HONDURAS: LAS ELECCIONES ERAN LA SOLUCION

Ricardo Angoso

Ricardo Angoso

Ricardo Angoso
Coordinador General de Diálogo Europeo.

En Honduras el tiro les salió por la culata y el proyecto geoestratégico que Chávez tenía para Centroamérica, que pasaba por este país que no aparece en los Atlas, sin ningún género de dudas, para asombro de algunos, naufragó en este endeble Estado centroamericano.

Roberto Micheletti

Roberto Micheletti

Introducción

Aunque los peores pronósticos se habían conjurado para que el callejón sin salida hondureño degenerase en un escenario apocalíptico, el desarrollo de la campaña electoral y la ausencia de incidentes serios en los días previos a los comicios hacen presagiar luz al final del túnel. Entre los escenarios que se preveían, citando sólo los más manidos, hay que reseñar una crisis que convertirían a Honduras en la Birmania de Centroamérica; una intervención militar de la comunidad internacional para poner fin al sainete de Tegucigalpa e incluso en el ensayo de la primera guerra civil entre los partidarios de las sociedades democráticas abiertas, y los defensores del modelo populista y caudillista del Presidente venezolano.

Sin embargo, para gran decepción de los que esperaban ansiosos la caída de la cúpula gobernante de la tercera nación más pobre de América Latina, la sociedad hondureña ha dado un ejemplo cívico y responsable al mundo. Las cosas, para suerte del pueblo de este maltratado, depauperado y demasiadas veces olvidado país, no han ido por los derroteros que apuntaban los peores agoreros, los escribidores en nómina de Caracas y los partidarios de ese gran genio del histrionismo que es Mel Zelaya. “Nos machacaban sin pesar ni piedad simplemente porque éramos pobres”, me confesó con acierto un alto cargo del gobierno que preside Roberto Micheletti. Con Venezuela, e incluso con Irán, nunca se hubieran atrevido a ir tan lejos. Seguro.

El problema fundamental: la legitimidad democrática de los comicios

Habiendo sido capaz de organizar y celebrar unas elecciones libres, el mal llamado “Gobierno de facto” hondureño, que es más constitucional que el anterior, ha dado muestras de un coherente ejercicio de responsabilidad, ha logrado el respeto de numerosos actores y países imparciales en esta crisis y, lo que es más importante, ha dado una clara demostración de que es capaz de dotar de legitimidad democrática a su régimen. El final de la larga crisis hondureña ya se presiente; la campaña electoral se ha celebrado con absoluta normalidad y varios países, entre ellos Colombia, Estados Unidos y Panamá, se aprestan a reconocer los resultados que se obtengan de las urnas. No era para menos, el proceso ha sido absolutamente limpio, nítido y transparente, habiendo contado en sus inicios incluso con el respaldo de la Organización de Estados Americanos (OEA), que supervisó la mecánica y la normativa que rigió las primarias acaecidas hace ya más de un año.

España, sorprendentemente, ha decidido apostar por el bloque chavista, que se aglutina en esa nueva suerte de Pacto de Varsovia que responde al nombre de ALBA, y apuesta por una línea de dureza sin precedentes frente al régimen hondureño, justamente unas semanas después de que ese prodigio de las relaciones internacionales que es el canciller español realizase una tour dictatorial por las “democracias” de Guinea Ecuatorial, Libia, Venezuela y Cuba, por este orden. Sólo le falto Bielorrusia. Qué desastre. Y qué vergüenza.

Pero sigamos con Honduras. Si se cumplen las encuestas que apuntan a una clara derrota de los liberales del ex presidente Zelaya, los nacionalistas de Pepe Lobo, un candidato rudo y de escaso carisma, ganarían ampliamente las elecciones; la izquierda, por su parte, no experimentaría un ascenso considerable, siguiendo la estela de otras fuerzas en el continente, y el resto de los partidos tampoco obtendrían unos resultados más allá de lo simbólico. Pero, más allá del análisis político de los resultados, las elecciones, como se está viendo, no eran el problema, eran la solución.

Porfirio Lobo Presidente Electo de Honduras

Porfirio Lobo Presidente Electo de Honduras

El futuro tras los comicios

Una vez celebrados los comicios, a los que asistirán centenares de observadores internacionales y organizaciones no gubernamentales para supervisar la limpieza de los mismos, la pieza clave es que sean reconocidos como legítimos y válidos por la comunidad internacional, pero muy especialmente por los Estados Unidos, el principal aliado político, militar y económico de Tegucigalpa. Luego, si se cumple el guión de lo previsible, en el caso hondureño siempre hay que mantener la duda dada la cascada de impredecibles acontecimientos que se han sucedido desde junio, vendrán otros reconocimientos, entre los que destacan los exhaustos y cansados países latinoamericanos hartos ya de las bravatas, andanadas dialécticas desafiantes y burdas amenazas del tirano de Caracas: Colombia y Panamá, pero también Guatemala, México y Perú.

Así las cosas, y sabedores de que el tiempo corre en su contra, no es de descartar que las turbas -no merecen otro nombre- que todavía le guardan fidelidad al “valiente” inquilino de la Embajada de Brasil aprovechen estos días para gastar sus últimos “cartuchos”. Las provocaciones estarán al orden del día. También las amenazas y, por supuesto, la utilización de todos los medios para la consecución de sus fines, incluida la violencia gratuita, tal como han hecho hasta ahora sin tener en cuenta si sus acciones producían más miseria y hambre para el resto de sus paisanos.

No les importaba, el fin era el poder en sí mismo y de una forma absoluta; el proyecto se diluía en una suerte de magma ideológico que bebía del populismo más pobre del continente, el chavismo cuartelero sin careta y esa suerte de coartada que justifica todo tipo de desmanes políticos y constitucionales que algunos todavía denominan como el “socialismo del siglo XXI”. Por suerte para todos, en Honduras el tiro les salió por la culata y el proyecto geoestratégico que Chávez tenía para Centroamérica, que pasaba por este país que no aparece en los atlas, sin ningún género de dudas, para asombro de algunos, naufragó en este endeble Estado centroamericano. Tegucigalpa ha sido la Bahía de Cochinos del sátrapa venezolano.

Para concluir, y a modo de resumen, es de esperar que la tenacidad de Micheletti, junto con la de su equipo, en el que brilla con luz propia el “Maquiavelo del régimen”, el astuto canciller Carlos López Contreras, sea capaz de llevar a buen puerto el proceso en curso y sin más errores. No olvidemos que en el cambio político en Honduras nunca falló el fondo político y constitucional, sino la burda forma en que fue llevado a cabo y sus ulteriores consecuencias. El día después será, citando textualmente a Churchill, “el final del principio”. También el final de la pesadilla autoritaria y caudillista que encarnaba para Honduras un personaje que ya es historia: Zelaya. Luego vendrá, ya en enero, el nuevo curso y la aurora que devora a los monstruos del pasado para siempre. Pero esa es otra historia.

Nota: Por razones de espacio y diagramación, este artículo ha sido ligeramente editado, respetando escrupulosamente su esencia. El sumario es nuestro.

 

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