Palabra y poder

portadaAlta Política
Elizabeth Burgos

Colombia enfrenta una situación de guerra interna que lleva a cabo un grupo insurgente que tiene a la vez en sus manos el comercio de estupefacientes. – La crisis provocada por Chávez responde a su deseo de posicionamiento continental e internacional, como adalid del anti-imperialismo. – En Venezuela nadie desea una guerra con Colombia, incluso dentro del propio campo del chavismo.

Una de las tantas paradojas de América Latina es el poder incomparable, simbólico y real, que poseen los creadores de la palabra escrita y ello pese a la tasa de analfabetismo relativamente alta en el continente. El escritor es una figura emblemática que se le percibe como un símbolo de la pertenencia nacional.

A los escritores que conformaron el llamado “boom” de la literatura latinoamericana, la crítica internacional les confirió el privilegio, bien merecido por cierto, de equipararse con los grandes escritores contemporáneos del mundo. A tal punto que hoy sería inconcebible una América Latina sin sus escritores, pues es innegable que en materia de creación literaria el continente ocupa un grado de excelencia. Una América Latina sin sus escritores, equivaldría a lo que sería hoy una Venezuela sin petróleo; es decir, poca cosa.

Los ensayistas han logrado sentar en el continente una tradición del género que alguien que lo practicó con grado de excelencia, Mariano Picón Salas, lo consideraba como algo que “tiende un extraño puente entre el mundo de las imágenes y el de los conceptos”. Los ensayistas han sido las voces más esclarecidas que han pensado la especificidad del continente americano, su lugar en el mundo y su insoluble conflicto identitario. Basta recordar algunos nombres: Domingo Faustino Sarmientos, José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Lezama Lima, Gastón Baquero, Leopoldo Zea, Darcy Ribeiro, Gabriel Said, Mario Vargas Llosa, para nombras unos cuantos.

Una característica de la pléyade de pensadores de lo americano que marcó el siglo XX, fue su excepcional erudición y su íntimo conocimiento de la historia, no sólo de América sino del mundo. Su propósito siempre fue el de ir de lo particular a lo universal: de pensar la especificidad de América en el amplio espacio del mundo.

En los últimos años, salvo algunas excepciones, la producción del género se ha reducido sensiblemente y además la calidad del ensayo ha bajado de manera notoria. Una demostración de gran actualidad de ese fallo de percepción y de esa falta de profundizar los antecedentes históricos, sin los cuales no se puede entender el presente, son las recientes declaraciones del escritor y ensayista mexicano Jorge Volpi desde Madrid en donde se encuentra en gira de promoción de su última obra, precisamente un ensayo, Insomnio de Bolívar.

Una ligereza inexplicable

A propósito de la reciente crisis suscitada por el presidente venezolano con Colombia a raíz del convenio de cooperación militar suscrito por el país vecino con EE.UU. que ocasionó el llamado de Chávez al pueblo venezolano a “prepararse para la guerra”, Volpi considera que el “nivel de confrontación” entre Colombia y Venezuela “beneficia internamente” tanto a Álvaro Uribe como a Hugo Chávez ya que les ayuda a consolidar su apoyo popular. “La confrontación con Venezuela no hace mas que ayudar a Uribe internamente a consolidar su apoyo popular”.”Creo que a ambos les conviene este momento de conflicto desde el punto de vista interno. Si Chávez lleva la confrontación retórica a este extremo es por su enorme pérdida de popularidad ante la situación económica”. Aseguró que al presidente colombiano “le funciona exactamente igual de bien”, a poco tiempo del referéndum que puede abrir la puerta a su tercer mandato.

Resulta difícil que un ensayista del renombre de Volpi, que publica un ensayo en el que intenta analizar la situación actual de América Latina, incurra en tamaña ligereza de análisis al reducir la crisis entre Colombia y Venezuela a una simple cuestión electoral. Pretender analizar el contexto latinoamericano del siglo XXI y no distinguir las diferencias entre la situación de Uribe y la de Chávez, mueve, cuando menos, a perplejidad.

No disponemos del espacio para extendernos en el tema y menos aún en consideraciones de orden estratégico-militar, aunque en realidad de eso se trata. Rápidamente podemos resumir que Colombia enfrenta una situación de guerra interna que lleva a cabo un grupo insurgente que tiene a la vez en sus manos el comercio de estupefacientes, lo que constituye a la vez una fuente de financiación de la guerra y un arma de guerra suplementaria de la cual disponer. El gobierno de Uribe ha sido el único gobierno colombiano desde que existen los grupos insurgentes ha tratado de darle una solución al problema y ha comprendido que para llegar a negociación de paz una de las partes debe haber llegado a un grado de debilitamiento que acepte negociar porque de otra forma lo perdería todo. En todo conflicto militar ese es el esquema que priva y no otro. La alianza de Chávez con ese grupo insurgente, que se inserta en su proyecto de revolución continental, crea una situación que el gobierno colombiano no pude tomar a la ligera.

Distintos escenarios, distintos propósitos

La postura de Uribe, con la cual se puede o no estar de acuerdo, de presentarse para un nuevo período presidencial, no posee el mismo cariz de quien pretende crear una presidencia vitalicia según el modelo castrista, para satisfacer sus ansias mesiánicas. Las interferencias de Chávez en la política interna colombiana suscitando una corriente política afín a la suya, activada mediante las redes civiles adscritas a las FARC, no puede dejar indiferente a las corrientes demócratas del país. Y de paso, debido a su posición geográfica le confiere a Colombia el papel de dique de contención que impide la propagación el proyecto Castro/ Chávez a toda la zona andina.

Parece evidente que lo que mueve a Uribe a presentarse para un nuevo período presidencial, es precisamente la certeza de resultar reelecto, y garantizar así la continuidad de la política, hasta ahora exitosa, hacia los grupos insurgentes. La opinión de que “Uribe consolida su apoyo popular” con la crisis con Venezuela, es improcedente, además de que el problema central de Uribe es la lucha contra las FARC y no le conviene para nada gastar energías en un conflicto exterior y aún menos con Venezuela que le hace perder tiempo, y dinero al país.

Declarar que Chávez hace estallar el conflicto porque está perdiendo popularidad en el país, significa un desconocimiento absoluto del panorama político que vive Venezuela, de la sensibilidad que anima al pueblo venezolano, en donde nadie desea una guerra con Colombia, incluso dentro del propio campo del chavismo. La crisis provocada por Chávez responde a su deseo de posicionamiento continental e internacional, como adalid del anti-imperialismo. A Chávez no le importa Venezuela, como a Castro nunca le ha importado Cuba: lo que les importa es la proyección de su propia persona. En cambio a Uribe sí le importa Colombia: es además lo único que le importa.

Curioso que un novelista no se percate de la subjetividad que anima a esos personajes. Curioso que un ensayista, que debe “tender puente entre el mundo de las imágenes y de los conceptos” tenga una visión tan limitada de un tema tan grave como el de la crisis suscitada por el presidente Hugo Chávez entre Colombia y Venezuela.

Nota: Por razones de espacio y diagramación, han sido omitidos algunos párrafos secundarios. El sumario es nuestro.

Fuente: analítica.com

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

Artículos relacionados

Top