Es hora de lubricar bisagras en la Fifa

Dave  Richard renunció a la junta del  proyecto 2018 que busca que Inglaterra sea sede del mundial de fútbol.

Dave Richard renunció a la junta del proyecto 2018 que busca que Inglaterra sea sede del mundial de fútbol.

Raúl Fain Binda

El proyecto de España/Portugal para el Mundial de Fútbol 2018 tiene muy preocupados a los ingleses, que hasta hace poco creían tener la sede en el bolsillo.

Los otros candidatos son Holanda/Bélgica, Rusia, Japón, Australia, Estados Unidos, Indonesia (para 2018 y 2022), Qatar (2022) y República de Corea (2022).

México retiró su candidatura para 2018 y 2022 a fines de setiembre.

Los interesados han tomado nota de que Indonesia, Qatar y Corea están escuchando ofertas, que el apoyo de estos países en la votación para 2018 dependerá de las promesas que para 2022 les hagan los otros candidatos con más posibilidades en 2018.

Esto es política, señores, política legítima y de la otra también.

Los ingleses descubrieron (o reconocieron) hace unos días que estaban mal perfilados, que necesitaban algo diferente para galvanizar su campaña.

El asunto se está debatiendo a los castañazos, aunque al estilo inglés: el presidente de la Premier League, Dave Richards, renunció a la Junta del Proyecto 2018, dando a entender que no podía trabajar con el titular de la Asociación Inglesa de Fútbol, David Triesman.

Lo llamativo fue la razón invocada, off the record, por una fuente del Times: “David (Triesman) es demasiado honesto, demasiado buena gente. El mundo no funciona de esta forma, especialmente el mundo del fútbol.”

Nueva y fuerte competencia le ha salido a Inglaterra en esta selección de sede.

Nueva y fuerte competencia le ha salido a Inglaterra en esta selección de sede.

Esta declaración fue publicada por Kevin Eason, un periodista del Times. Por supuesto que existen diversas formas de influir sobre las personas, sin caer en la deshonestidad… O no?.

Pero la idea queda. Los ingleses creen que quienes impulsan otras candidaturas están lubricando, o untando, o persuadiendo con más eficacia a los encargados de elegir la sede.

Debe quedar en claro que las gestiones, las súplicas, las promesas, los pactos (yo voto hoy por ti y tú votas mañana por mi) son perfectamente legales.

Pero en las críticas que recibe Lord Triesman vislumbramos algo más: que a las gestiones inglesas les estaba faltando una agresividad, o picardía, que a otros les sobra.

Y no abramos juicio sobre ese terrible “es demasiado honesto, demasiado buena gente”, mencionado por la fuente. Cuando de alguien se dice que es “demasiado honesto”, se quiere decir que es… ¿qué? ¿Estúpido, anacrónico?

“Honrado”, como rasgo negativo del carácter. A esto se ha llegado en el deporte, incluso el inglés, que para mucha gente, tal vez ingenua, ha sido siempre un modelo.

La Fifa ya no sostiene una política de rotación. Ahora prefiere la marginación de las dos últimas confederaciones sedes. Así, África no será elegible en 2018 y Sudamérica tampoco en 2018 y 2022 (ya que Brasil será sede en 2014).

Nada sabemos de los entresijos de la negociación, pero es evidente que los ingleses sólo temen la candidatura rival de España/Portugal, o de España como sede única.

Durante algún tiempo se tuvo la impresión de que la oposición de Joseph Blatter, tras el chasco de Japón/Corea, sería un inconveniente insalvable para las candidaturas compartidas , pero las cosas están cambiando: por comenzar, no hay que discriminar ni ser autoritario.

Ese supuesto imperativo de Blatter implicaría que países medianos y pequeños nunca podrían organizar un mundial. ¿Cómo, la responsabilidad sólo tocaría a los grandes?

Una señal de que Blatter ha cambiado de frente es la luz verde a Uruguay para presentar su candidatura en 2030, junto con Argentina.

Ese año, por supuesto, marcará el centenario del primer Mundial, en Montevideo, ganado por el equipo charrúa.

Y si se reconoce el derecho de Uruguay a organizar otro mundial, con Argentina, ¿por qué cerrarle las puertas a Holanda y Bélgica, para no hablar de España y Portugal?

Es natural suponer que los delegados latinoamericanos podrían inclinarse por España/Portugal, lo mismo que los italianos y los franceses.

Es natural pero no inevitable.

Los ingleses dirán (ya lo están diciendo) que España deberá trabajar mucho para modernizar sus estadios, que el Camp Nou, imponente como es, ya no está a la altura requerida, que el único estadio “aceptable” sería el Santiago Bernabeu.

Saben, sin embargo, que la base está allí, que la solución a los problemas es relativamente simple y no tan costosa como el desarrollo, por ejemplo, de estadios adecuados en otros países candidatos, Holanda y Bélgica, sin ir muy lejos.

Aparte de la candidatura conjunta España/Portugal (o de España sola), los ingleses sólo temen, en menor medida, las de Rusia y Australia.

Se dice que Vladimir Putin está comprometido con el proyecto y estaría dispuesto a un gran esfuerzo de presión política… y también de “lubricación”, ya que estamos.

Los ingleses tienen un saludable respeto por la determinación y capacidad negociadora de los australianos, aunque Blatter ha sugerido que tal vez les convenga presentarse para el mundial 2022, en vez del concurridísimo 2018.

Desde la perspectiva inglesa, los estadounidenses no tendrían muchas posibilidades en esta ocasión.

Pero se debe tener en cuenta que en el proceso de selección tendrán gran influencia ciertos personajes poco conocidos por el público en general.

Uno de los más importantes es seguramente Jack Warner, de Trinidad y Tobago, titular de Concacaf y uno de los vicepresidentes de la Fifa.

La capacidad negociadora de Warner es legendaria, pero por alguna razón se ha mostrado recientemente muy agresivo con los ingleses. Warner controla varios votos de una región que los ingleses consideran en su esfera de influencia, pero él habla pestes del fútbol inglés.

Muchos se han preguntado por qué un hombre tan poderoso como Warner se molestaba en provocar a los ingleses.

Españoles y portugueses harían bien en atender con particular esmero al quisquilloso Jack Warner, de quien se dice que tiene tanta o más influencia en la Fifa que el primer vicepresidente, el argentino Julio Grondona.

!Pero aguarden un momento!, que acaba de llegar una noticia: tras una conversación con Gordon Brown, el primer ministro británico, Werner acaba de decir que el proyecto inglés es una maravilla y que Inglaterra se merece organizar el mundial, después de varias décadas de espera.

Es increíble lo que se puede lograr con una conversación.

De repente, los ingleses han vuelto a ser optimistas sobre la sede 2018. Habrá que ver qué tienen por decir ahora los españoles.

Tal vez les convenga hablar con Mr. Warner, un hombre que sabe escuchar.

 
Top