El martillito de Greenpeace

zapatero-600x600x80REPIQUE

Mélida Qüenza Ponte

Si hay una organización no gubernamental que despierta simpatía en todo el mundo es Greenpeace (verde / paz). Es la verdadera piedrita en el zapato para los líderes de los países desarrollados, los que tienen una alta cuota de responsabilidad en la contaminación ambiental y el desequilibrio ecológico. Son incontables las campañas desarrolladas por este grupo ecologista para defender la naturaleza ante los desmanes e inconsciencia de los humanos, campañas que en la mayoría de los casos incluyen acciones insólitas, polémicas o, por lo menos, llamativas.

La última de estas acciones ha sido colocar grandes carteles en el aeropuerto de Copenhague, Dinamarca, con los rostros envejecidos de los líderes mundiales, pidiendo perdón en 2020 por no haber tomado medidas en la cumbre sobre esta materia convocada por la ONU para los primeros días de este mes. Con canas y arrugas aparecen Barack Obama, Nicolás Sarkozy, Lula Da Silva, José Luis Rodríguez Zapatero, Angela Merkel, Gordon Brown, entre otros, junto a la frase: “Lo siento. Pudimos frenar el catastrófico cambio climático… No lo hicimos”. Los ecologistas expresan que aún hay tiempo para cambiar el futuro, para ello los líderes del mundo deben acordar un pacto justo, ambicioso y legalmente vinculante para salvar el planeta.

Ese llamado a la conciencia y responsabilidad a las grandes potencias mundiales que desde 1971 viene haciendo Greenpeace le ha valido no pocas represalias, particularmente de las autoridades de Estados Unidos. El grupo nació en Canadá en forma espontánea, coincidiendo activistas nucleares, cuáqueros y refugiados estadounidenses que se negaban a participar en la guerra de Vietnam. El gobierno canadiense les revocó el status de organización benéfica, así que el grupo trasladó su centro de operaciones a Europa, hoy tiene sedes en unos 40 países, hay gobiernos y multinacionales que persiguen a afiliados y simpatizantes de la organización y han llegado a acusarlos de “ecoterroristas” y de manipular informes para obtener notoriedad. Una de las grandes agresiones que se recuerda fue en 1985 cuando los servicios secretos de Francia hundieron el barco Rainbow Warrior, de Greenpeace. Las críticas generalmente parten de la gran industria perjudicada por las posturas ecologistas.

No hay mejor causa que la defensa del planeta, por ello nos simpatiza ese “martillito” que es Greenpeace, llamando la atención sobre el cambio climático, sobre el patrón de calentamiento “El Niño” en el océano Pacífico, sobre el deshielo de los polos y posible extinción de los osos polares; la protección a la biodiversidad; la disminución de la contaminación; el no a los transgénicos, a la energía nuclear y al uso de las armas, entre otros. Para garantizar el futuro hay que seguir golpeando con ese martillo.

 

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