CRONICA DE UN PERIODISTA

AlfredoFermin

Hoy y Después
Alfredo Fermín[i]

En estos días, una querida amiga y consecuente lectora nos manifestó que la columna pasada estuvo calichosa, término que usamos los periodistas cuando una información carece de interés o es más de lo mismo. Y no le falta razón, porque no siempre hay novedades y, sin embargo, el espacio hay que llenarlo con lo que venga pero procurando darle un atractivo para conservar la fidelidad del lector.

Cuando se es columnista

Por esta circunstancia, estamos convencidos de que mantener una columna semanal es un verdadero sacrificio, una lección de constancia, un motivo de preocupación angustiante que la gente no imagina. Cuando se es columnista, da la impresión de que los días pasan más rápido porque lo importante no es lo que se acaba de escribir sino el próximo tema.

Está de por medio también el estado de ánimo. Hay días en que no importa que el mundo se acabe, días en lo que no se quiere criticar, sabiendo que todo anda mal. Hay también momentos para recordar que hubo tiempos especiales, en los que se vio progreso y decisión de transformación para bien de nuestra sociedad. Y no se defendieron esos logros, con valor.

Se prefirieron los cantos de sirena propagados por el poder económico y comunicacional, hoy víctimas de quienes creyeron su mesías.

El comentario viene porque se han cumplido 20 años de que Henrique Salas Römer fue designado primer gobernador electo de Carabobo. Con él se podrán tener diferencias en lo personal o en lo político. Pero sería una necedad desconocer que su gestión marcó un antes y un después en el estado. No llegó al poder por popularidad, ni porque presentó un programa atractivo para el electorado sino porque la gente estaba cansada de las imposiciones del partido desde Caracas.

La última década del XX

Su contendor, Oscar Celli Gerbasi fue un gobernador que dejó una obra que perdura, cumplida en un tiempo relativamente breve para lo cual se entregó a tiempo completo, pero olvidó -como sucede ahora- que la gente quería participar, que se le tomara en cuenta, más que la fidelidad al comité ejecutivo partidista que, a sus espaldas, conspiró en su contra.

En 1990, comenzando la última década del siglo XX, Henrique Salas Römer sorprendió al país con una gestión de gobierno novedosa, eficiente, que puso mucho énfasis en el embellecimiento de las ciudades y en mejoras de los servicios públicos, al mismo tiempo que se convirtió en el abanderado del movimiento de la descentralización que acercó, un poco más, a la gente al poder.

Supo influir para que los carabobeños se sintieran orgullosos de su estado, que podía disponer de los recursos que daba el puerto de Puerto Cabello y de otros ingresos que permitieron que, en breve tiempo, se sintiera que el estado había cambiado con una obra de buen gusto.

Al poder económico, político, la gran prensa y la televisión de Caracas no les agradó el exitoso gobernador de Carabobo, cuando aspiró la Presidencia de la República, por lo cual le dieron preferencia, en todos sus espacios, a Hugo Chávez con los resultados que hoy todos ellos lamentan.

Después vino la gestión de Henrique Fernando Salas que continuó la labor del padre, en tiempos más difíciles que condujeron a un cambio para que el general Acosta Carles acabara con lo que se había logrado.

No aprenden

Recuperada la gobernación por los Salas, sectores políticos, denominados opositores, continúan una pelea a cuchillo para dividirse en parcelas que fortalecen la hegemonía de un gobierno nacional en el que sólo hay una voluntad que pretende ser eterna, sin división de poderes.

Si los dirigente políticos tomaran en cuenta lo que dicen las columnas de opinión, por más calichosas que ellas sean, muchos serían los errores que podrían evitarse. Porque los comunicadores sociales tenemos otro olfato, otra visión, no nos caemos a cobas y no creemos que nos la sabemos todas, ni que tenemos jugadas maestras.

Por eso consideramos que sería un saludo a la bandera la petición de renuncia que hizo Miguel Cocciola al alcalde de Valencia, Edgardo Parra. No porque éste lo esté haciendo muy bien sino porque el proponente antes ha debido exponer las razones por las cuales un ciudadano electo por voluntad popular debe dejar sin efecto ese mandato.

De tal manera que lo que pudo debilitar al alcalde lo ha fortalecido porque la gente interpretó la petición como un quítate tú para ponerme yo.

Lo mismo sucedió con el acto de Leopoldo López en el Fórum con la aparente intención de presentar Voluntad Popular, un partido político, denominado movimiento, como si eso fuera un delito. Se olvida que, por esos eufemismos y la feroz campaña de desprestigio de los partidos, fue como Chávez pudo llegar con votos a Miraflores.

A pesar de la impresionantes erogación de recursos y de movilización para llenar el Fórum, que mete menos de la mitad que la Monumental, el acto fue otro fiasco, porque discursos edulcorados con promesas de la responsabilidad social, no es lo que quiere la gente ansiosa de un cambio de gobierno. No son éstos jóvenes, a los que les han hecho creer que nacieron para ser presidentes, los que van a lograr que salgamos de esta pesadilla que vivimos diariamente.

Para los periodistas que llamamos al pan, pan, y al vino, vino, sin retóricas, sin adornos sociológicos, lo sucedido la semana pasada, dejó bien claro que, si quienes tienen experiencia de gobierno o liderazgo comprobado en Carabobo, no se ponen de acuerdo -apartando ambiciones- una élite de Caracas, con mucho real, los apabullará y la esperanza de lograr un cambio en la Asamblea Nacional, será uno de los tantos espejismos que hemos tenido en estos últimos diez años, porque Chávez será el beneficiario del divide y reinarás.

[i] Alfredo Fermín fue recientemente homenajeado por la Universidad de Carabobo y los gremios periodísticos y empresariales de la región, un acontecimiento poco común para un hombre aun en la plenitud de su actividad profesional. Nacido en la Isla de Margarita, ha ejercicio su profesión en Valencia durante casi cuatro décadas, convirtiéndose en uno de los periodistas venezolanos de mayor prestigio, tanto por su amplia cultura, como por su sabiduría e insobornable conducta. Este trabajo, publicado en su columna dominical HOY Y DESPUES DESDE VALENCIA, tiene singular valor testimonial.

Fuente: Diario El Carabobeño

 
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