integración, la apertura comercial.

 
Top